Latest Posts

Nuestra no posición

En el Ecuador es harto complejo tener una posición política en estos días. Si uno empieza desde cero, ya sea por anarquismo o por viaje, cuesta entender el antagonismo reinante. Estamos ante el peor gobierno de todos los tiempos, nunca en la historia del país un gobierno se ha preocupado tanto por los menos favorecidos. Las carreteras son un verdadero lujo, es la obligación del gobierno. La salud pública está revolucionada, recién nacidos fotografiados en cajas de cartón. Que la educación es una maravilla con las escuelas del milenio, que somos más ignorantes que nunca. Que ahora las petroleras ya no nos ven la cara, que estamos perdiendo un montón de plata y es gracias al precio del petróleo la obra social. Que el presidente es un autoritario adicto al poder, que es guapo y que nunca hubo un gobierno como el suyo, jamás. Que vota sí, que vota no. Que quiere democratizar los medios otorgando incluso medios a minorías, que quiere tener todos los medios de comunicación posibles para dominar nuestras mentes. Que vota no ya que no se puede meter las manos a la justicia, que vota sí a menos que te guste como funciona hoy la susodicha justicia. Que los enlaces son una rendición de cuentas obligación de cualquier servidor público, que si tan solo se callara un poco. Que si socialismo del siglo veintiuno, que si capitalismo maquillado y partidocracia con otro nombre. Que si tiene las manos limpias y los corazones ardientes, que es el gobierno más corrupto de la historia. Que si suspender embajadores con los gringos es un craso error, que si es una muestra de soberanía y dignidad. Que si el 30-S fue un intento de golpe de estado para desestabilizar la democracia, que si fue un show para fortalecer la popularidad del régimen. Que tenemos una de las más verdes y perfectas constituciones del mundo, que si la escribieron españoles y nos vieron la cara de cojudos. Que si persigue a la prensa, que si hay un complot de los medios independientes en su contra. Que si el nivel de delincuencia es imparable, que si es percepción por culpa de los medios que lo sobredimensionan. Que si me cagó el negocio, que si por fin tengo uno. Que no puedo pagarles el seguro social, que por fin me lo pagan. Que sí. Que no. Que si tiene buenas intenciones, que hasta el mal clima es su culpa. Que si el Yasuní ITT es una iniciativa utópica, que si es un homenaje a la madre tierra. Que me cae mal, que me cae bien. Que tiene respuesta para todo, que tiene solución para todo. Que toma decisiones apresuradas, que toma decisiones que debieron ser tomadas hace décadas. Que vamos hacia un abismo, que la revolución ciudadana está en marcha. ¿Polarizados?

Sicarios

Nuestros sicarios son gente buena, son tranquilos, solo eliminan a alguien cuando no hay manera de evitarlo… La muerte deja de ser algo pasajero y se convierte en una sensación sin retorno, sin feedback, un solo dolor o mejor aún, un eterno e incoloro placer. Estando inspirado se sometió a seguirle el paso al vaivén del universo y casi todo fluyó, su esencia armonizó con todo lo demás, con el devenir de las adversidades que se le fueron presentando a cada paso. Sometido ante su propio destino, acoplado a su mapa de ruta, consternado viajó y subyugado emergió un día ante las cámaras de los noticieros para surgir como el ejemplo que las madres buscan, no para sus hijos, ni para ellas. No existe peor desencuentro que aquel que es provocado por la ausencia de soledad. Las cuerdas de su sentido oral interpretarán desde hoy una melodía repetitiva e inédita, monótona y sin absurdos, que rondará las esquinas de la ciudad que le vio llorar por primera vez, de la ciudad que le vio morder el polvo constantemente, de la ciudad que le vio nacer para morir ahogado por deudas que no pudo detener, en silencio quedará para ser un cadáver más, víctima de la simpleza de carácter, víctima de la nobleza de su alma y de si mismo, sin ayuda de nadie,  de nadie más. Nuestros arquitectos son gente humilde, son sencillos, solo planifican urbanísticamente cuando la ciudad así lo requiere… Una casa es el resultado de lo que hacemos durante la vida, dentro de cuatro paredes guardamos cosas y esas cosas somos nosotros, capitalismo condensado bajo nomenclatura extraña en cierto piso de cierta calle en cierto barrio que sabe quienes somos aunque nadie sepa nuestro nombre, nos conocen como el vecino, el jefe, el señor o hasta el amigo, pero no conocen nuestras cosas, esas que guardamos en el departamento, para que emitan un juicio y así acertadamente, nos juzguen. ¿Qué cosas guardamos en los cajones? ¿qué consideramos orden y qué no? ¿qué tenemos en la heladera? si es que tenemos una, ¿qué conjeturas son las que deambulan por nuestra mente mientras estamos a solas encerrados en el baño, queriendo salir de ahí mejores personas? Si no sabemos qué medicamentos conservamos como útiles o que papeles sueltos consideramos importantes para un futuro incierto o que trapos viejos colgamos con orgullo en el fondo del armario pensando que algún día veremos la necesidad de usarlos, aunque por hoy sepamos que su presencia es innecesaria… mejor sería quemarlos en la profundidad del basurero de los recuerdos y no llorar

Hipoglucemia

Tengo consciencia de que es prácticamente ilógico pretender que lo que piense o sienta se vaya a reflejar de buenas a primeras, en lo que hago o soy. Se que en el fondo está. Ese niño que ayudé a criar -sin hacer de menos a los padres, todos nos ayudamos en mayor o menor grado a criar- existe aún. A veces me llama por las noches y no me deja dormir. Me traslada frente a un computador -cuando tenía once era una máquina de escribir de teclas duras- y me desvela pensando en ideas magníficas que me obliga a traducir. Es duro ser adulto. Pero más duro es dejar de ser niño. A veces preferiría volverme un robot con esquizofrenia atorado entre un horario de oficina (9 a 4) y cumplir objetivos y emborrachar recuerdos, hasta que sin salvación dichos recuerdos sean perpetuos, en una pequeña taberna suburbana que apesta a algo desconocido. Más veces son las que no, pero me consuelo. ¿Con quién se habla cuando se escribe un libro? ¿Con uno mismo acaso? ¿Con quién hablo? Me redefino cada noche y cada mañana me acribillo con anhelos interestelares… y me vuelvo a escribir. Me describo en una servilleta nueva con cada desayuno y en los almuerzos sufro de hipoglicemia o hipoglucemia por el exceso de carbohidratos que me congelan la insulina, me debato entre carnes de cerdo y medicinas homeopáticas y me duermo. Cuando vuelvo a despertar me debato entre una historia que no escribo y una vida que trato de vivir lo más conscientemente que puedo. Cuando me convierto en el ser hipocondríaco que todos llevamos dentro, me enfermo, mi estómago se vuelve como un cementerio en el día de difuntos, como un invernadero plagado de personajes de hielo, que no saben cuando se acabó el verano. Entre pócimas bioenergéticas y pastillas saturadas de compuestos químicos me sofoco en la soledad de tu compañía, que no es mía, que se diluye lento, en mi estómago convaleciente, que me hace convalecer a mi también, que me consume como si yo fuera la medicina, sin yo quererlo, sin yo esperarlo y lógicamente sin desearlo, ni con todas mis fuerzas. Salgo a la calle vecina, ajena, y empecé a darle la bendición a los extraños y sentí que me volvía más bueno, cuando eran ellos los verdaderamente necesitados. Un solo escándalo invadía nuestras vidas, un ensordecedor alarido de desgarro, camiones gigantes queriéndose comer a la gente y pequeños autos queriendo devorarse el planeta o una gasolina más ecológica, una de dos. ¿A qué edad debe uno dejar de jugar?