¿Y si somos las personas equivocadas? ¿Y si las personas que llegan a nuestras vidas son las equivocadas? Me gusta porque me da chiste. Aceptar que uno está equivocado es un propósito tan complejo, que hay gente que muere sin saber que murió equivocada. ¿Cómo más se ocupa un espacio que nos corresponde si no es por decisión propia? La clave de la creatividad está en el afecto, la clave del afecto está en la creatividad o qué sé yo. Las redes sociales que nos ridiculizan en público sin salir de casa. Los niños vienen con un nuevo chip idiotizador. Cuando invento palabras pienso ‘así se escribiría, si es que se escribiría’. Cambiar de amigos por unos días. Ya vengo, voy a salir a la playa a gritar. Mirar mal. No basta con estar vivo. Morir no es importante. Quitar el sueño a los fantasmas. Asaltar bandidos. Comerse el mundo por equivocación. Bailar a ciegas. Escupirnos agua en la cara para de la esquizofrenia reír del espanto y abrazarnos para sentir un poco menos de soledad. Nítidamente uniformados no presumir que tenemos miedo de salir al mundo. Cadenas de correos que traen buena suerte. Adoctrinamiento barbárico de siglos aún. Personas equivocadas sin ojos dibujados y con corbatas recién atadas. Siempre hay un colombiano. Bloquear a Cuba. La muerte de Fidel. Un Jesucristo decepcionado, un Dios de vacaciones, una virgen desnuda, un cura violador, un siniestro en progreso, insuficiencia de momentos de relax. Me gustan los lugares estratégicos, me gusta la guerra sin muertos de este carnaval. Aguacero de malas ideas. Humillante tormenta.
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Cuando los días parecen otros
Estar vivo es novelesco. Rendirse talvez muerto. Vivir = rodar. Morir –> indefensión. Vivimos a velocidades disformes. Morir para confirmar teorías, consolidar posturas. Vidas supeditadas al tamaño del rol. Muertos todos somos intrascendencia. Leer al revés la historia de nuestras vidas convulsionadas, no merecer genética, sangrar por los complejos, autoevadirnos. Muertos llorar por los vivos. Vivos que viven tranquilos, sin más. Morir en el aeropuerto de un ‘duty free’. En esta vida no seré capaz de interrumpir tus errores. Muerte candorosa que malinterpretas esta serotonina beligerante. Vida para vivirla junto a ti. Mortandad que generas vida. Vivencias que provocan esquelas mortuorias.
Serranías y desprendimientos
Lo más difícil es distinguir. Cuando somos materia envuelta en pañales, tardamos media docena de meses en reconocer conocidos. A la vejez los volvemos a olvidar. En el proceso los confundimos. La vida se trata de descubrir quiénes son los malos. Ubicar a los buenos es un poco más sencillo. Así es la guerra. No sabes quién es tu enemigo hasta que lo tienes respirándote a media pulgada de la nariz, apuntándote con un fusil AK-47. Apuñalando distancias en el camino. Acortando diferencias hasta que nuestros cuerpos se fundan y evaporen, en las puertas del calor. Inventar un juego en el que no sea opción perder. Comer Sandry por despecho. Tildar sólo como acto de nostalgia. Olvidar la plata. Exabruptos ortográficos. No morir sin dejarle a alguien las contraseñas de nuestras redes sociales. Procurarnos. Subdividirnos. Elaborar, desarrollar y ejemplar. Usar palabras con tantas acepciones que nadie pueda descifrar lo dicho. Llorarte frente a extraños. Demorarse un milenio en subir y bajar de la cima. Inventar palabras con la esperanza de que el diccionario las defina. Inventar palabras con la esperanza de que el corrector no las detecte. Sublimar tus granitos de arena. Salir de paseo contigo a la plaza donde el pueblo alguna vez sangró por sus raíces. Podrirnos de la depresión. Desprendernos. Desprended.
Niños dementes
La paz siempre está a la mano. El creativo que bautiza los operativos de la policía. Pocos queremos en la guerra estar. Y cada día empezar una nueva vida, para no perder la costumbre de perder la costumbre. En el silencio nadie quiere interrumpir. Nos tratan como a empleados de McDonald’s. En el caos todos somos mediadores. El 20% de las veces que me siento bien, son por error. En la oscuridad todos somos iluminados. Me encanta cuando nunca suena el teléfono. En el resplandor no queremos parecer opacos. Nada es igual, las cosas siguen así aunque nadie quiera. En la nostalgia todos somos recordados. Rezar y no para que escampe, llorar para estar ausentes. En el olvido no vive nadie. Pelado descarriado, escampa un rato, bájate del tanque, palabras feas como «igualmente». En la muerte todos somos figuras. Es el hecho de que una parte de la historia esté basada en supuestos. En la vida nadie. Buscando bien, todos estamos en la Biblia. Embrutezcamos para disimular nuestra irracionalidad. En el fuego todos nos apagamos. Todos somos excelentes actores/actrices si no nos avisan que nos están filmando. En las cenizas todos somos incendiarios. Aquí el agua cuenta como espacio verde. Siempre estamos preguntándonos esquizofrenicamente sobre el origen de todo. Niños dementes en la antesala de la lucidez. Estoy listo para tratar de sobrellevar este instante que acaba de pasar delante mío. No a la defensa ciega del apellido. Me harté de salir de mí para volver a encontrarme solo a la intemperie de este gentío tan lleno de vacíos saturados de esta ausencia de todo. No al ataque a mansalva a lo desconocido.
aDICCIONario
Revolución: Tiempo demasiado largo como para quedar atados en un shock. Shock: revolución instantánea sin filtro, con efectos secundarios irreversibles. Temporal: que dura según su propia noción del tiempo, en algunos casos puede ser para siempre. Siempre: efecto multilateral destructivo que afecta mortalmente sin discriminar. Discriminación: amar de otra forma, al revés, rechazar sin medir el karma. Karma: mochila que te acompañará en todas y cada una de tus reencarnaciones. Reencarnación: verdad absoluta que te dictará en qué embarazoso animal nos convertiremos al morir. Muerte: escena fatal en la que dejamos un espacio vacío en algún lugar. Lugar: ubicación en el espacio que es llenada a la fuerza por la presencia de algo o de nada. Nada: tarde soleada y de soledad en la que representamos un ser compulsivo y consumista que no somos.
Tiempo de otros
A esta hora alguien está perdiendo un avión, alguien regresa de un viaje en el que otro alguien le dijo que no lo quiere volver a ver, alguien tiene dolores de parto y un hijo no deseado en una sala de espera, alguien está abortando la misión. La sutil diferencia entre diversión y dolor. Esa fijación con el tiempo. A esta hora alguien está siendo discriminado, alguien pierde una oportunidad de esas que nunca se repiten, alguien dejará pasar un tren y alguien no. Las horas que pasan son minutos descomprimidos y esos minutos desmenuzados, segundos. A esta hora alguien creyó que perdió por terminar en segundo lugar, alguien murió sin saber y alguien sin saber que murió sin saber. A esta hora están despachando un paquete que nunca llegará a destino, alguien perdió su identidad, a esta hora nadie reconocerá a ese soldado caído, a esta hora una puerta se abrirá sin que nadie así lo haya requerido. A esta hora un niño está siendo desconocido por su papá, alguien está sirviendo un bajativo en Sri Lanka. No me gusta nada que dure más de un día, una hora es tiempo más que suficiente, en un minuto todo se puede arreglar y en un segundo la vida se puede arruinar por completo o se puede en un segundo completo, simplemente renacer.
Enconoso [Espérame aquí]
Sales del viento vibrante de un vibrato que absuelve pesadumbres, emerges como emergencia evacuado de una nube que nunca priorizó firmamentos. Te patean las canillas y te roban todo excepto lo menos trivial y sigues. Porque no sabes detenerte ante otros, sigues, porque la ventana que dejaste abierta es suficiente y siempre lo fue, sigues, porque no hay impuesto para el que sigue, sigues. Tal vez me dijo espérame aquí, tal vez no nos volvamos a ver jamás. Pensé que nadie me robaría a ti, todo menos a ti, tal vez me equivoqué. Perderte es desolador, veo con desprecio la gente pasar, siento que el tiempo corre derramando sangre. Veo finales violentos, veo la hora y leo una diferente, soy abstemio, huelo a nada, me desplazo a otro aeropuerto con los ojos abiertos, me parto en diez, en diez pedazos de soledad, de una soledad rotunda e imperecedera. Muero con cada bocanada de aire putrefacto, me acribilla cada gendarme hijo de las mil putas que pasa a mi lado con una prosa versallesca. Me siento perjudicial para mi salud, siento que me desinflan los penúltimos versos que escupen mis dedos. Te veo venir en cada bamboleo de una maleta, en cada sonrisa protocolar, en cada insulto que me atraganté, en cada tambaleante segundo de este día que el calendario olvidó omitir. Me dijo espérame aquí, esa es mi última esperanza, me dijo espérame aquí y pon en mi lugar un café libre de azúcar, pon ahí donde me sentaba yo, una canción que no hable de nadie en especial, un alimento que podamos explicar y un montón de incontables rosas rojas sin código de barras. Me dijo espérame aquí que esa es mi última esperanza y no la pienso descartar hasta que venga alguien y me diga que ese tarareo de ruedas de maletas de viaje no eres tú, y no soy yo aquel esperándote. Hasta que venga el ángel de nuestra guarda y nos reviva de este boceto malogrado. Te espero aquí y no porque no tenga más que hacer pero porque sólo sé esperarte, me he vuelto una sala de espera de tus regresos. Ansío abrazarte para quedarnos atorados hasta que la muerte nos separe. Si me voy de aquí no sabrás donde encontrarme cuando vengas a buscarme como prometiste. No me voy de aquí porque ya no sé si me dijiste espérame aquí o se convirtió en mi verdad de tanto repetirla. La angustia produce nauseas y la nausea engendra traumas que a su vez provocan infancias desparramadas al frente de estos ojos que te quieren ver aunque sea de forma borrosa. Lo último que quise que me dijeras fue saquemos adelante nuestras vidas y así lo deseé. Te lo juro por la virgen más sagrada, en el convento menos monoteísta, en las galerías deprimentes de este viaje que no veo la hora en que termine. Te suplico le adjudiques a este cuerpo flaco, viejo y tembloroso, un cupo en ese avión que perdimos cuando sentimos culpas de otros, un asiento en esa larga lista de lugares mágicos que querías que te lleve a conocer, pero que no fue posible en esta vida. La peor forma de morir es aquí sentado, en este sitio ruin, en el que me dejaste sentado y me dijiste espérame aquí. Esas pistolas jóvenes que rondan esta inexperta guerra que los coroneles novatos no pudieron cortar de raíz. Ya no sé ni qué mierdas escribo. Cogimos tantos trenes que derivaron en tantos estados de ánimo desaprensivos que a su vez ingirieron tantas y tantas drogas de prescripción. Espérame aquí.
Epitáfico
Yo no me quería morir así sin preguntar. Agradezco haberlo hecho sumido en el desconocimiento. Me arrepiento no haber gritado más en la calle. Y no saco pecho de haber opinado cientos de veces sobre banales trivialidades. Cuando moribundo saqué cuentas, me vi enfrascado en este intenso trip que es morir. Mi herencia son estas palabras, no dinero, no rencor, nada que injustificadamente, carezca de color. Te dejo vagos recuerdos del pasado, que para eso nadie es inútil. Voy a pedirte que me recuerdes exclusivamente cuando no tengas en qué pensar. Secretar ya no tengo qué. Ahora soy libre de una forma inadmisible, sin fronteras, pasaportes y banderas. Ahora sí soy lo que quiero, hablo como puedo y me mantengo en pie sin buscarlo. Sé que te conozco porque alguien te mencionó alguna vez en una conversación. Morir es una microtragedia estrechamente relacionada con el no saber vivir. ¿Me estás preguntando? Estos suspiros son de rebeldía, de muerte.
Bio
Aquí. Planeando mi autosecuestro. Aprendiendo a poner. Los puntos. Seguro de tan poco. Llorando la muerte de humanos que no conocí. Presintiendo solamente. Porque me sobra tiempo. Porque no dependo de tus manecillas. Porque me criaron con colores sugerentes. Porque a madurar no me enseñó nadie. Rutina discoidal para rencauchar.
Allá. Donde nadie nos reconozca. Donde el sol sale por default. Donde los niños nacen incorporados a los gadgets y sin creatividad. La gran estafa de la universidad de la vida. Cuando en escena salen chispas. Esos golpes que dejan llagas que a su vez dejan capas de ozono que dejan espejismos. Mitos y mitas.
Acá. Donde el que objeta traiciona. Porque las amistades son ráfagas. El eco un insonoro vaivén de desaires. Donde aún nadie se ha muerto. Donde nacer es limitado derecho. Donde caerse muerto antes que llegue ayer. La información que disparas, si al menos consecuencias pensaras. Porque es injusto juzgarte. Como si algo fuese justo solo porque alguien dice que lo es.
Allí. Donde nadie somos. Donde el nombre desaparece de la cédula. Donde son ajenas las costumbres. Donde no hay coyuntura de uno. Donde las calles llevan nombres de desconocidos. Donde no nos incomoda el silencio. Donde reaccionar no sabemos. Donde con miedo queremos ocupar nuestro lugar. Donde morir no nos vamos a.
¡Al carajo!
Convulsionemos. Basta con escuchar las cien canciones más populares del año en el que naciste, para sentir sonidos familiares. Neguemos al sueño. Ignoremos el hambre. Reneguemos de nuestros apellidos. Pongámonos la máscara política que no permite saborear ocasos ni distinguir silencios. No todo importa del todo. Caigamos rendidos ante el alcoholismo y la impuntualidad. Volvámonos locos despacio. Suframos de desgracias ajenas. Hagamos el silencio. Corramos a arruinar nuestras vidas. Vulneremos nuestros miedos. Borracheras desmemoriadas que nos arrancaron todo: sobriedad, virginidad, cordura y/o etiqueta. Sin ton ni son desvariemos hasta el límite entre estar y salirnos de nosotros. Basta con fallarte una vez en la vida. No importa el resto. Me cansé de tolerar. ¡Al carajo! No hay peor miedo que el miedo al miedo. No importa nada.
Presunciones
Estoy un poco enojado, contigo, conmigo, sin nadie. Doy a luz y derrumbo lo elaborado, en un abrir sin cerrar. Dejo a medias lo incompleto y sucumbo ante tan inconsistente humanidad. Poemas de centro comercial. Yasunízate y desyasunízate. Represión con bombas de pintura. Desaparecerlos a todos como corrigiendo un cuadro borroso que el tiempo no quiso permitir que perdure. Siempre será una buena inoportunidad desempolvar temas prohibidos. Nuestras apócrifas y antonomásticas ganas de mandar todo al carajo. Desmentir al canalla que nos deja robar. Desmontar la parafernalia que nos esté impidiendo llegar más allá. Los cientos de miles de acepciones de la palabra lejos. Me han cambiado. Por otro. No en el hospital. En la calle. Fue un accidente. Casi. Nadie se quiso meter. Me cambiaron por otro más canoso, lleno de achaques, de florecientes traumas, sometido y de cara larga, menos inmaduro y más motocicleta. Sin miedo a los libros de animales, a las palabras muerte y cáncer, sin miedo a nada, al adiós, al abismo, al infinito, a lo efímero, al significado de la vida, a estar solo, a Dios, a ser grande, a crecer, a abandonarme, a saltar, a los deportes extremos, a que se acabe el pan, a que se acabe este momento, a que me lleven preso, a que me saquen libre, a que me fusilen por error, a que me lleve el viento, a que me ahogue el mar, a que me den por muerto, a que me supliquen que vuelva, a que nadie me llame nunca más, a que me saqueen las entrañas, a que me operen sin yo saberlo, a que lo vuelvan a hacer una docena de veces, a eliminar a mis padres del facebook, a llorar de gula, a reír como tonto, a que me pidan cosas que no pueda cumplir, a que me proponga metas que no me pueda dar el lujo de desconocer, a no volverme a hablar con mis hijos jamás, a que me desconecten estando vivo, a que me entierren sin haber vivido, a que me olviden sin haberles regurgitado antes toda mi verdad, esa que le es ajena al resto del mundo, esa que no coincide con ninguna otra, esa que me convierte en el que soy, esa que no conozco, esa que habla por mí, esa que sale cuando nadie la llama, esa que me hace quedar mal y me enorgullece. La música clásica a todo volumen y con audífonos como concepto de censura previa. Libertad de mierda.







