Le ofreció ponerle un negocio de éxito garantizado. Pensó por primera vez en su vida y pensó que había cosas que prefería no entender, que no se las expliquen, que viviría con mayor tranquilidad así. Si te dejo ir no significa que debas desprenderte de mi, por ahora es solo una expresión, una separación geográfica que cualquier tren puede sanar, yo te espero donde siempre y tomaré lo de siempre y como debe de ser, no llegarás, como siempre y eso será bueno y me hará llorar, para bien. Cuando me siento a pensarte, me duelen los pies. Estoy a un ejemplo de llamarte libertad. Tengo tantas razones para pensar y no se me ocurre una sola para dejar de hacerlo. Tú me atraviesas y a donde voy, llego sin saberlo, pero ya allí… me voy quedando sin tu apoyo, sin tu visto bueno. En un exilio peligroso me veo sin indemnización, sin proletariado y sin dios. Pero cuando me despierto vuelvo a recordar lo que dormido no sabía que había olvidado. Tengo una religión que me estorba en el closet pero no sale y no por ser gay. Me quedo con los recuerdos que pesan, los livianos no son para mi. Tengo una democracia que expiró conservada entre mis entrañas y mis intestinos, me la dieron a consignación pero no me esmeré en que sobreviva y las cosas que uno no se esmera en que sobrevivan, mueren. Hoy me conduzco por mis propios medios a un minuto de silencio en otro idioma, a un homenaje que nadie merece, a una euforia colectiva que nadie sabe justificar, a un tercio de lo que representa la totalidad de nada.
Published on 24 agosto, 2011
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