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Mi autómata y yo

Cantar para olvidar y después de callar, volver a recordar que la rutina está allí con su inclemencia, esperando para exprimir de nosotros [no desconsuelos] nuestras tan características y desmoralizadoras ganas de vivir. Si en África se despertaran y reaccionaran, talvez sería el fin del mundo [insertar desolación]. Esas ortodoxas, mecánicas y poco acorbatadas ganas de ir al cine y entenderlo todo al revés, de cerrar los ojos y abrirlos para encontrar al personaje muerto [entristecerse] y no preguntar qué pasó. Abordar el tren de las últimas oportunidades por última vez y ver que lleva en sus vagones: un sollozo en cada rostro, que todos sufren pero que no todos lloran, que unos lloran pero no todos se echan a morir, que unos se echan a morir pero no todos lo logran, que unos se salvan mientras otros se resisten, que unos se resisten mientras otros se adulan, a sí mismos. Ese pretendiente de la república que exultantes insultamos en las cenas familiares, como si nos hubiera violado de niños, como si nadie pudiera entendernos, …

Juicios como muelas

¿Qué tienen de malo las malas palabras? Las encuentro tan rotundas. Me fastidia la gente con hábitos y educada, se la ve tan expuesta. Menos protocolo, mayor desarrollo. En un sencillo pero emotivo acto te desconecto, me voy a mentirme en otra parte, donde pueda ser injusto conmigo, sin ser juzgado, un lugar donde me encuentre contigo y contigo otra vez. ¿Por qué nadie quiere ser juzgado? ¿Por qué nadie tiene autoridad para juzgar a nadie? ¿Por qué juzgar es pecado? ¿Por qué me juzgan? A veces me doy cuenta que soy mejor persona de lo que jamás imaginé y otras veces siento que me falta tanto para ser bueno, otras no pienso, otras pienso que también fui un completo hijueputa. Por respeto no me atreví a tomarle una foto con un súper acercamiento facial, fue demasiado, estar cerca de su estatua. Me reservo todos mis derechos para usarlos en una emergencia, me resisto a matar, me condeno a existir, me retuerzo sin dolor y a pesar de no haber sido el mejor día, me …

No me voy a meter con Dios

Yo también me quiero. No es egocentrismo, lo hago sólo para blindarme, en caso que nadie más decida hacerlo. A veces soy capaz de reírme de mí. Soy un hipster curuchupa lengua larga que se acompleja cuando le alzan la voz. Amo el anarquismo en dosis nocturnales, las mañanas me consumen, me queman el cerebro, las neuronas se resisten a la violencia, en paz. Gente que envidia lo que no conoce, que preserva lo que supone poseer, que incinera a ese dios que todos hemos llevado siempre dentro, ese dios que sabemos que somos pero no nos atrevemos a poner a trabajar, ese dios que no distingue un ser humano de otro, ese dios egoísta que nos obliga a matar, ese dios guerrillero que nos empuja a empuñar un arma, que no nos cabe en la cabeza. No me voy a meter con dios, a veces creo en él o en ella, especialmente cuando lo necesito. Dios debe ser una mistura de todas las razas. Debe hablar un idioma incompresible con detalles de todos los …

Minutos

Foto: Nora Miño Es ese tiempo, que no es mucho, justamente, el que queremos perder, sin reembolso. Un instante, ese que nos sobra, dilapidado irremediablemente. Morir no es tan malo, lo malo es que morimos, sin saberlo, sin entender nada. Dejamos de estar presentes y nos arrepentimos ausentes, en un lugar innombrable. Aprendemos a callar con mayor frecuencia que cuando hablábamos, sin saber lo que decíamos. Esos silencios que nos unen, ese mutismo que nos imponen, esas ganas de decir cosas que callados nos tragamos y enseguida se nos quitan. Autoalabado sea ese clamor que nunca sonó y que cuando no debía ser escuchado fue exhumado para después morir otra vez y después de muerto gratuitamente, gastritis.

Confesiones idiomáticas en última persona

Foto: Roberto Fontanarrosa Hoy me salvaron la vida unas palabras que pasaban por ahí. Ni los aplausos, ni los discursos, nos darán de comer. El video del día que me enseñaste a odiar. El álbum de fotos del día en que mentimos por primera vez. La estrechez de los abrazos de un acto protocolario. Versos descalcificados. Un libro de autoayuda [motivación] como un atropello cognoscitivo. Brújulas con forma de vorágines. Este surmenage que por lo menos me sirvió para ver nacer al sol, este empecinamiento por morirse. Todos los signos de puntuación que me sobraron, están aquí. Miedos que asusten coyunturas. Flagelos que no entretengan por dinero. Melancolías imperecederas sabor a caramelo. Un continuo movimiento que no produce cambios, que me pone nervioso, que me lleva al borde de un abismo ergonómico. Si el volumen de las cosas es proporcional al apetito de los sentidos. Si nuestras mentes viajan en portugués, piensan en inglés y se pelean en quichua. Se enamoran en alemán, se mienten en francés, se perdonan en italiano, se recuerdan en blanco …

Título: opcional [sabor: vainilla]

Buceo en las profundidades de tu esencia. Todas las vainillas que nos trajeron hasta acá. Soy o decidí ser [no sé cuando] una persona ‘dark’ o depresiva, debe ser por eso que al vestirme me gustan los colores más alegres, cuestión de compensación supongo. Me estiro en el tiempo para alcanzar a digerir mis falencias, me refundo en un pasado sin retorno, me desconozco, me desprendo de ese yo, otrora altruista, me perjudico junto a un desayuno antideportivo. No es obligación que todo lleve un título, pero me gusta titular, es como bautizar un niño, el poder de los curas, yo hubiera preferido que me bautice una mujer ¿Y si dios era mujer? Es lo más probable. Siento que escribo cosas que algunos no querrán leer, pero pienso que son parte de mí y que si se quedan dentro, algún día algún desconocido en la calle pagará las consecuencias, igual lo hago, le grito a la gente en la calle, a veces grito para ver quien regresa a ver, a veces nadie, a veces todos, …

Vivencial

Nunca aprendí a vivir y jamás lo volveré a hacer. Mientras muero [vivo] voy recordando funciones que me vinieron incorporadas. Mientras muero, quiero palpar, el estar vivo. ¿A qué altura de la vida se deja de nacer, para empezar a morir? Seguramente nunca sabré si salir a buscarte, hubiera servido para volver en mí. Haré todas y cada una de esas cosas que me hacen feliz exclusivamente a mí; y no a nadie más. Escuchar y entender que son esas mismas canciones las que en su momento, me llenaron de algo, hoy, algo distinto. Hoy me arrepentí, más que una sensación, fue una duda. Me arrepentí de haberme arrepentido. Finalmente y para volver a empezar, me arrepentí de haberme arrepentido de estar arrepentido. Sin querer escucho el trino de algo parecido a un lamento, me suicido por unos instantes, me pierdo en la eternidad de un detalle, para luego, solamente consciente, reafirmarme en mis convicciones celestes, parecidas a ti, al color que le pones a todo lo que ignoras, a la muchedumbre que nos recibió …

Celuloideándome

Esa sensación de creer que uno es el único ser humano que existe [The Truman Show] desear con todas las fuerzas, poder borrar todo de la memoria [Eternal Sunshine Of The Spotless Mind] confluir en un oscuro lugar con tus más dilectas amistades para autolesionarse [Trainspotting] buscarnos en todos los videos de seguridad de todos los lugares que visitamos en nuestras vidas [My Blueberry Nights] tener como filosofía de vida, el vivir a merced de filosofías de vida ajenas [Ghost Dog: The Way Of The Samurai] ir por la calle gritando y llamando la atención de los más desprevenidos, de los que menos se molestan en tomarte en cuenta [Los Idiotas] traicionar todo, buscar el origen de lo que nos convirtió en lo que hoy nos condena [Once Upon A Time In America] fingir que somos los menos cuerdos entre los más patéticos locos disponibles [One Flew Over The Cuckoo’s Nest] escapar de todo, encerrarnos en nosotros mismos, en una ciudad donde la gente se reúne a conocerse en congeladores [The Shining] suspender los convencionalismos …

Comienzos de guerra o certezas sabor uvilla

Ay de aquellos que perdieron la esperanza por última vez. Alambres que no llevan a nada. Mis mamás siempre me reclamaron por mi mirada, esa que insolente y sin hablar, explicaba cuán insolente soy. Se me perdieron algunas cosas en el camino, no el camino. Ser oruga, un sedimento pluscuamperfecto, un documento insonoro, un elemento que ayuda por más poco que sea. Soy lo que me gusta ser y no quiero pensar en lo que hubiera podido ser, si no… Te repito una y otra vez aquello que siempre te repito, sabiendo que no lo quieres entender y que no lo sé explicar, para ver si te crees lo que siempre hemos sabido mentira, para comprobar si te olvidas lo que siempre verdad. Ay de aquellos que se aferran a las palabras. De aquellos prisioneros de sus posesiones, de aquel objetivista con la frialdad de los números, esos que dominan su cabeza… Me encontré con un compañero de colegio al que no veía quince años, le pregunté ¿en que andas? Me contestó: haciendo plata, que …

Nuestras últimas oportunidades

Nuestras últimas oportunidades, eso es lo que queda. Las razones me las guardo. No sé como explicarlo. Me retiro sin decirte nada porque estoy ausente. No represento a nadie, peor a mí mismo. En nombre de tu religión, me absorbo. Dejaste tinta en mi, que nada –ni el tiempo- podrá borrar. No se trata de un asunto indeleble, más bien blandengue, pero que sigo luciendo por vanidad… o por humildad, no lo sé. Una persona es una mayoría, cien millones una minoría, un beso puede ser suficiente, cientos de noches pueden ser muy pocas, pero me quedo, atento de lo que no dejes de hacer, de aquello que te haga sentir… así. Te veo en la plaza. Atestada de gente que no se conoce, que sabe que no se conoce, que le gusta no conocerse. Algunos conocen la razón general por la que están ahí, los que no, están ahí de todos modos.

Para volver hay que volver a volver

En la repetición está la magia de conocer las verdaderas razones. Me encanta ser reincidente. Es un ‘feeling’ macabro. Es como ir de puerta en puerta repitiendo un discurso de vendedor de religiones, de persona que distribuye enciclopedias que nadie quiere leer, aunque las compre, aunque las odie, aunque no las sepa leer. La revolución empieza por la cocina, dentro de un refrigerador, debajo de los huevos, a la orilla de la leche, en la piel de las frutas, en los ojos de un queso. Volver a comer algo para recordar que no te gusta, eso me pasa siempre con los higos, me saben a tierra, pero a la tierra, es necesario volver a volver. Insistir hasta que alguien note lo ‘intensos’ que somos. Repetir hasta que parezca que morimos en el intento de ser auténticos. No dejar de ser repetitivos, para quedarnos con piso y no volar a tientas. Sentir que se muere cada vez que se intenta, sin necesidad. Se empeñó tanto en ser original que su copia lo asesinó de 14 puñaladas. …