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Mi propia parodia que llora

Tengo ideas, llorar por ejemplo, tengo ideas muertas, tan muertas que ya ni siquiera recuerdan quien soy, yo que soy, mi propia parodia que llora. Se puede llorar. Tengo algunas ideas. Unas muertas, que no recuerdo. Necrogobernados por el dinero y condenados a morir cansados, saturados, sobreexplotados por nosotros mismos, nos quieren matar estando al borde de la vida, nos hemos quedado balanceándonos entre esta vida y lo que pueda venir. ¿Quedará alguien con vida? No sé si solo nos mataron o si ellos también se murieron. Como si nos hubiesen prohibido perder el miedo, abrir la boca, juntar un par de ideas y decir algo que perdure hasta mañana. Sinagoga.

El Olor A Tierra De La Tierra

El Olor A Tierra De La Tierra
Ilustración: Enrique Vivanco Baquero

Estoy muy arrepentido de haber quemado innecesariamente cientos de puentes, y hoy, no es que regrese arrepentido a disculparme, me apareció de repente un poquito de dignidad, no sé de dónde. Me convierto en humo para comprar las ideas que quiero para mí, en esta subasta, que es estar vivo. Viajo para poder rezarme en paz, regarme, rasgarme, me abstraigo mientras me substraigo, me retengo, soy mi propia fuerza de choque, y hasta me suelo demorar varias horas de más, en abandonar la habitación. No me quiero ni me gusto, pero acá sigo conmigo, cada minuto me entiendo menos y menos quiero entenderme, rompo cada lazo que habíamos creado, para seguir estancados en esta cabeza, ese sujeto que por sí solo piensa, busca ideas que surjan del olor a tierra caminada, transitando mundos que nos llevarán a sentirnos forasteros, indefectiblemente. Y desconocidos por incompetentes sin misterios, ir admitiendo flagrantemente; la inconsistencia de las ideas, no de todas, pero de estas. Igual que todos, en algún momento, siento pena de mí mismo, pero qué clase de pregunta es esa. Caminar ausente, perdida, extraviada de todos, avanzo desenfrenadamente hacia un abismo que no es mío, ausente el día de hoy, y todos los días, sola con mi mañana, muy ausente, más sola, saturada más de revelaciones que de vivir; y es que no me dejan en paz.

Anarco Gayeta

Ilustración: Enrique Vivanco Baquero

Reniego de la clase del noventa y cuatro y de los hijos de puta que me desviaron la vista, para no ver. Reniego de la raza y sus distintas formas de auto extinción, conocidas. Reniego también, del maldito día en el que se me ocurrió perder cinco minutos de mi vida, contigo. Reniego de la forma en la que nos lavan el cerebro a todos, para terminar creyendo que al que le lavaron es al otro, y no a uno. Reniego de la falta de certeza cósmica que nos meten por los ojos, casi forzosamente para que vomitemos esa misma mierda, en paralelo. Reniego de cada cojudo con el que me senté, pensando en lo cojudo que fui por haberme sentado, con tal pedazo de cojudo. Reniego de mis tías hitlerianas y de mis primos que parecen memes. Reniego del color de la sangre, y de casi todas mis entrañas, también reniego del adn, que no me deja ser yo mismo, ni en mi propia casa. Reniego de lo que me rodea y de los que me acorralan, de los que se mimetizan para sonreírte y que antes de opinar, apagan el breaker. Off.

Awa Kortada

Ilustración: Enrique Vivanco Baquero

Mancomunadamente me suicidé, en una maravillosa ceremonia, sencilla, personal; emotiva tanto como corta. Como no tienes trabajo entonces sales a protestar, porque eres un vago. Poder dormir para soñar y así cambiarte de nombre, calladito. Un impulso intenso, mío, me quebró en dos. No se puede ser tan energúmeno y no trabajar. Pronto entenderás que es mejor dejar ahí, eso que no entiendes bien, mejor es ser idiota, mejor es no entender. Tienen derecho a todo, excepto a sentir la necesidad de protestar por sus derechos, eso no.

Ve y pregúntale a ella, a la que te parió, por la racionalización de la femineidad o la feminización de la razón. Te explotó tu propia guerra en la cara, la sangre se te fue de las manos, ya ni dios confía en ti. Te cortaron el agua solo para que te pongas así, y protestes así. Vamos a sentarnos a morir en la puerta de ese hospital que tanto dinero -del nuestro- costó. La revolución de los que no tienen ni nombre, pero sí ciudadanía, de segunda, más vale un carro, un adoquín o un puto edificio. Quise hacer un manifiesto subversivo, que al leerlo te explote, que te lo altere todo, que en paz no te deje, pero no pude, porque estoy detenido, me detuve yo mismo, me recluí en mi propia desesperación, en la puta madre de mis privilegios, decidí que me encerraría en mí mismo, y aquí estoy, víctima de mi propio secuestro, me entregué como prueba de fe, para demostrarme que no estoy solo conmigo, ni sin mí.

Búrlate de ti

Ilustración: Enrique Vivanco Baquero

Lo inmortal, ha muerto. Murieron hasta los más cursis sobrevivientes; y gracias a todo lo muerto, hemos muerto nosotros dos también. Han muerto las terroristas ansias por vernos y olernos, murieron esos interminables quince minutos de espera, en los que a gusto, nos desesperábamos juntos. Han muerto esas perennes discusiones de no estar de acuerdo en nada. Murieron mis ínfulas por politizarlo todo, y así, al fin todo ha muerto.

Están muertas las canciones que no sé (o no me acuerdo) para qué escribí, fotos que nos tomaron donde parecíamos emocionados, así como distraídos. Se murió tu mamá y me vengo a enterar después de veinticinco años, se murió contigo, solo con segundos de diferencia, y nunca lo supe, no hasta hoy, que no puedo despedirme de ninguna.

Todo murió. No quedó siquiera ese recuerdo, de aquello que nos pareció rescatable, en cierto momento de nuestra racha asesina, la de matarlo todo, antes de que todo muriese. Percudidos de restos de eso que nos persigue, tóxica sustancia que equivocadamente llaman amor, ese amor que mata lenta, postergada y cadenciosamente. Necropolítica.

DSTiempo

Hay una parte de ésta vida, que transcurrió demasiado rápido, tal vez fue la de los sentidos, no la sentí, y si hubiese sido vivida tan vívidamente, como lo fue, tampoco hay pruebas. Llegan recuerdos borrosos, incandescentes burbujas y gritos que no califican como inmaculados, recuerdos de esa tragedia que nos hizo sentir tan pequeños, esa tragedia que mientras no dejó de transcurrir, no dejó que fuéramos siquiera, nuestra mejor versión hormiguística; ningún grano de arena, desde ningún espacio exterior. Y es que en plena muerte, no somos, estamos demasiado concentrados en ser otros, cuidadores, buscadores de excusas huyendo de compromisos, sin un solo minuto para ser, invítenme a todas partes por favor; no iré. Defenderemos con bruxismo, nuestro ego cuadrado, ese que con tanto ingenio nuestros ancestros -sin escatimar artimañas- procuraron fabricar a toda costa, para heredárnoslo, la mayor cantidad de tiempo posible. No creo que sea buen momento para retroceder, recoger pasos y extrapolarlos a éste presente, cambiar de opinión emborrachados en la avenida, no dejar de saltar, hasta que se nos caigan del bolsillo y de la boca, complejos y discrímenes, que se han tomado los cuerpos, ese cerebro muerto de ganas de caducar, locas ganas de tomar un solo -y repentino- shot de whisky, una canción que no por repetirla en un loop infinito, dejará algún día, de decir lo que dice. Apaguémonos.

Fotografía de Esteban Cruz (@OzzyKruz)

Persecución de muertos

Foto de: Esteban Cruz [@OzzyKruz]

Ni la mitad de una pesadilla dormir, ni sentarte a comer medio remordimiento, que un solo pensamiento te deje de atormentar, que ninguna mentira quede libre, dejar de pagar hasta la penúltima de las letras, con vigilancia amateur perseguirte, sentir que naciste en el momento equivocado, te van a obligar a que -con el tiempo- quieras irte lo más rápido posible de este país de verga. Chao amigo.

In extremidades

Fotografía de: Esteban Cruz (@OzzyKruz)

Nunca vamos a ser como quieren que seamos y tampoco como queremos ser, dicho esto, ¿cómo seremos? ¿Acaso nos buscaremos diariamente o pasando un día, desencontrándonos en el espejo de algún ascensor? Habrá que dejarse llevar por esa película que solo volvimos a ver, para sentir eso de “volver a ver una película”. Descomponiéndonos en la cocina fría de nuestras propias ausencias, descolocándonos uno al otro en plena interacción sexual consensuada, incendios provocados por la impaciencia, levemente subliminales desfases que logran -por fin- ese estado de cuerpos inmóviles, de pies hormigueantes y manos frías, húmedas de sudor real, ese involuntariamente sincero, sudor. Nadie quiere sufrir infligiéndose sufrimiento programado, queremos morirnos específicamente, controlados por algo más doloroso que estar vivos, los suicidas que solo querían sobrevivir. No te voy a decir cómo vivir, no quisiera que me hagas cambiar de opinión a esta edad, me gustaría conocerme a fondo más adelante y al mismo tiempo, poder quedar atado a mis previos yoes, yo qué sé. Todo habrá valido la pena si nos concentramos en empezar otra vez, nada se ve tan nítido y esperanzador, como aquello que se ve; desde cero.

Prendimiento

Foto de: Esteban Cruz [@OzzyKruz]

Te digo porque lo sé, nunca me harán falta tus palabras, gracias a tu ejemplo ensordecedor, nunca hizo falta que lo dijeras, eso que en todo momento sobrentendimos, eso que estaba tallado en nuestras paredes, en cada rincón de esa casa, incluso en aquellos que no sabíamos, estaban ahí.

Y vivimos así, con tu silencio explotándome en toda la cara, siempre supimos qué hacer con él, preguntar jamás. El principio de callar y enseñar en la mesa, el periódico decía más que tú, ni siquiera hace falta escribir sobre esto, lo existencial está de más.

Jamás te juzgué, ni a tus sueños, yo tan umbilical y analógico, te permití guardar secretos, sabiendo que se irían contigo, nunca pude pedir otra cosa que no fuera reciprocidad.

No sé si los años vayan a ser los necesarios, nos podrán faltar o sobrar, yo al menos, siempre intentaré disfrutar ese silencio que me dejaste, para que no haya ni siquiera la más mínima necesidad de comportarse como un imbécil. Y aunque nadie falló, si alguien hubiese fallado, ese hubiese sido yo.

Keep praying

Fotografía: Esteban Cruz [@OzzyKruz]

Nos dejaron en la calle, ahí donde defenderse no es fácil. Se llevaron ya la tierra, y ahora; quieren volvérsela a llevar. El timing ideal para todas estas lágrimas. Calles tan empinadas, que solas se encargarán de arrastrar todo ese llanto, a donde pertenezca. Keep praying. Mafias, rodeadas de otras mafias. Bulliciosamente manifestándose en pleno festín del erario, de cualquier cosa, y de nada en particular. No hemos superado atavismos, brechas que se profundizaron como siempre, no sé si siento más esperanza que desesperanza, soy mi propio mortífero enemigo. La vida moderna de pocos multimillonarios con mucho dinero versus muchísimos pobres con menos. La delgada línea roja entre dejar que me lleve la corriente y luchar contra ella. Refugiado en mis pequeños hijos para sentirme mejor sobre mí mismo, a pesar del mal padre que pueda llegar a ser, por incoherente autómata de moribundos ideales. Me desayuno cada día la idea (cada vez menos rebatible) de que hoy el mundo es un peor lugar para vivir. ¿Qué te dice Dios cuando hablas con él? Yo hablo conmigo. Y me va mejor cuando lo hago con los pies desnudos en la tierra fría. Esa tierra que te da todo. La tierra que eres tú, pero emancipada. Dedicado a Sebastián Serrano.

Morir recurrentemente

Photo: Jonathan Jácome [@jmalagana]

Morir se ha vuelto recurrente. Hasta Facebook está lleno de muertes. No conozco a alguien, que no haya perdido a nadie. Incluso «estuve» en misas, en las que jamás hubiera estado, acostumbradotes a convivir con la muerte, versados en pésames virtuales. Mi reverencia para los que perdieron a alguien, para los que perdieron a más de uno, mi reverencia para los que no estarán más. El miedo a la muerte que antes era tan solo una crisis existencial pasajera, hoy es un compañero más, uno que sacamos a la calle todos los días, y que se queda en casa esperándonos, se sienta con nosotros a comer, se ríe. Y todo se mezcla, el mismo día te apedrean el bus, sube el pan, cae ceniza, los casos siguen en aumento y perdiste el trabajo, de nuevo, se mezcla todo, a la misma hora se murió alguien, y alguien más, no puedes ir a tantas misas al mismo tiempo, te faltan palabras para escribir pésames, de experto pasaste a inútil, en veinticuatro horas o’clock. Ya no quiero seguir escribiendo sobre la muerte, pero es un tema tan recurrente, ya nadie tiene ropa negra limpia para ponerse, las mismas flores alcanzan para todos, repetimos abrazos. Te bajo una luz para que la puedas fotografiar, te hago un chiste aunque sea el peor momento posible, no te sirvo un café para que no parezca velorio, te dibujo una sonrisa sin querer, trato de animarte a seguir adelante, mientras el ánimo nos hace retroceder. Es tan recurrente esta muerte, que somos como la sección de avisos fúnebres, del pueblo más de mierda, que podamos imaginar.

Deshumanizándonos

Fotografía de: Esteban Cruz [@OzzyKruz]

Ha muerto el más nauseabundo de los inhumanos, en medio del más ensordecedor de los silencios, en ese lugar inhóspito donde nadie -jamás- planeó morir. No vivía de la sensación de tener siempre privilegios, la ciudadanía con la que se nace, de la que nadie se hace, oración matinal con la que los mortales regresan de la muerte, los elegidos por nadie. Mortandad, alejados de nuestros derechos, morir alejados del derecho a morir dignamente, morir cada vez más distantes del derecho a ser vistos como iguales, discutiendo mediomuertos si más fácil es mejor morirse, o no. Mientras hoy te toca matar en vida a una madre sin hijos, mañana sufrirás una pesadilla perpetua para ti, y tus hijos, esos que decidiste no tener. Te prescribirán drogas que te harán sentir menos, inoculado de ansiedades, reducirán a cenizas eso que quedaba de ti, tal vez te deshumanicen al extremo de que quieras quitarte la vida, sin siquiera otorgarte la facultad de decidir nada. Hasta convertirte en borroso recuerdo de tu presente, espejismo surreal de lo futuro, ausente de tu pasado, que ni es tuyo, porque no tienes derechos; siendo mi derecho no reconocértelos jamás.