Cada cosa en la vida -sin excepción- es una señal, una emboscada, un espasmo, un exabrupto, un delirio e incluso –aún que no queramos reconocer- un fracaso. No quiero andar por ahí con deudas en la mirada y lágrimas en los bolsillos. Amo mi vida de lecturas apocalípticas y sin hilo conductor. Episodios azarosos y aleatorios que suceden sin un ‘por qué’. Cada vez que hago una lectura de las cosas me pregunto ¿cada cosa tiene tantas lecturas como personas decidan hacerle una? Acabo de decidir unilateral y arbitrariamente que me sigue interesando lo mismo; eso cuya presencia me hacía tan feliz y cuya ausencia me hace tan miserable (cliché). El hito más significativo de mi vida fue el día en que alguien me dijo: “no todo tiene explicación”, igual no le creí. Leo en las paredes ‘he nacido libre’ y me cuestiono la libertad de alguien para hacer una declaración así. Voy por las calles jugando con los abstractos límites de la libertad, con un pie en el viento y el otro en las rejas. ¿Se puede ser libre estando preso? ¿Se puede estar preso siendo libre? Me destapo en una época equivocada, me rebelo ante un sistema que no me amenaza, me auto-flagelo en un ritual que no me satisface. Nací libre y trataré de hacer caso omiso a la posibilidad de morir atado, prefiero ir caminando con osadía por la calle sin miedo de encontrarme; con gente que me da miedo encontrarme. Inconexo de ti. No quiero llorar facturas o pagar muertos.
Published on 10 octubre, 2011
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