No se abroche el cinturón de seguridad, pronto pueden cambiar las reglas, pronto puede cambiar el panorama, pronto puede cambiar el mundo, el mundo tal y como lo desconocemos hoy. No utilice el chaleco salvavidas, su vida no es suya, es de los que lo engendraron, de los que lo educaron, de los que lo mantienen. No active las alarmas, puede perturbar a los vecinos. No prepare, no se predisponga, no anticipe, no presuma, no asuma, no planifique, no proyecte, no calcule, no lo haga. Déjese llevar por el momento, hasta que termine el momento. Fluya con el universo, hasta que el universo le apuñale por la espalda. Siga el curso de los acontecimientos hasta que los acontecimientos sobrepasen su alcance. Duérmase con el arrullo de las máquinas, hasta que los perros, las alarmas, la construcción, le despierten… Caminar por París, bajo la influencia, hasta que se nos nuble la vista, hasta que las manos se conviertan en simples pasajeras de un cuerpo afrancesado por la geografía. Soy un lector del universo que se envenena a propósito. Soy un repartidor callejero de abrazos que trabaja sin sueldo, sin beneficios y sin seguro social. Soy un desencantador de serpientes que baila al ritmo del stress, que no pide ser recordado… para no ser olvidado. Soy un despertador insonoro que estridente utiliza su silencio para martirizar gente sin insomnio. Soy uno solo. Soy un mundo. Soy un soliloquio ambulante que a veces habita un cuarto de emergencias abarrotado de dolientes psicosomáticos que no escuchan la radio, por si acaso. Soy un indio negro despojado de nada. Soy un nazi perseguido por una enciclopedia de historia universal y por un reality show llamado vida. Soy lo que los cuentos de hadas no cuentan, para no embarrar la niñez con crónica roja de asesinatos en vivo y ciudadanos menores de edad que nadan para llegar a la escuela. Soy un equívoco arrebato de sanidad que por las tardes se duerme con los ojos entrecerrados, para no morir prematuramente y no ser enterrado en un cementerio de un vecindario privado de amor. Soy lo que vengo a ser, nada menos, una pálida puesta de sol en un día oscuro sin sol, soy un lamento. Y me lamento. Lamento ser lo que soy cuando dejo de ser aquello que soñé.
Published on 9 junio, 2011
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