
Todo normal. Cuando repentinamente la cabeza giras y pum. Te cambiaron la vida para siempre. Ahora juntos somos rehenes de la única realidad que nos permitieron conocer. De piel imputrescible. Se quemaban las antenas. Aprendimos a nadar en medio de la tarde. Como palo de ciego descarriado hasta ser pepinillo en conserva. Cometes un crimen. Luego otro. Y al final terminas encerrado ahí para siempre. Te lames la sangre y te sabe igual que a cualquiera. No nos maten chucha. Las grietas de tus ojos podrían ser un mar de lágrimas. Y serán un mar aunque secas. Aunque sepas que siguen ahí. Represadas, incontenibles, trashumantes e indómitas. Forjemos pruebas de ser necesario. Para escabullirnos de la hecatombe procreada. Una bala pasó por tu cabeza. Y el hijueputa murió. Ya no son los sábados como fueron. Ahora solo son «más días». Any given saturday. De esos que repetirse quieren de domingo a viernes. No me volverás a empobrecer en venganza a qué. Se esfuma así nomás todo aquello en lo que alguna vez creímos. No tiene sentido. Ni siquiera el sentido extrasensorial que aproximadamente solía tener. Una ausencia de sentido descomunal, ciclópea. Un día empezaron a crecer y crecer. En ese nuestro lugar común al que llaman plaza. No me voy a callar pusilánimes, dejen de intentarlo. Y se sintieron fortalecidos, superiores, se quedaron sin excusas para ser débiles. No tenían a qué raza recurrir. Y aún en la más profunda soledad, pisotearon nuestras cabezas. Caballos en motocicleta a su propio instinto superpuestos. Moriría por ustedes y es que por ustedes no me puedo morir. A veces me deshidrato. Me gusta escribir «a veces». ¿Se puede vivir con el sueldo de un asesino a sueldo? ¿Cómo sabremos si estamos preparados para que llegue el día en que tengamos que reinventarnos definitivamente? El nuevo acuerdo social de un nuevo orden mundial. Ya.



¡Qué bueno que ya no estés más acá! en esta ciudad donde tienes la suerte de ya no estar más, qué suerte que hayas podido arrancar ese esmog de tu garganta, que hayas vencido a los buses, las carreras, cada concierto cancelado, policías robándote el cinturón, arrancándote el cuero cabelludo, tocándote tus partes en busca de drogas o alcohol o cigarrillos, que les haga sentir mejor. Accidentes que siendo ajenos te afectan, y te quedas estorbando a los demás, ves luces de colores de formas lineales que resultan ser descuentos que nadie aprovechará, puteadas íntimas sacha sexuales, aceras extremas como deportes, desconfianza por cada punto cardinal, qué tristeza que no hayas logrado huir, aunque hubiese sido a destiempo, antes que te marquen de por vida, te abandonen a la deriva con el parecer desacomodado, te hagan pensar que no piensas, que lo que dijiste está mal, y te convenzan. Las canas eventualmente se apoderarán de tus complejos, la calvicie te estará esperando en el baño para observarte desconfiada, la vejez te avasallará con preguntas irrespondibles, esta ciudad nos va a expectorar a todos, porque es fea, se repite a sí misma, no sabe representarse, es como de género libre, una mezcla entre algo que no se entiende y algo que se entiende, mucho menos aún. La arquitectura de los imposibles, de colores que destemplan dientes, matices dispares, y cómo no. Persiguiendo suecos que no son rusos, haitianos tan amables que parece que hablaran español, desproporcionadas iglesias como todas (las iglesias), recovecos inhabitados donde se pierda el taxista, calles que están esperando nerviosas que les pongas un pie encima, barrios atravesados que ya pertenecen al adyacente. “¿¡Usted no es de aquí¡?” Tal vez no. A lo mejor sea de otra, una estrecha, verduga de tantas otras, de una que le sobre el espacio y comparta los ríos, 


Un día que más parece un mes, una semana que transcurre en un segundo, años que quieren ser fronteras, frontales, despedidas que no encuentran motivos, vidas que confundimos con banderas, abandonos, abortos que pronto serán fortalezas, ideas y no personas, insultos que armónicamente retumban, obstáculos disfrazados de arbustos catárticos, sinsentidos que luego nos enteraremos tenían que ver más con la temperatura corporal que con otra cosa, con la mirada de alguna bisabuela llenar el vacío que siento cada vez que resulta que estoy vivo, no distingo adefesios cuando de aplausos llegan precedidos. Seres normales que se esmeren al llorar, y en medio de profusas tempestades, sentir ganas de llevarte muy lejos, con tu cintura que no es mía, siempre por delante. Regresar flemáticamente a esa vida a la que no le sobraban escenas ni nada, en la que nuestra bondad no radicaba en la pobreza circundante, no teníamos miedo, simplemente decíamos: «déjale llorar». La ciudad son un montón de luces que se pusieron de acuerdo, es mi lado femenino amándote right now, me duermo a las veintitrés, lo suficientemente cerca de hoy y mañana, para así no olvidar nada en la transición, que la luz azul queme sin remordimiento mis retinas, para que mis hijos me saluden por mi cumpleaños y me olviden right away. Sentí que pasaron dos días entre julio y noviembre pasados. Entremeses. Para que me recuerden por algo en este convencionalista anti-establishment, infestado de tinta que reza cancelado en nuestros entrecejos, con Wernicke grogui por siempre, con Dios mirando perplejo, con los principios patas arriba, con los recuerdos haciendo fila para martirizarte de nuevo, con ortografía y sin ella, con hijueputas ocupando puestos que no deberían ocupar, los muy hijos de puta, con religiosas tardes que emborrachamos a escondidas, con mis mojigatas ganas de ser auténtico, con tus reparos a mí. Y es que no puedo ser ajeno al concepto distancia, soy capaz de acercarme a la altura de tus ojos, explicarte todo lo que medianamente pueda, inclusive puedo respirarte, no quiero resucitarte, serte de alguna utilidad, cualquiera.

A Pía y a algunas personas les parece mal, a otras no, y es que así de un momento a otro pasa el bus de nuestro pasado, para el bus, cuando el bus ya estaba encima de ellos, en lugar de dieta me he propuesto dejar de estar en la mayor cantidad posible de cosas que no me importan, decidí creer que a lo mejor así es mejor, a lo mejor cuando buscábamos otro lugar a donde mirar, los ovnis en tus fotos, el espacio de tus bolsillos para el jamás, los insultos que olvidaste tachar, las lágrimas de crudo que faltarán en tus tribulaciones, tal vez debería conformarme con practicar lo que exijo de los demás, tu cabeza está llena con una sola gran idea, cuando tengas los huevos, seguramente tus cómplices, se descompondrá el firmamento y emergerás solo, tal y cual llegaste, te recontra parirán, porque cuando una injusticia se concreta las palabras se desordenan, y aunque aparentemente estemos cerca de parecer felices suena el despertador, el agobio irrumpe como una luz de colores que nos desubica, nos vemos obligados a desaprender aquello que habíamos dado por sentado, para pasar el rato nos pedimos de favor imposibles, y cuando ya estamos disque listos tuvimos que volver a empezar, pero esta vez desde más abajo que cero, nos pasaron por encima, y tú no quieres vivir en un país gobernado por todos ellos, igual que yo, intoxicados por una monogamia ajena, en su momento parecía que no serían más que simplemente eso, quisimos madurar demasiado, nos limpiamos del mundo y siempre estaremos armando un rompecabezas del cual algunas piezas kamikazes temen morir solas, venenosos badulaques de poca monta que debajo de partes de ti se lanzan, ni siquiera sospechas lo que puede estar pasando, haces mucho y hoy no son nada más que eso, momentos que pasaron, indefensión, esto no es más que un anti tropiezo, un alga que se esfumó hasta mientras, dime que no has salido de la ciudad, que estás en ella, que tus paredes no se estrellan, que entendiste lo que te interesaba y que ya no buscas mentiras en la prensa, que ya sanaste, que no quieres vengarte de él, que ya no quieres vengarte de ti, que ya no quieres seguir golpeando tu cabeza contra tu voluntad, que ya no quieres dejar de crecer, que la más trascendental de tus epifanías se asustó y se fue.