Escritos
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Cer-oscure

#122Foto: Nora Miño

No se compadece de ningún presente o panorama específico, que las letras que damos hoy a luz, rezumen congoja. De ninguna forma se justifica que los besos que no nos impartimos, hayamos tenido que desaguar. Qué la sequedad imperante no sea sinónimo de la escasez de humedades, qué los plurales que hoy nos persuaden se unifiquen durante al menos un estornudo grandilocuente, contumaz, apabullantemente mojado. No se entiende bajo concepto alguno, que las ideas que fecundamos se desmoronen sin una pizca de esperanza, sin ningún tipo de adiós. Qué la guerra no nos sea indiferente en face book, qué no nos olvidemos de crear un álbum de fotos con las más desgarradoras injusticias sociales, qué no recordemos la razón de nuestra indignación, qué olvidemos el porqué de todo aquello que no corresponda a la paz. Qué la saliva malgastada se recicle, a manera de viento lleno de palabras de provecho, del bueno. Qué nuestras lagunas superen el plano mental en el que fueron inconcebibles. Qué los fluidos corporales que hoy nos separan, pronto se confundan con esos seres oscuros que nunca nadie -incluyéndonos- quiso que dejemos de ser. Qué esa tormenta láctea de amor que no termina donde empezó, ni acaba de empezar con un sobresalto de seda, se sobreponga a la oscuridad en la que nadie se diferencia, a pesar de la consanguinidad que une a todo ser vivo, con todos los demás. Qué el hervor de nuestras arterias en los límites de nuestra cama ajena, se traslade a un sinfín paralelo de advenimientos, a una matracalada de adoraciones que no nos conduzcan a nada de manera consensual. Qué nuestras explicaciones cotidianas no se esfumen en una bocanada residual de deidades y corifeos de mensajes sin ritmo, que nos obligan a bambolear nuestras cabezas vacías, o llenas de música, o de algo que creemos que es música, alucinaciones liberadas de ruido, pero pacíficamente saturadas de soberbia y alcohol. Qué el dolor que hemos deshabitado se convierta en refugio de la soledad absoluta y por default nos alegre, o por error, o al menos nos detenga de manera parcial y evite que cometamos de forma consuetudinaria, la misma paparruchada. Qué cancelen por razones relacionadas al mal clima este apocalipsis neuronal, generado principalmente por un pénsum con sobredosis de reguetón. Qué despierte nuestra bizarría, una fila de asientos en clase empresarial, seleccionando cierta información, que con ningún profesionalismo, han escogido negligentemente para nosotros, el mundo. Qué los jueces moralistas del bien y el mal se despierten con disentería, aproximadamente entre las dos y las tres de la mañana, a más tardar mañana. Qué los propietarios de la palabra queden descalabrados y todo quede en un silencio casi absoluto, lleno de dudas y nimiedades sin desenlace. Qué nadie crea que el espacio vacío que les ha sido otorgado para llenar, lo pueden plagar con desperdicios de sus menudencias. Qué de una vez no te vuelva a ver, aunque eso cueste, mucho dinero, todo. Soy uno más que no encuentra los tiempos de los verbos que busca, nadie más.

 

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