Month: abril 2021

a-sha-med

Deberíamos sentirnos como deberíamos; avergonzados. Semblante abatido, ostracismo pernicioso mal llamado hogar, no hay educación para los no entraron en el mapa, sensación de paz alusiva; desgracia de estar vivo. La inseguridad de antes de salir, esquina de personas desconocidas entre sí, ópera de la más piadosa de las muertes, tribulaciones del adiós más sincero; gritar. ¿Y por qué no nos íbamos a sentir asqueados, como deberíamos? Con nuestro porfiado cerebro reptiliano desafiando límites, todos nuestros alter egos contradiciéndonos, nuestra misma mala cara desproporcionada de siempre, defraudados de que aún nadie nos haya abandonado. Exprópiese el desencanto imperante, lo rotos que estamos, las chapuzas antiestéticas de esta deplorable forma de vivir, la despedida más dolorosa; que alcanzamos a improvisar. Y en algún momento y de la nada, partir. Con la esperanza de sonreír algún día. Camino a un nuevo lugar, que alguien ya exploró antes por ti, sitio inexacto casi huérfano de coordenadas, campo abrumadoramente verde, abierto, lleno de mensajes y señales, calientita troposfera, paisaje poblado de sitios despoblados, porque sus pobladores, desde hoy, deberán …

porque te moriste

Me entristezco y me contento con poco. No te olvido porque te moriste, porque te moriste no te olvido. Aunque nunca te dejaste aconsejar, y te rodeaste de imbéciles mucho más imbéciles que tú. Obsesionado con vencer, te dividiste hasta internamente. Obstinado te cerraste, incluso a aquello que te convenía. Nadie te olvida, aunque muerto te hayas convertido en lo que más odiaste. Soberbio te dejaste enterrar en el hoyo, al que habías jurado no volver, esperaste mansamente a que fuera muy tarde. Que no te dabas cuenta dijeron, creíste que no habría vestigio que te haga daño, testigos que te indispongan, sabiéndote mortal moriste, imploraste moribundo un poco de oxígeno a tus verdugos, mientras lo desmantelaban todo y tú te convertías en un triste recuerdo, en pena de otros, en un segundo menos de vida, en un abrazo de violencia. Inalterable quisiste cambiar el mundo ¿cuántas veces volverás del ocaso, al que te llevaron tus errores? ¿todas esas veces se volverán a levantar los de tu clase? ¿quién te dijo que eras, ese que …

eterna construcción de uno mismo

No existe mal momento para deconstruirse, aunque sea solo un poco, tal vez cosméticamente. Armables como amables juguetes, pedazo a pedazo. Sin tener las instrucciones de éste rompecabezas de hojalata, navegantes divagando por un mar de conjeturas, como espuma que adopta la forma, que la marea va y le presenta. Liquidez. Volver a aprenderlo todo, desde el maldito número cero, sorprendernos otra vez de eso, como si siempre fuese la primera vez, resetear los más primarios paradigmas, para luego -solo quizás- cambiarlos por otros. No reparar en esa -siempre presente- llama nuclear sempiterna. Con el tiempo dejamos de interesarnos, en la diferencia entre aquello que cambia, y lo que no. Finalmente cambias, dándote cuenta o no. Para bien o simplemente por la fuerza del no retorno. Si tan solo tuviésemos la certeza, que cambiamos para no volver a cambiar jamás. Guardar para siempre eso que fuimos; memorias. Llevar con nosotros siempre, todos nuestros nosotros, para que nunca y en ningún campo lejano, los dejemos morir, guardando de ellos los mejores recuerdos, y así, un día …

jet society

Viven ensimismadas, tan aburguesadas que su piel se aburre. Se repiten entre ellos, lo que quieren escuchar, aquello que les convence de lo que son y de lo que el resto, no es. Se aprueban entre ellas, entre ellas se vacunan, entre ellas se reúnen y entre ellas se complacen. Se rodean exclusivamente de su propia legitimidad, una legitimidad de honorables comités de muy honorables hombres blancos, con experiencia de canas blancas, con su propia aprobación, con el discurso sobre tejido social raído, intacto como lo dejaron sus ancestros, tal cual lo aprenderán sus propios hijos, legítimos como ellos solos. Jamás se ensuciarían las manos en una protesta para exigir derechos, porque ellos son los derechos, ellos son la única clase de gente que ellos aceptan, al resto lo clasifican en cifras que les estorban, porque no las entienden, porque no saben qué hacer con ellas, con los portones gigantes cerrados de sus clubes llenos de servidumbre explotada, no ven nada. Y no ver nada, les da placer.