¡Qué bueno que ya no estés más acá! en esta ciudad donde tienes la suerte de ya no estar más, qué suerte que hayas podido arrancar ese esmog de tu garganta, que hayas vencido a los buses, las carreras, cada concierto cancelado, policías robándote el cinturón, arrancándote el cuero cabelludo, tocándote tus partes en busca de drogas o alcohol o cigarrillos, que les haga sentir mejor. Accidentes que siendo ajenos te afectan, y te quedas estorbando a los demás, ves luces de colores de formas lineales que resultan ser descuentos que nadie aprovechará, puteadas íntimas sacha sexuales, aceras extremas como deportes, desconfianza por cada punto cardinal, qué tristeza que no hayas logrado huir, aunque hubiese sido a destiempo, antes que te marquen de por vida, te abandonen a la deriva con el parecer desacomodado, te hagan pensar que no piensas, que lo que dijiste está mal, y te convenzan. Las canas eventualmente se apoderarán de tus complejos, la calvicie te estará esperando en el baño para observarte desconfiada, la vejez te avasallará con preguntas irrespondibles, esta ciudad nos va a expectorar a todos, porque es fea, se repite a sí misma, no sabe representarse, es como de género libre, una mezcla entre algo que no se entiende y algo que se entiende, mucho menos aún. La arquitectura de los imposibles, de colores que destemplan dientes, matices dispares, y cómo no. Persiguiendo suecos que no son rusos, haitianos tan amables que parece que hablaran español, desproporcionadas iglesias como todas (las iglesias), recovecos inhabitados donde se pierda el taxista, calles que están esperando nerviosas que les pongas un pie encima, barrios atravesados que ya pertenecen al adyacente. “¿¡Usted no es de aquí¡?” Tal vez no. A lo mejor sea de otra, una estrecha, verduga de tantas otras, de una que le sobre el espacio y comparta los ríos, cuyas esquinas sangren espontáneas, a lo mejor y seamos de una ciudad que fluctúa, pulula, no camina. No sé de qué ciudad me estás hablando, debe ser alguna que se parece a ti, que en sus calles trae consigo mis recuerdos de ti, cuyo centro huela a ti, a maní tostándose y apeste a rosas. A esta ciudad hermosa, siempre le pasa algo, algo grande, algo se le va a caer, y sonará fuerte, pero pasará de moda, el martes a primera hora, a más tardar.
Published on 7 julio, 2019
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