Escritos
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eterna construcción de uno mismo

Photo de: Esteban Cruz [@OzzyKruz]

No existe mal momento para deconstruirse, aunque sea solo un poco, tal vez cosméticamente. Armables como amables juguetes, pedazo a pedazo. Sin tener las instrucciones de éste rompecabezas de hojalata, navegantes divagando por un mar de conjeturas, como espuma que adopta la forma, que la marea va y le presenta. Liquidez. Volver a aprenderlo todo, desde el maldito número cero, sorprendernos otra vez de eso, como si siempre fuese la primera vez, resetear los más primarios paradigmas, para luego -solo quizás- cambiarlos por otros. No reparar en esa -siempre presente- llama nuclear sempiterna. Con el tiempo dejamos de interesarnos, en la diferencia entre aquello que cambia, y lo que no. Finalmente cambias, dándote cuenta o no. Para bien o simplemente por la fuerza del no retorno. Si tan solo tuviésemos la certeza, que cambiamos para no volver a cambiar jamás. Guardar para siempre eso que fuimos; memorias. Llevar con nosotros siempre, todos nuestros nosotros, para que nunca y en ningún campo lejano, los dejemos morir, guardando de ellos los mejores recuerdos, y así, un día determinado, sin ninguna prisa, volverlos a ser, solo por jugar. Y antes de morir, volvernos a parir, como siempre fuimos. Idéntico a papá, idéntico a mamá.

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