All posts filed under: Escritos

Los mismos eufemismos (piensa un número)

La estéril búsqueda de dos pies y una cabeza, para mis dispares soliloquios. Diecisiete horas en este edificio con patio, que varios confunden con prisión. Setecientos perros sustituyendo seres humanos, ladrando vacuos discursos. Tan solo una película que me haga recordarte. Me conformo con que me dejen cantar una mísera canción. Ciento cuarenta y un monumentos al olvido. Mis libertades empacadas al vacío. Insomnios matutinos y encima escasez de palabras, causas sin efecto y viceversa. El campo nos provee de drogas artesanales que nadie logra atinar a fumar. Frases con superpoblación de verbos. Hoja a hoja me deshojo quincenalmente, resulto mi propio editor, me vendo y me compro humo, me promociono y desacredito. Tengo exactamente setenta y dos canciones sin componer, que no tratan sobre la explosión frambuesa que aseguras, es tu vida. Ciento veinte segundos para conseguirlo todo. Ocho mil servilletas expuestas al miedo. La fábula de la memoria vaciada sin respaldo que no pudimos recuperar, por más tecnología. Ciento un eufemismos para explicarte siempre lo mismo y lo mismo y lo mismo y lo mismo. Cero.

In-tok-si-key-ting

Defendemos la paz, si no hace frío la naturaleza, pero lo que más molesta, es que hurguen en nuestros bolsillos. No soy mucho de comenzar nada, o de rezar, pero me ha pasado que lo hago, y no puedo detenerme más.   Ciudad olor a anarquía, donde intoxicaréis vuestros récords policiales, solo por justificar los efectos de alguna pastilla. Casinos de la desvergüenza, donde se juntan las colillas descoloridas de la depresión, se derraman los güisquis sin dueño que el mesero olvidó retirar, un dólar es un momento, una moneda un reencuentro, donde uno entra, y sale otro. Emprendí tantas cosas, pero luego gracias a la sabiduría, supe dejarlas a medias, a su debido tiempo. Pobres diablos sinvergüenzas muertos de hambre, aferrados a la esperanza de poder dilapidar un día, importantes sumas de dinero ajeno. Anduve perdido, hoy soy más consciente de mi persona, aprendí a convivir con las consecuencias de mis decisiones, que siendo mías, ya es bastante decir. Cuando elegí doblar la esquina hacia el otro lado, te evité por un minuto de vida, preferí sobreactuar …

Sinfín

En las calles sienta bien hurgar. Le avisé que llegaba exactamente en dos canciones más. Esta ciudad está quieta, como llena de peatones que fluctúan. Necesito alguien que me diga qué decir. Vamos a estar tan solo, a dos guitarras de distancia. Mirarnos raro en la sección de productos enlatados. Un edificio que parece se va a caer, otro que va a seguir creciendo. Monstruos altamente tolerables, entre los demás monstruos. Un mentor por ejemplo. Nuestras inquietudes están separadas por una orquesta sinfónica. Me quedé parado en esta esquina para comprobar que esa foto tan repetida, no se mueva de aquí. Ser socialmente aceptado es algo que acabo de borrar de mi lista de adefesios pendientes. Se les pasó una metralleta por los rayos equis. Mi amada energúmena a la que le resbalan los subterfugios de la maldita modernidad. Esta farmacia se me hace conocida, un olor a dulce quemándose y una floristería en bancarrota. Solo por si acaso grabar nuestras expresiones en la memoria de este abril, en el junio de nuestro ocaso, en la …

Vibración es

[Foto: Nora Miño] Pasmosamente hemos ignorado, estruendosas señales. El secreto está, en saberse fundir con el paisaje. Empezó a llover y en lugar de correr, caminamos más lento, sentimos que el clima retrocedía. Apostamos con las montañas que un día dejaríamos de crecer. ¿Y si nos volviésemos inmunes al frío de las 2:30 am, justo cuando nadie existe ni sospecha, que algo medianamente importante puede acontecer? Ni bien crees que todo ha terminado, se vuelve a iniciar el generador de ideas, y te levantas. Saltas al teclado polvoriento de una Brother de los setentas, cada letra golpea la hoja, como vengándose de algo bien cabrón. La ceguera es una virtud, que los que nos llenamos los ojos de inhumanidades, deberíamos saber apreciar. Cerrar los ojos es un eufemismo de asesinarte. Cambiar de página, de desatenderte. Matarte, de matarte. Estás obligado a cruzar, la frontera que separa tu esencia, de la cárcel. Rodarnos las gradas abrazados, esperando que un largo feriado pase y nos recoja, nos lleve a un mar lejano, en una playa de nudistas del alma, cuyo nombre …

Mélancolie (la virgen del mal)

Foto: Nora Miño. No voy a lograr escribir, nada que logre cambiarte la vida, ríndete ya. Prometo no volver a aplazar, el uso de la palabra procrastinación, que tan de moda está. Dejar un mundo mejor para nuestros hijos, es más difícil que tratar de cambiarlo, pregunto. Rotundos escapes de uno mismo, nadie los nota, desapariciones instantáneas, saludables para el escapista, superfluas para los demás. Gracias por no solucionar con violencia extrema, deprimentes issues que nos consumen, que nos llenan de estupor o estertor, o algo así. Sentir obscena nostalgia, subjetiva como indolora, revisar el video de nuestra vida toda, enjuiciarnos con lamentos tóxicos, desde el día cero cero uno. Vida llena de lugares inhabitados, personas amadas de la piel para afuera, de vociferar indefinibles palabrejas, me sorprende que la muerte no te haya sorprendido, todavía, pensador de comedor, gurú de sofá, filósofo de alcantarillas. Correos que postergan el fin de las penas, hacer voluntariado en el analfabetismo digital, desempacar esa máquina de escribir, que no es que me hacía tan feliz necesariamente. No conozco nadie que se llame como tú, tu cara no me …

Escalada de bajos sentimientos

Hijitas de papi encerradas en cubos de hielo, esperan terminar el bachillerato, abordan el primer avión, rumbo a la tierra de los tiroteos, se sacan una selfie. Ascensores públicos repugnantes, como convencionalismos, de políticos que manipulan respuestas, otros preguntas, mismo teleprompter. Tus neuronas outside the box, inhalan estrés, se trastornan, por la gélida humanidad que no espera, despelleja. Todas mis personalidades se aglutinan frente a un espejo de dos lados, se dan fraternalmente la paz. Nadie fue recordado por haber sido persistente al momento de fracasar. La constitución de cada país, no es más que un pasquín, donde los habitantes de dicho lugar, acceden a que multinacionales devasten su tierra. La habilidad de doblar la ley, hasta el punto exacto, en el que parezca accidente antes que delito. Tratar de defender invasiones injustificables, porque más difícil es pedir permiso. No tener hijos, si después no voy a hablar con ellos. Alumbrar ilegalmente en la tierra prometida, al siguiente día, regresar. Conocer mi verdadero yo, no el de las iglesias o cientos de sitios, donde nos obligan a fingir, que …

Veintisiete imprecisiones para no llamar a la policía

Soñar anoche que se carga un arma, sin destino. Nunca saber, qué hacer con ella. Pero que el sueño no resulte infructuoso. No saber qué hacer con ella, desencadenarse. La muerte no se cambia por nada. Nadie tiene derecho a tomarse la vida de otro, aunque evitar la muerte, no sea posible. Cada bala es un segundo desperdiciado. Morir es la ley de la vida, algunos mueren demasiado pronto, otros esperan impacientemente todo un santo día. Alguien la fabricó, desperdiciando su vida en esa bala. Morir es volverse eterno, como sopa de sobre instantánea, te conviertes en un postre de vitrina, deliciosamente decorado, por el resto de tu muerte. Alguien invirtió dinero en esa bala, otro alguien creyó que era buena idea cargarla, seguramente ese mismo cobarde, apretó el gatillo cobardemente. Morir es sano, es volverse material de conserva, preservados en nuestros propios aceites, volverse de repente esa diabetes implacable, que diariamente perseguimos. Esa bala que anima los funerales transmitidos por la tele. Morirse es contemplar todo desde el otro lado del vientre, es volverse televidente, dejando acéfala la teleserie. Esa …

Agradecí-miento

Siento algo de agradecimiento ¿es eso malo? Es un tipo de agradecimiento inédito. Desconozco el destinatario. Dios no es. Muy cursi como para intimidarme. Es como el racismo, está ahí. Todos somos racistas, aunque algunos aparentemos más o menos bien, así como somos agradecidos, aunque no lo demostremos, porque no sabemos hacerlo. Me declaro único responsable, de todo acontecimiento del que fui protagonista. Venero cada canción que me enseñaste a escuchar. El significado de esa fotografía que cambia con el paso del tiempo. A los once años de edad, borré de mí, esa mirada anunciante de desastres. Mi papá sabía reconocerla. Yo no. Era un momento limpio, casi vacío de todo. Me sobrecogía sobremanera su alegría, no escatimaba en andarla espolvoreando por ahí. Veinte años y tantos otros vacíos nos separaban, aparatosamente. Que cada ser humano crezca a su propio ritmo, eso provoca el desorden. Supeditados a extinguirnos cada atardecer y reinventarnos prepotentes cada nuevo día. La vida se reduce a la lucha eterna frente al espejo. Esas diatribas fuera de micrófono, con gritos de ninguna guerra. Oscuros …

La gente es idiota

Insistes en preguntarme. Yo no tengo tus respuestas. Lo único que te puedo asegurar es que la gente es idiota. No lo digo yo. Lo dicen los perros. Cada mañana cuando salgo de casa, me enfrento a ellos. A los idiotas. Están en todas partes. Gobiernan naciones. Existen solo para recordarnos que la gente es idiota. Porque lo son. Circulan por las avenidas más inesperadas, en busca de nada, sobre todo felicidad. No tienen un color de piel definido, son algo que esperan ser algún día. Lucen su odio propio, a flor de piel. Se disfrazan con ropa que otros eligieron por ellos. Así son los idiotas. Casi no son gente. Los llamamos así por cortesía, porque no llamarlos así, nos volvería como ellos. Algunos no saben que lo son, esos, son los más idiotas. ¿Eres el culpable de que alguien haya perdido la fe en la humanidad?¿Por qué me preguntas eso? Porque no tengo nada más que preguntar. Porque no pregunto lo que quiero saber, sino lo que sé. ¿Eres responsable de que alguien …

Los antepenúltimos

Somos los antepenúltimos, no somos legión, no tenemos religión, somos políticamente discapacitados, no confiamos en la intelectualidad de las élites, encontramos el avión en el que fuimos discriminados a bordo, entiéndase bien, no somos de ninguna generación, no usamos leva, cometemos perjurio solo si un caso extremo lo requiere, conocemos la cárcel superficialmente, cultivamos cuerpo y mente a nuestro ridículo modo, concretamente estamos perdidos, creemos que basta con culpar a generaciones o administraciones anteriores, que el karma se encargará, bla bla bla, no hablamos de más, interpretamos el concepto ‘medir las palabras’ pero nos cuesta implementarlo, nos gusta construir sobre lo que otros dejaron destruyendo, sabemos que llegar segundo no es perder, si tu intención era llegar segundo, Cindy Crawford fue un símbolo de nuestra crianza y no «El Che» Guevara, creemos que la política es un mal necesario igual que la muerte o el reggaetón, cantamos en el idioma que nos da la gana y eso no nos hace ni más ni menos patriotas, buscamos en google sin saber lo que buscamos, no necesitamos …

Vomitándonos

Voy a decirte algo prematuro, intragable. No va a regresar reciclado, por arte de magia, no dejará de ser un disgusto porque chasquees con más ímpetu. Después de escucharte, siempre voy a vomitar, soy la aduana entre tus arterias y las tuberías, podríamos hablar más seguido, podrías contarme quien se ha muerto, llorar juntos antiguas penas, prorrateadamente. Abrazarte conforta. Es como quedar envuelto en un halo de optimismo inoxidable. Me expulsas por la ventana, mosco enajenado, de exilio inicierto, en el camino pienso, que esas mismas decisiones que incitaste en mí, son las correctas. En lugar de sentirme condenado, me fusilo y no por nada, lo descubro a solas, camino a casa. Paulo Coelho me sofoca en un autobus que viaja sin frenos a la mismísima mierda, dejo de leerlo, para siempre. Escribe todo lo que pase por tu mente, me dijeron, todo sirve, incluso esas frases que crees que a nadie afectarán, esas que descartaste sin honor, esas indescifrables, esas que murieron de sobredosis camino a la papelera de reciclaje. Es cuestión de paciencia …

Soñando impropiedades

Cuando me dejas sin ti y te llevas contigo, me gusta imaginar que sigues por ahí, que a una distancia imprudente, desapruebas mis exabruptos, te descolocas. Me gusta pretender que me miras, no sé para qué, es mi forma de justificar esta pertinaz desolación, supongo que necesito amarte, no me molesta imaginar que me miras. Invento diálogos que podríamos haber mantenido, los repito en mi mente, interpreto a todos los involucrados, corto, y vuelvo a empezar. Me gusta suponer que lo sabes todo de mí, que añoras nuestros años inmorales, que desde tu exilio me reprendes, que satanizas mis pecados. Me gusta fantasear con que tu mirada sigue fijada a mí, que todavía significo, que pasado no fui, que por las razones equivocadas, aún me recuerdas. Me gusta creer que sientes mi dolor, que físicamente nos lo repartimos, que no pasa un día sin que nos duela, que sufrimos unánimemente. Me gusta sumergirme en la fantasía de que estás, que manoseo tu compañía, cada maldito domingo lleno de inoportunidad. Tengo dos mil catorce amigos, ninguno sabe donde vivo. Me gusta soñar …