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El amor que te tengo

#137El amor que te tengo prefiere ser satelital, retobada y sincopada sub energía que agravia, que no permite acontecer, como si para hacerme daño volviese mi locura, infestando a terceros, que involucrados nacieron, testigos no serán, de inmortal batalla ninguna. Más vale dejar que te acompañe en tus tan lentas y marginadas caminatas, el amor que te tengo aparta todo el tiempo para después, sin explicaciones por escrito abandonadas, para que quien no corresponda no trate de entender, la noche entró en razón en ciudad gasolina, desbordados de información exigua, aptos para odiar siempre, tueniforsevenDescapitalizadas playas de lúgubres toxicómanos izquierdosos durmiendo donde la noche les fuerce, cápsulas para rejuvenecer pasatiempos, en droguerías indecorosas urgidos de estómagos entrelazados y autocombustionados mentecatos, confiados como parásitos; en el amor que te tengo. Sueños de anarquía, que todo sea la burla de uno, con la sociedad conservar distancia, cuando se me antoje escapar de cualquier situación engorrosa, y por el amor que te tengo, ignorar cuando se me antoje a quien se me antojase. Licuar nuncas y siempres con mucha fe en playas de cuerpos obcecados con hipermillonarias letras jotas y ces cohabitando entre intransigentes monólogos multilingües, en la vanguardia de las horas bajas, de los sin plaza, de los arrepentidos que ninguna luz siguieron, el amor que te tengo es blanco, y es negro, es anarco liberal y se obtiene de las raíces del rompecabezas de un árbol que no entiende, si hubiera requerido de determinada aprobación, hoy sería otro, carecería de romerías en blanco, cines por demoler, catalnicas mainstream procastinando, y es que me hubiera quedado en cualquier hotel, no en el de los dealers, en cualquier otro, el sociópata que te dedica esta guerra. Siempre tuyo, el amor que te tengo.

La gente se va

#136Agradezco tus desvaríos y desplantes, me inspiras, lléname de ellos. Haces que reconozca en mí ciertas fibras de las que desconocía haber estado hecho, colaboras sin saberlo en mi autodescubrimiento, eres copartícipe de mi crianza tardía, aquella de la que nadie quiere hacerse responsable, la desilusión se aproxima encarnada en un autómata y desgarbado anciano, que siempre que regresa a ver, lo sucedido ya es pasado, y la gente se va… El futuro no está en el calendario, mis fuerzas son dependientes de la incertidumbre perpetua, que ocaso no se resigna a ser, porque después tendré excusas de sobra para regodearme en los fracasos que me obligo a sufrir, derroteros para sucumbir ineluctablemente, la gente se va/la gente se va, sin saber el pretexto ni a dónde, no se van para volver, la gente solo se va. No quiero tener nada que ver con tus fiestas panfletarias, alferecías al utilizar la frase «hace diez años ya de eso», durante décadas, la gente se va. A la mierda o a la tienda, al casino o la fila del banco, a amancebarse o a indisponerse consigo mismo, a morirse o a retoñar, la gente se va o se va. No se queda a esperar, con dudas como ráfagas perversas que delante suyo cruzan, la gente se va sin dejar que nadie vea su cara cuando se va, se van hasta la puerta y cuando parece que ya se han ido un tiro por poco los detiene, esa gente que se va se convierte en conversaciones, café y anécdotas, justificaciones de los que se quedan para sentirse superiores por haberse quedado, porque quedarse al menos es; no haberse ido. Quédate chucha, nadie se olvidó de los que se quedaron, si te pudiste quedar a tiempo nadie va a recordar que te ibas, si regresas después de trabajar cada día puedes prolongar a plazos tu permanencia, cambia de estilo tu vestuario, inmortaliza las conversaciones sobre ti, no te vayas carajo, tú mismo te metiste en esto solito, restriégales tu estadía en las malditas reuniones familiares, bésales y déjales marcadas las mejillas, no te vayas temprano, quédate hasta que sea incómodo, prolonga lo que más puedas tu estúpida presencia, quédate para que puedas decir lo que todos quieren decir: yo estaba ahí, yo no soy de la gente que se va, a mí nadie me lo contó, la gente es la que se va (…)

Democracia que defienden

#135

se calientan las calles que son nuestras y que son de sus ocupantes de las viejas con cara de cartón de los obreros disfrazados con cachemiras de otras galaxias y que comen frío o viento o cualquier huevo frito que se sirva en ese momento ya se calientan las calles con el humo de la desesperanza y la impotencia que consigo misma no se alcanza mientras en otro lugar distante y ajeno a nosotros se fragua todo y cuando decimos todo nos referimos a absolutamente todo porque ya pasó la época en la que de algo servía la calle y te decían de nada yorgüelcom con esperanzas de geriátrico y alegorías de microtráfico ya se calientan las calles de rosas y estiércol que huelen a húmedo o a quemado y nadie puede interpretar sin antes reiniciarse si algo de esto realmente ha pasado los niños guardias de seguridad la inundación de argumentos de la puteada de mandarte a callar porque sí porque no quiero escucharte te bloqueo te silencio te elimino te suspendo te corto te muteo de nuevo te puteo y enseguida y como colofón te bloqueo de nuevo por si acaso me molesta que te expreses así insisto así porque si lo harías de otra forma tal vez no tendría problema pero mi problema soy yo al fin de cuentas no puedo tolerar la tolerancia que me pides no concibo que ejerzas tu derecho a comunicarte con eso que llamas mensaje no me trago el cuento de que sigas con vida a pesar de lo prolife que suelo ser qué democracia defienden descartables signos de preocupación que se desconfiguran al doblar la esquina soy lesbiana y no exijo nada más que los sobrentendidos en qué se hallan qué hallan en vuestra frenética muchedumbre fantasmas de las próximas elecciones qué democracia defienden propietarios de la nada paladines de su absoluta razón sin contradictores cuya violencia es prueba de que rompen a llorar bajo la ducha y son menú de niños energía conspirativa que la próxima guerra así como la actual reposen en su bagaje lozanos vigilantes de criolla experiencia de pedacitos de pescado fresco entredientes se calientan las calles y qué democracia defienden pregunta una vecina de másacacito lo hace despacito sin que nadie se despierte no ahora pero nunca hasta que se enfríe el asfalto y se aseen las veredas y diosnoquiera se recoja algún cadáver en nombre de qué libertad

Oh dios

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(1) Se me borró todo lo que había escrito. Estuve a un dedazo de publicarlo, pero mis editores (sus ánimas) lo impidieron. Es el dilema tecnológico de los que vivimos hoy en día, entre la máquina y el hombre no hacemos uno. En fin. Elegiré un tema, empezaré, y me dejaré llevar, como siempre hago. (2) Iba a hablar de Dios (en el escrito original), no entiendo por qué últimamente se me da por hablar de él, o ella. Tengo una fijación con Dios, si escribo su nombre con minúsculas siento que alguien vendrá a crucificarme, y cuando hablo con él, siempre tengo preguntas, exclusivamente preguntas. Dios debería ser una mujer del África. Muy probablemente lesbiana, con alguna capacidad diferente como por ejemplo: no vidente. De una religión minoritaria digamos, atea, y habitaría (según yo) en el país más pobre del mundo, en este caso, la República del Níger. Habría perdido a sus padres en una guerra que jamás tuvo sentido, no contaría con ningún servicio básico, ni educación, peor salud. Jamás habría pisado una escuela o leído un libro, trabajaría para una multinacional (tal vez gringa) y su empleo seguramente estaría relacionado con la manipulación de desperdicios (basura) tóxicos y ganaría un par de centavos cada hora, sin un contrato que la ampare, ni beneficio laboral o nada que se le parezca. (3)  Dios: ¿Estás consciente de la creación indiscriminada de otros dioses? ¿Debería parecernos motivo suficiente de satisfacción que al despertarnos sigamos con vida? ¿Quisieras que nosotros mismos seamos nuestros dioses o crees que contigo alcanza? ¿Para qué vamos a la iglesia? Si la respuesta es «para salvarnos» ¿de qué -mismo es que- queremos salvarnos? ¿Por qué hay ciertas acciones equivocadas que solo tú eres capaz de entender o peor aún perdonar?  ¿Debemos agradecerte cada día por considerarnos dignos de seguir vivos? ¿Cuándo es tarde para arrepentirnos de algo, aproximadamente? ¿Existe alguna actualización disponible para que de forma automatizada nuestra bocas pronuncien exactamente lo que quieres escuchar, tal como en los rezos y oraciones? (4) Fin.

Borrego correista asalariado comesánduches

133En Ecuador debimos eliminar la palabra democracia del diccionario, hace mucho tiempo, pero no cuando a Correa Delgado se le ocurrió hacer una cadena nacional semanal para defenderse de la prensa, sino más bien (por ejemplo) cuando derrocaron ilegalmente a Bucaram Ortiz, asesinaron miserablemente a Roldós Aguilera o cuando la banca en complicidad con el estado asaltó a los ecuatorianos en 1999. Una vez cada dos o tres años cuando acudimos a las urnas, nos quieren (volver a) hacer creer en «la democracia». ¿Realmente sirve de algo que nos obliguen a votar? Vivimos amenazados desde 2007 con que desdolarizarán la economía, «venezuelizarán» el país, replicando mentiras y rumores falsos en grupitos de indignados, en audios que circulan por WhatsApp tratando de convulsionar el país con un nuevo feriado bancario, intentan imponer el imperio del miedo (la doctrina del shock), mientras allá afuera el mundo entero reconoce los logros del proceso ecuatoriano y según mis cuentas son diez años de avances en: derechos laborales, inclusión, reducción de pobreza y desigualdad, infraestructura, acceso a salud y educación, por nombrar algunos.

<<Estoicamente hemos soportado diez años de un Presidente, que sino fuera por las descalificaciones de los sábados, hasta seríamos capaces de reconocerle alguna que otra obra buena que se va dejándonos>>

Me siento tranquilo por haber sabido reconocer lo bueno de esta «revolución» y no andar destacando solo lo malo, como muchos otros hicieron, sí, a ti te digo. No me cabe en la cabeza votar a un militar, un banquero o una socialcristiana, no me sentiría a gusto conmigo. Los altos niveles de ausentismo e indecisión dicen mucho de un país que no quiere volver a ser víctima y victimario de su propio pasado, que no atina a resistirse, al que le gustaría escapar de sí mismo, como quien se escabulle horrorizado de un fantasma y despavorido acelera ciegamente sin consultar el retrovisor. Voté por León Roldós en 2006 y de ahí en adelante apoyé al gobierno, y no, no me arrepiento. Por si acaso no apoyo la corrupción, de ser así, entonces todos la apoyaríamos, ya que la política y la corrupción son lo que para Einstein tiempo y espacio, inseparables. Nunca me metí tanto en política como durante esta década, y lo más probable es que pronto deje de meterme, ya que me he llegado a cansar, pero es que darle el poder a estas alturas al otro bando, no sería más que un ignominioso haraquiri. Y sí, votaré por Lenín este domingo, nunca lo oculté, y es que es el único candidato que me motiva a no querer votar nulo de nuevo (como hice durante doce años). Me han dicho de todo: asalariado, que estoy en la argolla, borrego, etc… pero no me voy a ofender, ni renegaré de mis ideales. Hace veintidós años que «trabajo» en medios de comunicación y es precisamente desde 2008 que me siento más apreciado ¿asalariado? ok, lo fui un tiempo ¿borrego? ¡seguro! ¿por qué no?  El socialismo triunfó en Ecuador, supongo que eso debe doler, aquel que no quiera reconocerlo, no ha visto el panorama desde afuera, sino solo desde Facebook. El propio FMI reconoce al neoliberalismo como un error, sin embargo más del 30% votará por ellos. Dicen: «Como hay plata del petróleo se hizo obras»: pero los precios del petróleo han sido buenos en otras épocas también, si tomamos en cuenta que éramos menos habitantes, el costo de la vida era inferior y el valor del dinero también. Repiten: «La sociedad queda dividida» vayan y pregunten a sus abuelos como era la relación entre velasquistas y el resto. La obra es innegable, repito, aunque no lo haya dicho antes, innegable. El problema ecuatoriano no es Correa o Lenín, somos nosotros, que nada nos contenta, que siempre buscamos infamar al prójimo. Desde ya les digo: nosotros no vamos a elegir presidente, lo harán los beneficiados por la gestión del correato, seguramente gente que no conocemos, unos pocos tal vez sí, pero la mayoría del Ecuador profundo, de la frontera con Perú, del Manabí convulsionado geográfica y políticamente, aquellos con capacidades especiales que hoy ya pueden estudiar y/o trabajar, becarios que no pueden creer dónde estudian, o qué sé yo. A esos indecisos un mensaje: lloraremos por haber elegido mal cuando veamos privatizada la vida, retrocedido lo avanzado y los pobres otra vez, los más afectados. ¿Alguna vez se pusieron a pensar en que más de la mitad de los ecuatorianos eran pobres? ¿El domingo van a votar por ustedes mismos? ¿O por quién?

El afterlife

132(Gaylist) Yo también tengo una navaja suiza que no sé cómo usar, escupo por la avenida aunque cada día me parezca menos apropiado, me da igual cincuenta o un dólar, creo que la única razón para no pagar una deuda es no haber calculado bien antes de contraerla, me gusta el maquillaje del payaso, dejan la leche de vaca y no la mariguana, abandonemos al empresariado en su miserable desgracia, esa cara y automóvil de funcionario público wanna be asambleísta wanna be exiliado en Panamá… Anoche había una foto de la luna esperándome en el cielo, no la tomé. (Gospel greatest) ¿Por qué te gustaría juzgar hoy? ¿Por haber probado un sinnúmero de drogas y haberse enganchando con alguna? ¿Por haber experimentado con su homosexualidad?  ¿Por no tener religión y huir de rezos y novenas? ¿Por motivos de pudor? ¿Por poder decir lo que piensa mientras tú no? ¿Por hereje? En las iglesias me vuelvo disléxico/hipocondriaco, parabrisas-nublar, llantas-insensibilidad, no sé de lo que hablo, mi relación con Dios es: «aunque reniegue de él, sé que cuando mis angustias me superan, ahí está». (Space sounds) Los personajes mueren en un orden premeditado por nadie, empezando por la nieta que estuvo en el vientre de su abuela materna porque algún Dios del espacio así lo quiso. La trama gira en torno al chullita de barrio que quiere salvar el planeta para así poder lucir su espada varonil en un afiche mal pegado a postes con olor a putrefacto pipí. (Mid Depeche Mode) Me gusta el transporte urbano masivo, gasto poco, llego sin trancones, pero en Quito hay un defecto, no hay dignidad, te humillan a las patadas y nadie dice nada, el usuario se acostumbró, es lo normal. Ódiame con todas tus fuerzas mientras me convierto en intolerante a tus frases enlatadas, iremos fabricando poses/saludos mientras mantenemos interacciones sociales innecesarias,  que se debieron evitar, necesariamente. (Mr. Juramento) No dejes que me quede a vivir tras esta mesa de billar que no sirve para otra cosa más que para asentar esta cerveza cuyo sabor se mezcla con un gusto a jarabe de azúcar de un altísimo grado alcohólico y descomunales dosis del más puro y refinado; dolor. Desgarraos los unos a los otros hasta convertiros en radiografías andantes de lo muertos que estais en esta vida, ni remotamente parecida a aquella que seguramente añorareis en el afterlife.

El fool a full

Obligatorio destino único que compartimos todos. Por pies adoloridos guiados, con manos que donde meterse no atinan. Asegurable vida que mientras tanto vivir pretendemos. Menesterosos del poder que creen ser una nueva persona cada amanecer. Ausente predisposición a que cualquier extraño te trate con amabilidad. Gánsters de procesiones internas y pírricos lucros por el autocontrol dominados. Intermitentes ojos que me despierto ansioso por desentrañar. Malditas viudas de la orfandad dominguera de lunes hitchcockianos de pájaros en los ojos y lapidados pollastres. Incapaces de afrontar no un funeral sino despedir enemigos con dignidad. Atolondrados bisoños llenos de basteza que no merecen ser humanos. Humanitario puzle de orquestados siniestros que naturales provocan desengaño y que desencadenados por el hombre luto con sed de venganza generan. Alelados vástagos gobernados por niñitos dictadores en la era del quechuchameimportismo fusilados cada tarde en los cuatro paredones de su mísero lar. Enseñarte quisiera a diferenciar bien de mal y que estén siempre tus principios primero, mas no al revés. A definir de tus prioridades el orden quisiera ayudarte para que por más mareado que te sientas jamás las puedas confundir. Que sin hablarte entiendas que en las acciones y no en el lenguaje tu aprendizaje espera por ti. Que ensordezcan las imágenes y que mil palabras no alcancen para hacerte entender. Ir al mismo lugar, como todos, sin facultad.

 

 

 

 

Pardon my french

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What is really left of me? ¿Acaso estas piernas plegables que remozan rubicundas, ávidas de recordar lo que se aprestan a vivir? La percepción respecto a ciertos imaginarios evoluciona conmigo, con mis neuronas adictas al cambio, la materia en mi adn se transforma igual que todo el resto de elementos que la existencia tiene en stock. Progresista de los que transmiten en vivo la endoscopía, desde todos los ángulos, hasta que se contemplen las entrañas, y las entrañas de las entrañas. No hay mejor filosofía que lo que hay detrás de ella, no hay mejor filosofía que la que te sale de los cojones. No hay política sin deshonestidad. No hay fijación más idónea que aquella que se presenta con la primera luz del día. En algún momento, de una u otra manera, tal vez hasta sin darnos cuenta, todos somos gays, absolutamente todos, hasta el más homofóbico de los gays, maricones obsesionados. Pecho dentro del alma, sangre bañando el corazón, el cuero cabelludo de las ideas, amarte con toda faringe y esófago, dedos que manejan tu cerebro, tus piernas caminando a un ritmo que sospechas tuyo, la salsa se lleva en las ojeras, el machismo en útero y/o vagina, la soledad en la cholofobia, que todo parezca propaganda, casi nada telenovela, que para escapar de ti te refugies en conversaciones mentales que a veces entiendas, cuando te las traduces. Somos veneno a ritmo de botella, transmisiones en repeat, migajas de lo que anhelamos, seseras sin recursos para deshollinar, atardeceres repetidos que algunos cambiarían por órganos vitales para ver, nubes que anaranjadamente se incendian pero todos optan por hacerse los distraidos, especialmente nuestros execrables héroes. Somos azar de los ovarios recargados de nuestras madres invalidadoras, hijos de nuestros hijos, declaraciones de impuestos suicidas que se acumulan maquinalmente en una carpeta llamada orgullo, engendros de algo, protervos cosos de la nada. Operamos maquinaria llena de cargas familiares on the rocks. Sonámbulos de un patíbulo comercial, fantasmas con achaques de centro comercial, mercadería barata imitación de aletas de tiburón, jaquetones cercenados para los que algún día fue gratis aletear, ignorando direcciones que solicitamos, desperdiciando esas oportunidades que si hubiéramos estado esperando tal vez hoy seríamos otros, en otra París, con ropas distintas, con cuadros clínicos usurpados, sin rastro alguno de la cara que traíamos nuestro primer día en este planeta, empachados de acongojantes muertes, sin religión que nos convierta al racismo. Estafas masivas que con tiempo y aguas es imposible que nos conviertan en peores seres humanos. Manzanilla.

Anzáyeti

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(Foto: Nora Miño) Turistas de nuestras epifanías, con pavor a que no nos convenga ser como somos: la tripa del pescado social viviendo en una caja de fósforos. (Cada vez me ruboriza menos corregir al auto corrector y no se diga a los hijos de puta de la Real Academia de la lengua). Si no sobrevivo, será literalmente una verdadera pena. When is the next end of the world announced? ¿Cuántas generaciones cargarán con el peso kármico de cada uno de nuestros actos? Nadie pidió ser destripado a plazos, o esa aflicción preadquirida que cada mañana -con algún esfuerzo- ignoramos. Tengo alergia a los tributos, remakes y a las copias de las copias de las copias, siento nostalgia por todas esas pastillas que pude haber ingerido, esas soporíferas recetas en blanco. Las enfermedades le pertenecen a cada uno, en ningún punto podrán ser intercambiadas, no jueguen con sus medicinas porque podrían mezclarse y curarse, y nadie en este hospital quiere que nos abandonen. Sea quien sea, dile que venga. Arquitectos auto destruyéndose en aras del apocalipsis. Gente por las calles malgastando saliva en palabras que provienen de otras lenguas pero que no sirven para decir lo mismo que tan suave suena en francés y tan contraproducente en cualquier lengua muerta. Y aunque jamás podamos sentir lo mismo el uno por el otro, siempre tendremos mentiras para trocar, obvias razones detrás de las máscaras, por más mal predicamento en el que nos dejen nuestros aletargados alteregos. Médicos automedicándose. Cuando paguen por mendigar. Beber de más y seguir igual en our three men party. Asesinar exclusivamente de acuerdo a la ideología. Todos tenemos un método para alcanzar la inspiración, aunque este sea mirar desenfocadamente la lontananza y ya.

Viaje a la tienda

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Un lugar cuya valía se basa en la huella que dejó el tiempo en él. Respiramos húmedo en búsqueda de preseas distribuidas azarosamente en cajas de cartón a punto de quebrajarse en un suelo de madera cansada. Se siente como un laboratorio clandestino de medicinas que curarían para siempre a soldados de guerras post eternidad, azuzados por el rock de la nicotina y la desesperanza del descontrol. Acordonados por prestidigitadores del autoengaño que les gusta convencerse de que hoy no fue un mal día y que la comida no está gélida, que disfrutan su trabajo y que aman a alguien o que no tienen ganas de mandar todo al carajo. Suicidarse sin más que certezas y penas poco profundas, bastan un par de instantes para dejar de confiar en ti del todo, un trágico resquicio bastará para matarte, invitarte a experimentar nuevos miedos, abrazar de sopetón nuestros propios fantasmas, arrimar al unísono nuestras cabezas en nuestros hombros, como si lo que más tuviéramos, fuese tiempo. El tiempo es una fotografía en la que siempre querremos estar, un azar deliberado que domó al viento, sin dudas o espacios, un caos sabor cereza que no transige con sublevaciones aplebeyadas. Entre lámparas redondas ondeantes anunciando algo fúnebre, me solidarizo con mi karma, con esa sensación de haberte perdido en el camino mientras nos tomábamos un minuto descafeinado con croissants hinchables. Para terminar, fallecer en un cuarto de baño profundo y estrecho con mosaicos verde agua discontinuados, nauseabundo de fragilidades, innecesariamente tibio. Sé que siempre estarás en esas charlas rancias, oscilando junto a alguien parecido a mí, con una laguna que nos alumbre y una luna que nos pringue. Encontrarte alineada, con la edad mental alterada, perdida en mis fotografías. Me gusta estar morado, y después verte. Perdón, verde.

 

 

 

Los pendejos que creen que los pendejos son los otros y viceversa

#127no queda nadie más en las calles todos vamos solos no necesitamos interacción vida en formato express entes simples de mediática recordación y linchamiento inmediato con libros sobrevalorados experiencias borrosas todo más corto neblina pasajera lecturas de quinientas palabras soledades tumultuarias videos de máximo dos minutos retórica antediluviana no hay tiempo hablándonos a nosotros mismos ablandándonos ante una multitud de desconocidos ocupados dejando de ser nosotros con la esperanza de que alguien te haga el más mínimo caso engendros universalizados ese neurólogo que sin saberlo no dejó que lo ignorara con teléfono inteligente dinamitándonos la visión encadenar frases al azar hasta que formen un todo con algún sentido o un algo con ninguna significación con la urgencia de tuitearlo antes de vivirlo en lugar de irte a ver te hago canciones es mi estúpida forma de quererte al menos es mejor que cuando no existías y no te hacía canciones ni nada ni bien acabamos de cagarla buscamos flamantes proezas de las que arrepentirnos sobrevivientes de muertes verdugos de esa vida que nos hemos obligado a llevar magníficos cómplices de la miseria de los que nos rodean sicarios de billar abrazos atropellados que llevan a otros atropellamientos vidas recurrentes que transcurren entre menesterosos y distinguidos esqueletos de tisú aceras erosionadas por lo que pareció una masacre accidentalmente pacífica viajes repetidos al déjà vu de esa imagen indescifrable que deja un sello en tu pasaporte el refulgente parlamento que da inicio a la vida el catastrófico mitin que engalana con luces de colores en el cielo el advenimiento de la santa muerte niños sirios impresionados durante algunas generaciones microbufetes ambulatorios de abogaduchos con chuchaqui eterno diez minutos al día todos los semáforos de la ciudad se quedan en rojo porque sí todos somos pendejos en mayor o menor medida los que creen que nadie lo es los que creen que todos lo son los pendejos que creen que los otros son los pendejos y viceversa

Ni un alma

#126

Para mis hijos

Salimos de la solitaria -¿y sospechosa?- quietud del vientre, a la violencia de las guerras de las calles de las ciudades, futuras ruinas de nuestra barbarie y en medio del shock y por la fuerza, nos etiquetan: asustadizos. In fact este lugar no está tan desolado como proclaman por ahí (no en la tele, ok sí). Me conformo porque soy así de nacimiento: con el término medio entre el completo caos y la paz absoluta, con un vacío del bueno, esos donde nada importa ni siquiera lo que se te pueda caer de los pu*** bolsillos. Cada crooner afronta su propia vorágine de monstruosas sutilezas, con limitaciones tan auténticas como lo es él. La competencia es para determinar quién envejece menos aparatosamente o quién se siente menos miserable respecto de sí mismo, nada más, ni nada menos. No importa cuánto tiempo pase, las fotografías -de nuestros miedos, complejos y taras- siempre se verán antiguas, aunque en su momento hayan parecido el reflejo de algo, preguntas ambiguas, un intento inútil. Todos somos un algo africano de fabricación china controlado por alemanes, de mezquinas metas y mezquitas amenas, con suficiente sufrimiento y vagos recuerdos del origen de nuestras heridas. Traumados a más no poder, hipertraumatizados y con altísimas probabilidades de llevarnos esos traumas con nosotros a la próxima vida. Qué no se admitan fotografías demasiado claras, proclamas con las que nadie va a sintonizar, argumentos muy contundentes, posturas tan apasionadas, desgarro en las despedidas, discusiones estériles que nos lleven a algo, retazos de esperanza colgando de aquella pared donde cohabita todo lo infructuoso. Papel periódico mojado olvidado por quienes lo llenaron de palabras, en la mitad de una calle con un triste nombre triste. Perder la esperanza en primer lugar, irrevocablemente. Qué se vuelva menos impopular la sinceridad. Quisiera que metan en mi ataúd junto a mí, un montón de dinero que se pudra, que nadie más pueda gastar, great beyond medals.