Escritos
Deja un comentario

Cuando se nos acabó el sucre

En los años noventa pocos en el Ecuador (varios con información privilegiada) sospechaban, lo que se venía. El descalabro de nuestra economía, llegaría con el fin del siglo veinte y el inicio del veintiuno, nada sucedería de un día para el otro. En cuestión de seis años, la incestuosa relación entre el poder político y el económico, alcanzaría su cenit. La libertad de maniobra (sistemáticamente orquestada) de las entidades bancarias, convertiría a un millón de ecuatorianos, en migrantes a la fuerza, suicidas, huérfanos, enfermos por el shock, dejando cientos de miles de hogares rotos, padres sin hijos e hijos sin padres, a lo largo y ancho del territorio nacional, así como en España, Italia y Estados Unidos. La afectación total al país ascendería a 23.000 millones de dólares aproximadamente, la huella psicológica, imposible de tasar. ¿Pero qué nos pasó? Antepusimos el dinero a la gente, casi como en toda nuestra historia. Ciudadanos de tercera clase, tuvieron que viajar en clase económica a Newark, para quemarse las pestañas trabajando, y así sostener varios hogares a la vez. El estado ecuatoriano -que realmente somos todos- escupía sobre su propia cara y el país se reseteaba, mientras intentaba volver a nacer. La irresponsabilidad y negligencia sin límites de los dueños del dinero, nos empobrecieron, también sin límites. Durante esta pandemia, esa crueldad ha regresado en forma de vacunas. Privilegiaron apellidos rimbombantes, hijos de papi y mami, en definitiva, a los mismos de siempre. La derecha sabe lo que hizo hace veinte años y hoy mira atónita como sus amigos del gobierno y sus acciones, conspiran en contra de la remontada que necesitan, para que finalmente y por primera vez en la historia de manera oficial, ese sueño húmedo de que compartan cama el gran capital y los que se vacunan a sí mismos, se vuelva realidad.

Deja un comentario