Escritos
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Estado civil del derecho animal

Amanecí fortalecido, después de haber disparado tanto, después de haber disparado al cielo cientos de palabras grises sin sonido. Después de tantos disparates. Me atoré de incomodidades. En una curva rápida te vomité encima verdades que solo yo alcancé a averiguar. Se interrumpió el flujo de aire y el circo de los ignorantes llegó a la ciudad y se quedó para siempre. Se me cayó un brazo. Me tocó caminar con los pies a la mano. Desvariar es inexacto. Hazte a un lado. Juicios de sal o de dulce. Comida de valor. Apetito de poesía pobre. Pobre poesía que te devalúas cada día. Me hago eco de tu socialismo y lo mezclo con un poco del surrealismo reinante. Me hago llamar liberal, me conservo libertario, soluciono el mundo en un dos por tres con mis grandes ideas que en otros países han triunfado tanto y festejo en mi casa con un poco de marihuana llena de químicos utilizada solo por la NASA. Mi cerebro no tiene escapatoria. Pienso hasta por los demás. Pienso hasta por los codos. Sufro en nombre de dios con minúsculas. Sufro en nombre de todos los otros. La cabeza se equivoca de fiesta. La boca se confunde y dice cosas que hacen que todos se arrepientan de haberlas escuchado. Hablamos de vírgenes animales, de astronautas mendigos, de potencias sin territorio, de naciones a las que les cuesta tanto existir, de personas que no pueden escoger, de las tallas de las libertades, de expresiones de miseria, de silenciosos negocios. De grupos minoritarios que son mayoritariamente importantes. Te hablo a ti. No necesito que respondas, tus respuestas no son válidas aquí. Mi tolerancia se acabó y eso no me vuelve intolerante, solo me convierte en alguien a quien se le acabó la tolerancia por ahora… y mañana también. Me irrito y te dejo de escuchar. Te pones mute. Me distraigo. Me concentro en que -aunque hables- no hables. Releer por pasar el tiempo o por llenar el vacío que deja mi síndrome de desatención adquirido. Volver a releer por si acaso. Publicar.

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