
What is really left of me? ¿Acaso estas piernas plegables que remozan rubicundas, ávidas de recordar lo que se aprestan a vivir? La percepción respecto a ciertos imaginarios evoluciona conmigo, con mis neuronas adictas al cambio, la materia en mi adn se transforma igual que todo el resto de elementos que la existencia tiene en stock. Progresista de los que transmiten en vivo la endoscopía, desde todos los ángulos, hasta que se contemplen las entrañas, y las entrañas de las entrañas. No hay mejor filosofía que lo que hay detrás de ella, no hay mejor filosofía que la que te sale de los cojones. No hay política sin deshonestidad. No hay fijación más idónea que aquella que se presenta con la primera luz del día. En algún momento, de una u otra manera, tal vez hasta sin darnos cuenta, todos somos gays, absolutamente todos, hasta el más homofóbico de los gays, maricones obsesionados. Pecho dentro del alma, sangre bañando el corazón, el cuero cabelludo de las ideas, amarte con toda faringe y esófago, dedos que manejan tu cerebro, tus piernas caminando a un ritmo que sospechas tuyo, la salsa se lleva en las ojeras, el machismo en útero y/o vagina, la soledad en la cholofobia, que todo parezca propaganda, casi nada telenovela, que para escapar de ti te refugies en conversaciones mentales que a veces entiendas, cuando te las traduces. Somos veneno a ritmo de botella, transmisiones en repeat, migajas de lo que anhelamos, seseras sin recursos para deshollinar, atardeceres repetidos que algunos cambiarían por órganos vitales para ver, nubes que anaranjadamente se incendian pero todos optan por hacerse los distraidos, especialmente nuestros execrables héroes. Somos azar de los ovarios recargados de nuestras madres invalidadoras, hijos de nuestros hijos, declaraciones de impuestos suicidas que se acumulan maquinalmente en una carpeta llamada orgullo, engendros de algo, protervos cosos de la nada. Operamos maquinaria llena de cargas familiares on the rocks. Sonámbulos de un patíbulo comercial, fantasmas con achaques de centro comercial, mercadería barata imitación de aletas de tiburón, jaquetones cercenados para los que algún día fue gratis aletear, ignorando direcciones que solicitamos, desperdiciando esas oportunidades que si hubiéramos estado esperando tal vez hoy seríamos otros, en otra París, con ropas distintas, con cuadros clínicos usurpados, sin rastro alguno de la cara que traíamos nuestro primer día en este planeta, empachados de acongojantes muertes, sin religión que nos convierta al racismo. Estafas masivas que con tiempo y aguas es imposible que nos conviertan en peores seres humanos. Manzanilla.



no queda nadie más en las calles todos vamos solos no necesitamos interacción vida en formato express entes simples de mediática recordación y linchamiento inmediato con libros sobrevalorados experiencias borrosas todo más corto neblina pasajera lecturas de quinientas palabras soledades tumultuarias videos de máximo dos minutos retórica antediluviana no hay tiempo hablándonos a nosotros mismos ablandándonos ante una multitud de desconocidos ocupados dejando de ser nosotros con la esperanza de que alguien te haga el más mínimo caso engendros universalizados ese neurólogo que sin saberlo no dejó que lo ignorara con teléfono inteligente dinamitándonos la visión encadenar frases al azar hasta que formen un todo con algún sentido o un algo con ninguna significación con la urgencia de tuitearlo antes de vivirlo en lugar de irte a ver te hago canciones es mi estúpida forma de quererte al menos es mejor que cuando no existías y no te hacía canciones ni nada ni bien acabamos de cagarla buscamos flamantes proezas de las que arrepentirnos sobrevivientes de muertes verdugos de esa vida que nos hemos obligado a llevar magníficos cómplices de la miseria de los que nos rodean sicarios de billar abrazos atropellados que llevan a otros atropellamientos vidas recurrentes que transcurren entre menesterosos y distinguidos esqueletos de tisú aceras erosionadas por lo que pareció una masacre accidentalmente pacífica viajes repetidos al déjà vu de esa imagen indescifrable que deja un sello en tu pasaporte el refulgente parlamento que da inicio a la vida el catastrófico mitin que engalana con luces de colores en el cielo el advenimiento de la santa muerte niños sirios impresionados durante algunas generaciones microbufetes ambulatorios de abogaduchos con chuchaqui eterno diez minutos al día todos los semáforos de la ciudad se quedan en rojo porque sí todos somos pendejos en mayor o menor medida los que creen que nadie lo es los que creen que todos lo son los pendejos que creen que los otros son los pendejos y viceversa
Escribo exactamente desde el día en el que decidí llevar registro de todo, impensable escribir de ciertos temas, ni se me ocurría, supongo que algo en mí debe haber madurado, no sé. Dejar de soñar que soy el premio consuelo de alguien o por lo menos conformarme con no estar en la cárcel, una de las dos. Un ciudadano equis, políticamente nulo, diametralmente opuesto a todos, se encuentra parado en la actualidad entre el milagroso jaguar ecuatoriano que todo lo que necesita es Ecuador y la nación quebrada sin esperanza devastada por los inmisericordes. Una isla de paz venezolanizada, no democrática, sin instituciones y velando estos restos, los restos del tan hijueputeado establishment de la tierra de la desmemoria. Tal vez alguien hubiese preferido que permanezcamos petrificados en el status quo de las haciendas donde esclavizaban a las personas y no a las empresas, ese lugar en el que el perpetuo ir, venir y devenir del alzheimer retroactivo del patrón, era ley reinante. Salvajes críticos fiscalizadores de wikipedia, que sobornan a los proveedores de su negocio para su renta personal, hipócritas de cuarto nivel que le roban a la empresa en la que trabajan para gritarle ladrón los jueves al que se le cruce, que llevan doble contabilidad para eludir la mayor cantidad de impuestos posibles, no honran deudas, palabra u honor, autovíctimas de su propia santísima trinidad, pidiendo felicidad a domicilio, que plañen en medio de sus propias meteduras de plata, más tristes que un pescado en descomposición que nadie alcanzó a comerse, corruptos impresentables de su propia burocracia privada. Progreso inmensurable, desarrollo que no registra ningún pib, pierden paciencia y quieren de inmediato industrializar esta tierra bendita con la mayor cantidad de payasos mc donald’s posible, inundar nuestras calles con el meado de paco rabanne o que nuestros chefs aparezcan cuanto antes y de la noche a la mañana en la televisión peruana. Proyectos largoplacistas cuyos resultados nosotros queríamos anteayer. Burropiés de nuestra cruenta historia, sodomizados y jalados las patas antes del mismísimo big bang. La enciclopedia de doce tomos gruesos sobre la historia de la corrupción ecuatoriana. Con un risueño chasquido somos politólogos de peluquería/alcantarilla. Llegar tarde, escupir en la calle, hacerse millonario estafando, ignorar filas, pasarse de vivo, provocar la mayor cantidad de asco posible. Irse en su contra porque sí, en contra de la gente, gente que sí es gente por si acaso, que sangra sin buscarlo, que entrega su vida sin necesidad de manifiesto alguno, prepararles un sánduche es lo mínimo. Soldados civiles que llevan dos quinquenios conquistando cada vez más y más derechos. Una década que no se perdió para el campesino, obrero del sur, el campo o el suburbio, un gobierno imperfecto que conduce una sociedad que es su reflejo, y viceversa. Igual que un padre no podría forzar el propio amor filial, ojalá que no se haga tan tarde demasiado pronto (…)
Foto: Nora Miño.
Foto: Nora Miño

