Escritos
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Envolturas

foto: Nora Miño

[Insertar muchas palabras] no quiero gritar. Preferiría callarme esas miserias que nos hacen volver a la niñez y que más tarde nos sorprenden solos, sin nada adulto que decir. No me puedo preocupar por la gente de una ciudad a la que odio [Insertar silencio]. No puedo negar que quisiera escaparme de aquí ya que eventualmente lo hago sin que nadie lo note, lo hago al mismo tiempo que me infarto bajo la luz de un semáforo anaranjado. Te odio ciudad, cuando te encuentro y cuando te vuelvo a perder de vista entre la multitud de gente que odio por qué no conozco [Insertar miedo]. Odio la gente que –igual que yo- finge vivir en democracia, elije un presidente semestralmente, pretende estandarizar el concepto de democracia, deja que le secuestren el cerebro y finalmente se va a dormir; con toda seguridad. Echo a perder unas fotografías, junto palabras y me creo un artista, gano premios, me jacto en la televisión, me burlo [Insertar discurso] y digo cosas que se arrepienten de haber sido dichas y súbitamente vuelvo a ser el don nadie que jamás quise dejar de ser. El de los episodios incómodos, el de la hipoteca con mora. Mi suplemento. Como cuando vas por la calle y todo se detiene, los papeles se cambian y dejas de ser tú [Insertar incertidumbre] por un zettasegundo, morimos y a la mañana siguiente tenemos diferentes características, somos mínimamente parecidos al ayer [Insertar malas palabras] cambiar duele. Fracasar no te mata. Dejar de crecer cada día, para volver a aprender que se muere un poco cada vez que se deja de intentar [Insertar frío]. Te abrazo. Me abrazas. Compartimos un poco de calor. Soñamos con ser auténticos sin dejar de ser uno mismo sin dejar de ser una copia de alguien más sin dejar de ser lo que tu mamá quiso que seas sin dejar de ser lo mejor que se pueda [Insertar suspiro de alivio] sin dejar de ser un puntito en el GoogleEarth.

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