¿Qué tan subversivo es olvidarte? Implantes eclesiásticos. No es ético pensar que todos compartimos los mismos principios éticos. Volar. Interpretar personajes que mejoran las líneas que les fueron asignadas, lectores que mejoran los libros, encuentros sexuales que interrumpen guerras mundiales. Margaret Thatcher. ¿Cómo fue que llegamos a este punto de nuestras vidas? Dar vueltas hasta volver al inicio de lo inconcluso. Repetir en un orden inmaculado, exactamente, los mismos errores del pasado, que nos persiguen. Volverte a gritar. Volverte a comer. Ciertos precipicios que nos provocan vértigo. Ayunar sin mentar a ningún dios. Lavarnos los dientes antes de refrigerarnos con precaución. Salir a vender izquierdas en un pueblo miserablemente lleno de cresos. Encontrar desolada la cresta de la ola. Vivir de supuestos. ¿Está mal festejar impertérritos la muerte de alguien que exterminó a los de tu clase? Succionar el fruto de tu vientre fortuitamente. Hacer jugo. Jugar. Colgar en un armador nuestros disfraces de niños viejos, para salir a la calle en babuchas y saludarte, no por equivocación. Evitarnos mutuamente el uno al otro, sin ninguna discordancia. Mentir helados. Un simposio para exponer a todos. Ser mensajero de saludos, cargar maletas llenas de ellos. Recordarte un attosegundo. Dormir bajo un puente en la calle con sábanas de papel periódico y soñar… con la luna de garante. Robarte frases sin pronunciar. El primer principio de la ética es entender que todos entendemos la ética de distintas formas. One way elevator trip.
Published on 21 abril, 2013
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