Escritos
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Calmo jadeo prolongado

#120Cuando el juego se acaba, los curiosos aprietan el paso y caminan como corriendo, como si hubieran dejado pendiente algo muy importante, nadie es tan importante por sí solo. Maldito el que sobrevalore el juego en equipo. Dejar de ser un conductor de lo negativo y convertirme en escapista. Lanzarme de un puente, que se rompa la soga, y volar. Me despertaré en silencio y saldré a venderme la muerte, que los pendientes esperen pacientes, dejar de pensar, quedar mal con todos, veré un comercial que me llenará la cabeza de prejuicios, tomaré una bebida tan azucarada que vomitaré glucosa por la avenida, me despertaré tan tarde que será otro día, comeré tan orgánico que emergeré de la tierra, participaré de tantas manifestaciones que seré una ocultación, haré feliz a todo el mundo por curiosidad, llamaré a insultar por asuntos del pasado, seré tan «perfil bajo» que saldré a la calle a gritarle en la cara mi fracaso a todo el que se me cruce, convendré que todo es relativo para volver a nacer cada mañana y convertirme en un símbolo perenne de mi ineptitud, maduraré en episodios y envejeceré en forma de rodajas, me volveré a sentir como aquella vez cuando dejamos de sentir por completo, no seré un extracto de mí mismo, sobriamente adoptaré el oficio de alcoholizarme y perder cualquier beneficio, hasta el de la duda, específicamente ese, redistribuiré dinero por las calles, apreciaré lo que me sobra y despreciaré lo que me falta, me querré más, seré mi propia autoayuda, escribiré un libro que mienta, una canción que no suene igual, un párrafo que no tenga relaciones, una palabra que se parezca a tantas otras, gritaré por la ventana porque afuera hace frío, jugaré con todos mis niños interiores un partido que se va a definir en tiempos extras y que todos vamos a perder, serviré de consuelo, dibujaré una anécdota, me sentiré importante sin haberlo pretendido, reescribiré la escala de Beaufort y me extinguiré en un microsuspiro, para que nadie me recuerde mientras me olvida, para que la vida no tenga epílogo que la explique, ni el deceso argumento que la persiga. Perseguiré la dichosa muerte, para que la oscuridad se congele en un suave disparo de lluvia, una lluvia superflua, una lluvia que nos obligue a reconsiderar lo superfluo, un calmo jadeo prolongado. Qué nos dejen de engañar con esa procesión. Tomaré el tiempo que sea necesario para perder el tiempo sin vergüenza, desfiguraré mi historia para apropiarme de una que me disguste menos, es posible que mute, es posible que no, es posible que no sea posible, que mute.

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