No podrás verme llorar, no ahora ni aquí, no mientras cargue esta cruz, no en esta tarde en la que el cielo no responde, no en este día sin ideología, no podrás, al menos no sin previa amnistía. Puedo obsesionarme con mis deficiencias sin retorno y lisiarte para que el mundo te irrespete, te segregue.
Verme llorar podrás, cuando en tus adentros te acuerdes de existir, cuando eches de menos mis preguntas desenfocadas, cuando nada te sirva como desaliento, cuando digieras que somos viejos y que pasó cierto tiempo, cuando agujas silvestres entren por tu escote y te enteres que las mentiras que te dije, eran oportunidades para crecer y no mentiras per se. Salvarnos de este machismo tan nuestro, para alargar la vida sin necesidad de pasar por el SRI, salir a putearnos con el viento, sin píos, censura, ni disgustos sobre las íes. Antes de que te saquen en cara, la letra muerta, en vida. Antes de notar que esta conversación ya la tuvimos, en otro país y con otras leyes, con otra lengua de otro tiempo, en otro tono, subviviendo, sinvivir. Te despegué de una foto borrosa, donde no se distinguía nada, ni a nadie. Esas fotos que deambulan desamoradas. Te rescaté tantas veces de la papelera de reciclaje, parecías parte de un complot irreligioso y nos sentábamos a desayunar humor hereje con poesía. Te canté todo lo que pude, un día ajeno, un día propio, me adoptaste con la certeza que cada vez será más fácil vomitar la verdad y más difícil ultrajarla. Exiliado intermitente de la felicidad, carcelero de estos principios tan impropios, verdugo de mis sueños, sayón de mis entrañas, forense de almas, carnicero de sacrificios, caporal del remix de mi adolescencia, sostén de nuestras flaquezas, seguro de mí mismo. Tono de ocupado.

