Mezcladitos
Foto: Nora Miño. Quito, años treinta. Señora de cincuenta años, de sociedad, sube al bus y le dice al indígena que va sentado: ¡Levántese papito, para que se siente la patrona!. Le da una palmada en la espalda, esa misma que el patrón pegaba, esa que carga cajas de madera llenas de fruta, fruta ajena, esa espalda que lleva por peso, quinientos años de no entender nada. Él se levantó, con su poncho aroma a lluvia y sin prácticamente alzar a ver, casi que se disculpó asintiendo con la cabeza. Nuestro Ecuador está lleno de racismo. Un racismo multitarget, de todos contra todos, una histeria colectiva para ver quién es el más humillado y/o el menos fracasado. Varias generaciones que creen haber nacido en pesebres ‘boutique’ y tienen el ‘longo/indio de mierda’ en la punta de su lengua racista, tal vez de manera inocente, incluso inconsciente. El racismo se lleva en los genes, pero depende del heredero, seguirlo alimentando o lentamente desvanecerlo. Un buen amigo me dice que sus tías son racistas, todos tenemos en nuestras familias, raíces …
