Mi autómata y yo
Cantar para olvidar y después de callar, volver a recordar que la rutina está allí con su inclemencia, esperando para exprimir de nosotros [no desconsuelos] nuestras tan características y desmoralizadoras ganas de vivir. Si en África se despertaran y reaccionaran, talvez sería el fin del mundo [insertar desolación]. Esas ortodoxas, mecánicas y poco acorbatadas ganas de ir al cine y entenderlo todo al revés, de cerrar los ojos y abrirlos para encontrar al personaje muerto [entristecerse] y no preguntar qué pasó. Abordar el tren de las últimas oportunidades por última vez y ver que lleva en sus vagones: un sollozo en cada rostro, que todos sufren pero que no todos lloran, que unos lloran pero no todos se echan a morir, que unos se echan a morir pero no todos lo logran, que unos se salvan mientras otros se resisten, que unos se resisten mientras otros se adulan, a sí mismos. Ese pretendiente de la república que exultantes insultamos en las cenas familiares, como si nos hubiera violado de niños, como si nadie pudiera entendernos, …

