¿Por qué te llamas así Emil? Me gusta tu nombre, me lo quedo. Paloma. Amanda. Esterfilia. ¿Hasta qué edad hay que vivir para entender por qué nos llamamos como nos llamamos? No he preguntado. Te nombraron como a un militar, y es que seguramente no te encontraron donde naciste, y aunque no viviste como debías, esa basura de todas maneras te hizo fuerte, como el frío más cortesano, te bautizaron así por Neruda, Fidel o el Che, te llamaron así por un emperador ciego que pensó que al menos algo vería, pero inaugurando hospitales se volvió más viejo, y más viejo todavía, porque cuando quiso que lo atendieran ya no había ni villa ni favela, peor hospital, la envidia lo incendió todo. Nunca pudo ver lo que había construido. Tal vez te pusieron como papá, o como dictaba la moda, o como había que llamarte, ineluctablemente. Reagan. Sharif. Ritmo alfabético. Nadie dejaría que el envión se enfríe, te llamaron Santiaguito por Cali, y te aventaste a decir más de lo que a tu propia honestidad le hubiese gustado permitirte, sabías que el idioma nos volvería inseparables y que si Bolívar soñó, nosotros también podemos chucha. Te nombraron por un futbolista, un cantante o por aquella diva/bailarina de las piernas incontrolables, te pusieron un nombre de viejo siendo niño o tal vez uno de niño siendo un niño de alma vieja, o eres un llamingo cualquiera, un «enywan-warever» de ciudad ninguna, te pusieron un nombre político y revolucionario para que termines aprobando préstamos en un escritorio del banco, vomitándoles en la cara mierda innecesaria que podrían jamás necesitar, déjalos que se aburran hijueputa, aburridas todas las vidas en general, nivel dios de putrefacción, pregúntate si cuando seas de madera te van a seguir queriendo igual, porque te amaron sin obligación, te lo dieron todo sin siquiera necesidad, varios hijos de Maradona se llaman así como él, o te llamaron como te llamas porque naciste de otro género o del mismo o de ambos o de ninguno o en general «eres» un género, o si tu nombre lo sacaron de una biblia que paseaba por ahí, o lo inventaron, o está en un idioma impronunciable, o casi mueres y te nombraron solo para que no te vayas sin ser bautizada, te nombraron como quien le da sentido a una vida, te pusieron un nombre tan feo que cuando lo quisiste cambiar te dio vergüenza y te regresaste nomás, a seguirte llamando así, o quizás te secuestraron y te cambiaron el nombre antes de ponértelo, y ahora no sabes «cuál mismo es que te pusieron», se lavaron las manos, eso que siempre fue lo más fácil de hacer, fácil y delicioso, te suelta la fuerza de atracción a la tierra y te vuelves aire poluta, un sencillísimo tris de nadita, pasas desapercibido por el disimulado espejo que te regresa a ver todo desenfocado, te guiñas un ojo distinto cada día, y cada puta mañana nos toca volver a empezar en el medio de la nada, o quieres creer que te llamas así por la razón en la que quieres creer, o por la razón equivocada, mejor llamémonos como queramos, o no quieres pensar en que no hay una razón, aprendiste a bailar porque te llamaron Evita, te llamaron sin que lo sepa tu mamá, diles que en verdad tú no te llamas así, no creo que te llames así por un torero, y nunca pudiste reclamarle al que te puso así porque casi no lo conociste, tu nombre te marcó o dejas que te marque o es un nombre que viene así, a marcar ¿por qué te llamas así y no como quiera? o te pusieron el nombre de un sentimiento, una manifestación de la naturaleza, ciudad cualquiera, un momento, te sacaron de un libro, que no nos separen los nombres que nos separan, que nos llamemos igual, tener uno o tres, o ser ese innombrable anónimo que le pone nombre a todo… y a todos.
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Para siempre ahí encerrado

Todo normal. Cuando repentinamente la cabeza giras y pum. Te cambiaron la vida para siempre. Ahora juntos somos rehenes de la única realidad que nos permitieron conocer. De piel imputrescible. Se quemaban las antenas. Aprendimos a nadar en medio de la tarde. Como palo de ciego descarriado hasta ser pepinillo en conserva. Cometes un crimen. Luego otro. Y al final terminas encerrado ahí para siempre. Te lames la sangre y te sabe igual que a cualquiera. No nos maten chucha. Las grietas de tus ojos podrían ser un mar de lágrimas. Y serán un mar aunque secas. Aunque sepas que siguen ahí. Represadas, incontenibles, trashumantes e indómitas. Forjemos pruebas de ser necesario. Para escabullirnos de la hecatombe procreada. Una bala pasó por tu cabeza. Y el hijueputa murió. Ya no son los sábados como fueron. Ahora solo son «más días». Any given saturday. De esos que repetirse quieren de domingo a viernes. No me volverás a empobrecer en venganza a qué. Se esfuma así nomás todo aquello en lo que alguna vez creímos. No tiene sentido. Ni siquiera el sentido extrasensorial que aproximadamente solía tener. Una ausencia de sentido descomunal, ciclópea. Un día empezaron a crecer y crecer. En ese nuestro lugar común al que llaman plaza. No me voy a callar pusilánimes, dejen de intentarlo. Y se sintieron fortalecidos, superiores, se quedaron sin excusas para ser débiles. No tenían a qué raza recurrir. Y aún en la más profunda soledad, pisotearon nuestras cabezas. Caballos en motocicleta a su propio instinto superpuestos. Moriría por ustedes y es que por ustedes no me puedo morir. A veces me deshidrato. Me gusta escribir «a veces». ¿Se puede vivir con el sueldo de un asesino a sueldo? ¿Cómo sabremos si estamos preparados para que llegue el día en que tengamos que reinventarnos definitivamente? El nuevo acuerdo social de un nuevo orden mundial. Ya.
Ultrambivalencia

Ínfima partícula que se recicló y se recibió antes de morir, vuelve después de una angustia decenal quien olvidó regresar al nido como si nada, convertida en recuerdos propios de su demencia voluntaria, roñosos rezagos de nostalgia, su muerte le visita detrás de un cristal del que se puede ver de un solo lado. Llevo el abdomen achocolatado, sintiéndome muy particular, racismo es una manifestación planificada espontáneamente, circunstancias que esperaban por alguien, empezaron a cantar y les seguí. Reingeniería de las tonterías más insustanciales, y es que desde hoy el tiempo no volverá nunca más a pasar, trenes que aún no perdimos, el alivio que fue habernos conocido para no tener que esconderme mientras te sigo. Energía que contraindicada refluye, mintiéndonos como si alguien la verdad conociera, como si mañana no hubiera, con colesterol del bueno esperándonos con urgencia, con inteligentes en el fondo, estúpidos si los apuras, nunca será tarde, y no, jamás nuestro tiempo pasó, de la borrachera olvidar que nos metimos en la vida del otro, con el vacío consciente de no habernos llegado a conocer antes y de un solo aliento regresar a la vida, una en la que no morimos, esa en la que nos sigue haciendo falta no haber podido querernos como hubiésemos querido, trenes que no pasan por aquí, agonizando extasiados con un veneno que por equivocación otros escogieron por nosotros. Debes recordar que siempresiempresiempre te voy a recordar, te voy a extrañar porque sí, sin importar el tiempo que pase ni los planos que volvamos a recorrer, arrugas que no nos han querido abandonar, flores que parecen estiradas, despresurizadas, contraindicadas, recontrabendecidas, sufrir de nuevo equivocadamente por lo mismo. Fuckeddejavu.
This is why we -pointlessly- fight

Vamos a empezar por reconocer que aquí estamos y que esto de andar adivinándonos las mentiras, no puede ser llamado sinergia, los nombres estorbándonos es lo de menos si no sabemos distinguir la proveniencia de tantas caras conocidas, lamento mucho que llevemos apellidos que suenen a lamentos, y aunque mi orientación sexual no es tu problema te voy a advertir que mientras haya consenso, me acuesto con quien me dé la regalada y puta gana, no necesito una religión por lo tanto no adopté ninguna de las cientos disponibles que en el mercado se prostituyen, me gusta colgarte en la cara mi título de mierda, para que no te llegues a confundir y creas que somos iguales, autoflagelarse para de ese dolor dar a luz las más dantescas y lastimosas epopeyas, que por supuesto, nadie llevará al cine. Ignoraremos a tus hijos con todo y su orfandad, justificaremos haberte extraído de tu sofá para matarte, siendo la de no dejarte de matar las veces que sea necesario y jurar ante DIOS que cada muerte valió la pena, la única certeza que tenemos, aunque nos arranquen del suelo mientras del cielo solo lágrimas bajan, justificando la muerte, justificándolo todo, hasta la muerte. Las cabezas de guerra están en guerra en nuestras cabezas, y entre “chirliders” del mismo equipo encarnizadamente nos despellejamos, porque esta clase de tortura is why we fucking (pointlessly) fight. Y es que no lo sabemos aún, pero suplicaremos perdón y saldremos con las rodillas macilentas, nuestro lado femenino razonando, derrotando a la misoginia, sufrir para sufrir, compenetrarnos con el progreso de andar sufriendo con mayor profesionalismo, sufridor nivel plenipotenciario, con espinas clavadas en el corazón que llevamos en la mano, dolorosamente. Tenerle miedo al espejo donde nos mentimos cada mañana para luego/pronto irnos apagando – aunque insistas en oponerte- seguiremos evolucionando inexorablemente y en lugar de tu nombre cuando hablemos de ti pondremos un silencio, quedándose solo tu organismo de plomo morbo perverso y esclavitud precoz, cuando sobrevives todos te olvidan el propio olvido incluido, saber hasta cuando seguiremos luchando por la misma pendejada siendo la veintiúnica razón por la que seguimos solos genealógicamente, ni llamándonos de otra forma existe manera de que no nos volvamos a ver. Nuestra soledad que cuando juntos se desborda y este amor que nació desnudo y morirá así durante las eternidades que nos resten juntos con esta ropa porque nada nos queda para demostrar, estoy a gusto con esta incomodidad de estar aquí, nos limpiaremos el culo con el hecho de que tu mamá nunca más te haya podido volver a besar, entre dos aparecidos matarnos con balas cuyo valor ni siquiera justifica nuestras vidas, empobrecidos pero armamentísticamente empoderados, desprendiéndose de nosotros gota a gota esa soporífera guerra que mata, que nos deja lo más parecido el uno al otro de lo que podemos llegar a ser. Entre ruinas, desaparecidos, así nos vimos, nuestra última vez.
No Limits Town
¡Qué bueno que ya no estés más acá! en esta ciudad donde tienes la suerte de ya no estar más, qué suerte que hayas podido arrancar ese esmog de tu garganta, que hayas vencido a los buses, las carreras, cada concierto cancelado, policías robándote el cinturón, arrancándote el cuero cabelludo, tocándote tus partes en busca de drogas o alcohol o cigarrillos, que les haga sentir mejor. Accidentes que siendo ajenos te afectan, y te quedas estorbando a los demás, ves luces de colores de formas lineales que resultan ser descuentos que nadie aprovechará, puteadas íntimas sacha sexuales, aceras extremas como deportes, desconfianza por cada punto cardinal, qué tristeza que no hayas logrado huir, aunque hubiese sido a destiempo, antes que te marquen de por vida, te abandonen a la deriva con el parecer desacomodado, te hagan pensar que no piensas, que lo que dijiste está mal, y te convenzan. Las canas eventualmente se apoderarán de tus complejos, la calvicie te estará esperando en el baño para observarte desconfiada, la vejez te avasallará con preguntas irrespondibles, esta ciudad nos va a expectorar a todos, porque es fea, se repite a sí misma, no sabe representarse, es como de género libre, una mezcla entre algo que no se entiende y algo que se entiende, mucho menos aún. La arquitectura de los imposibles, de colores que destemplan dientes, matices dispares, y cómo no. Persiguiendo suecos que no son rusos, haitianos tan amables que parece que hablaran español, desproporcionadas iglesias como todas (las iglesias), recovecos inhabitados donde se pierda el taxista, calles que están esperando nerviosas que les pongas un pie encima, barrios atravesados que ya pertenecen al adyacente. “¿¡Usted no es de aquí¡?” Tal vez no. A lo mejor sea de otra, una estrecha, verduga de tantas otras, de una que le sobre el espacio y comparta los ríos, cuyas esquinas sangren espontáneas, a lo mejor y seamos de una ciudad que fluctúa, pulula, no camina. No sé de qué ciudad me estás hablando, debe ser alguna que se parece a ti, que en sus calles trae consigo mis recuerdos de ti, cuyo centro huela a ti, a maní tostándose y apeste a rosas. A esta ciudad hermosa, siempre le pasa algo, algo grande, algo se le va a caer, y sonará fuerte, pero pasará de moda, el martes a primera hora, a más tardar.
No quiero dormir nunca más

No puedo alumbrarte todos los días y encima tolerarte, recordarte consecutivamente mientras te pierdo de vista, desobligándote de mí. Siempre soñé con encontrarte en el vaivén demencial, mientras bailábamos, irrealmente. Turbulencia tras turbulencia, digeríamos una nueva epifanía, otro capítulo de historia que olvidaríamos, con apasionamiento. Dejé que te arrancaran de mí en la puerta de un quirófano, enseguida supe que no me había sentido tan miserable en años, jamás fui un inútil tan poco servicial, en cero segundos me convertí en alguien incapaz de complacerte, en absolutamente nada. Y es que éramos prácticamente inexistentes, inexistentes de algo que alguna vez nos habíamos mentido, y es que nunca voy a querer dejar de ser ese empolvado soldado reservista, que viste en mí, en el fondo de aquel cajón, pintarrajeado de rosa, ese que murió sin saber que no fue más que una simple fotografía. Esa melancólica polvareda que sale del fondo de una montaña de ropa mal lavada, que no permitiremos que nadie vuelva a lucir jamás, porque lo dejaremos todo intacto, para hacernos daño con tu partida, te reemplazaremos con pastillas, pastillas que nos atiborraremos con whisky barato, dejaremos podrir en la intemperie, esa comida que preparamos, solo porque nos recuerda a ti, esa comida que después ocupará el abismo iluminado de la refrigeradora, esa comida que ahora, no volverá a tener comensales a quien retroalimentar. ¿Qué te pegaste para estar como estás? me preguntó nuestra sociedad fallida, no escupas porque se van con tu saliva, las ideas de tu cabeza, esa es una droga que no podrán prohibirnos jamás, ese olor polizón, que no recuerdas la segunda, y solo tal vez la tercera vez. Ignorábamos que nos estábamos volviendo locos, hasta que apagamos la música y abrazamos el silencio de dejar atrás esa locura, para llenarla con nuestra propia y digna ignorancia, esa que nos completa, que no cambiamos por nada, ni por ese jazz de los ojos desenfocados. Engañar la mente. Olvidar lo que estábamos esperando de esta vida, esta vida, que de esperar mismo se trata.
Nos-otros

photo: Sylvia Gómez
No sé en qué cuna despertamos. Por un largo tiempo no vamos a entender nada de lo que está pasando. Nuestros papás nunca quisieron conocernos, siempre nos dieron por sentado, pensaron que podrían llegar a vivir con y sin nosotros, a la vez. Por eso nos casamos juntos. Porque estorbábamos a terceros. Porque nuestra ropa usada olía a ese mismito instante. Nunca sabré cómo proceder cuando me faltes, siempre preguntarás por mí aunque nunca me vaya a ir. El día que nos muramos. Encuentro prudente irnos juntos, a donde haya que ir, cuando sepamos morir. Me voy a acordar de ti cada día que vuelva a nacer, aunque no intercedas por mí ante dios ni los hombres, la gente sabe que lo nuestro no está publicado en el face. Estamos en cada viaje, avión, cuando me desenterraste los oídos, nos enseñamos a ser humanos, en cada calle de cada ciudad de cada atardecer y en cada playa, en cada canción de Drexler y en cada menú de restaurante que compartimos, en San Miguel de Allende y en Roma, aunque te quedaras con hambre, porque también fuiste mi mamá, yo tu editor en jefe, mi guía espiritual, turística y la madre de nuestros hijos, que son de la ciencia y tuyos, que son de la tierra en la que nacieron y hermosos, de esta ciudad plagada de implantes que no cuajaron, de conciertos gratuitos en las plazas, de un millón de oficios, de comida, sobre todo de eso. De películas en la alfombra gastada de nuestras largas despedidas para dejar de adolecer, de llantos que pasan frente a nosotros, pedazos de flashes de vidas, que no son nuestras. Somos desenfocadas fotos de dieciséis, quince y doce años de entendernos, a veces retroceder y luego dejarnos de soportar, por un minuto o cinco días, no más. Somos esa especie de ausencia que nos hace falta sentir de vez en cuando, el apoyo cervical que nos impulsa de la cama desde julio de dos mil cuatro, la caída de Gutiérrez por teléfono, Bob Dylan y Nito Mestre, el día que volvimos a nacer en forma de diminutos duendes iracundos, nuestras madres y sus temas, nuestros padres y su sudor, nuestros muertos y nuestra pedagogía, hospitales y funerales, ceviches y postres pendientes, nuestras tonterías olor a gas, el implacable paso del tiempo que hace que doce años parezcan un suspirito, cada mala noche que dios sabe valieron la pena, somos Rosario y Venecia, cada decisión que tomamos pensando equivocadamente que acertaríamos, somos todos nuestros matrimonios, bautizos y fiestas de cumpleaños, Guardarraya y Pacheco, somos lo que escribimos y lo que sembramos juntos cada día, lo que renovamos, exactamente eso y nada más, el Kike y la Nori, la Florencia y el Luca, los amigos que se van y los que se quedan. Somos el día que nos perdimos, somos el llanto cuando nos reencontramos, el silencio cuando nos incomodamos, y la comodidad de nuestros abrazos, el profundo amor que tenemos el uno por el otro, somos dos, y cincuenta semanas al año somos cuatro. Escapistas, ventrílocuos, jazzistas, hiperpadres, payasos y cocineros, somos el calor de nuestros cuerpos enredados en el pellejo posterior de una cobija que escogimos juntos y que es testigo de que dormir contigo y conmigo, es amar. Nothing more. Nothing less.
Violenta

María siempre fue una mujer de nombre sencillo, procuraba que sus ideales siempre se ajustaran a la época. Su apariencia no hablaba por ella, ella hablaba por ella. Pertenecía en ausencia, a un sinfín de clubes, con los que no comulgaba, y eso sí, se creía merecedora con todas las letras, de su susodicho destino. Creía en la repetición inacabable de los días, donde mañana es después de dormir, igual que hoy, pero más viejos. Portaba con honor su lado femenino, ahí colgándole, oscilando por el exterior de todos los triángulos de su cuello, como si ser mujer casi no pesara, como si serlo incluyera: vestuario de frutos rojos, maquillaje por supuesto, y hombres acosándola, resbalosamente. No toleraba que la pongan al nivel de cualquier floristería, princesas de diseño o que la utilizaran en metáforas de medio pelo. Su amor propio trastrabillaba, cuando alguien con testículos, sacaba su cara, por ella. Contaba con el derecho a votar, aunque jamás le interesó ejercerlo. Disfrutaba siendo dueña, señora y puta, de su propio cuerpo, que era suyo, ceremoniosamente. No le interesaba que bauticen crímenes con su nombre, prefería de los homicidas la extinción. En las calles se la pasaba escapando de miradas, que no quería que la persiguieran, huyendo de los lentes, escondía su cuerpo de tiernas violaciones, que la rebuscaban. No aparecía en videos que la violentasen, porque se borraba. Se sentía incómoda cuando la humedad de su sexo, enloquecía a las bestias. Su enemigo era la debilidad mental de su enemigo, ¿y qué, si lucía escotes que penetraban su humanidad? ella no quería necesariamente que alguien la tocara, o tan siquiera la mirara. La falta de pudor la buscaba en construcciones, baños, discotecas y muchedumbres del transporte público, encontraba desencuentros y polución, no encontraba nada. Y el pulso de su deseo se desvanecía con los años, cuando sentía que ya no sabía qué más hacer, hacía, como que se arrancaba la piel, se mataba, más muerta de lo que ya estaba. No quería que la lloraran, el día en que muriera víctima de una manada, su sangre no habría corrido en vano, su nombre pasaría de omisión a alerta, luego consigna, y finalmente, revolución.
Entre meses
Un día que más parece un mes, una semana que transcurre en un segundo, años que quieren ser fronteras, frontales, despedidas que no encuentran motivos, vidas que confundimos con banderas, abandonos, abortos que pronto serán fortalezas, ideas y no personas, insultos que armónicamente retumban, obstáculos disfrazados de arbustos catárticos, sinsentidos que luego nos enteraremos tenían que ver más con la temperatura corporal que con otra cosa, con la mirada de alguna bisabuela llenar el vacío que siento cada vez que resulta que estoy vivo, no distingo adefesios cuando de aplausos llegan precedidos. Seres normales que se esmeren al llorar, y en medio de profusas tempestades, sentir ganas de llevarte muy lejos, con tu cintura que no es mía, siempre por delante. Regresar flemáticamente a esa vida a la que no le sobraban escenas ni nada, en la que nuestra bondad no radicaba en la pobreza circundante, no teníamos miedo, simplemente decíamos: «déjale llorar». La ciudad son un montón de luces que se pusieron de acuerdo, es mi lado femenino amándote right now, me duermo a las veintitrés, lo suficientemente cerca de hoy y mañana, para así no olvidar nada en la transición, que la luz azul queme sin remordimiento mis retinas, para que mis hijos me saluden por mi cumpleaños y me olviden right away. Sentí que pasaron dos días entre julio y noviembre pasados. Entremeses. Para que me recuerden por algo en este convencionalista anti-establishment, infestado de tinta que reza cancelado en nuestros entrecejos, con Wernicke grogui por siempre, con Dios mirando perplejo, con los principios patas arriba, con los recuerdos haciendo fila para martirizarte de nuevo, con ortografía y sin ella, con hijueputas ocupando puestos que no deberían ocupar, los muy hijos de puta, con religiosas tardes que emborrachamos a escondidas, con mis mojigatas ganas de ser auténtico, con tus reparos a mí. Y es que no puedo ser ajeno al concepto distancia, soy capaz de acercarme a la altura de tus ojos, explicarte todo lo que medianamente pueda, inclusive puedo respirarte, no quiero resucitarte, serte de alguna utilidad, cualquiera.
Highly Inappropriate

Me dijo que era obsesivo y me obsesioné con ello…
Catorce años y medio después regresé a ese mismo lugar
de esos lugares que no cambian cuando uno no está
que te violentan y atormentan para que dejes de ser el mismo miserable
que se congelan quietos en un súbito déjà vu
en los que cada acaecimiento es un circo que dura lo que cualquier viaje en ascensor
en el más irrespirable y público baño vertical
Me encanta conversar conmigo de esas decisiones que dejaré pendientes para siempre
a veces solo quisiera que me sigas la corriente en la conversación
saldré de mi zona de confort tres minutos solo a verte
desde el vagón me verás pasar a la velocidad de un árbol
y sin saber cómo te sorprenderé con abundantes recuerdos
apesadumbrados contenedores repletos de ilícita nostalgia
licuar con la boca para después herméticamente abandonar
seres que antes fueron vivos
celebrar con tu exclusividad un evento
que lo ven cientos de millones de personas contigo
no existe nadie más
como cuando te corriges y hablas para ti con el espejo
repitiéndotelo las veces que sea necesario
te quedas porque no te puedes ir de ti
la fiesta de los sonidos más highly inappropriate que puedas imaginar
mesa llena de sobras que a otros les falta
esperando pacientemente el fin de las escenas de transición
donde no ocurre absolutamente nada excepto el clímax
insistir e insistir con una palabra que casi no calza en frase alguna
¿sabías que ya no te quedan trenes por perder?
asegúrate antes de dormir que mañana hay un mañana esperándote
confortarte con saber que no recuerdas ciertas cosas que nunca quisiste saber
el mundo de mierda que le dejamos a la siguiente generación
versus el mundo de mierda que nos dejó la generación anterior
todo el vómito que tanto nos costó ocultar
la verborragia de madurar en vivo y quedar desarraigados
y con pudorosa inercia besarnos la ropa animalizados
Un caos apacigua otro

Tal vez no viva mucho tiempo, no soy quién para saber cuánto, pero es que a veces vivo como si no existiera colesterol, en el desayuno me empacho de incertidumbres, como si haber soportado cuatrocientos ochenta chuchaquis, me garantiza que no moriré cruzando la calle. Porque si nos hemos de matar, seamos sutiles, matarnos como si de muertos, también nos fuésemos a encontrar, como si haber estado vivos no hubiese sido más que un malquerido desafecto. Mejor micro morirnos. Como cuando inhalas profundamente para subsanar tus micro respiros, como cuando cuidas tu salud espontáneamente como medida de compensación a tus micro suicidios, como cuando ríes a escondidas para dejar de amargarte la vida, y dejar de ser el reflejo amargo de tantos otros tantos. Y es que así vivas de milagro o porque te obligaron, vivir está sobrevalorado, así aportes devastando tu vida, porque vivir quema, proactivos y parásitos, los que creen que triunfaron, los que no saben que triunfaron, los que piensan que el triunfo es mensurable, los que triunfaron de tanto fracaso, los que sin querer se casaron, los que tuvieron hijos sin querer, los que traicionaron principios hasta quedarse profundamente huérfanos, indescriptiblemente pobres, alucinantemente solos, sin querer, y es que sin querer un caos apacigua otro, ese vacío que abandona pero solo hasta mañana, la alarma de un auto que se interrumpe solamente para volver a empezar, esa canción que taladra y que cambiamos la letra para no asesinar al autor, fiestas para dejar de cavilar, esa pastilla interruptora esperándonos en la mesa de noche, esa manera tan tuya de micro morir, un segundo más y no estaríamos aquí, un instante que reemplaza al anterior, y un caos, apacigua otro.
ulTRAvesti
A Pía y a algunas personas les parece mal, a otras no, y es que así de un momento a otro pasa el bus de nuestro pasado, para el bus, cuando el bus ya estaba encima de ellos, en lugar de dieta me he propuesto dejar de estar en la mayor cantidad posible de cosas que no me importan, decidí creer que a lo mejor así es mejor, a lo mejor cuando buscábamos otro lugar a donde mirar, los ovnis en tus fotos, el espacio de tus bolsillos para el jamás, los insultos que olvidaste tachar, las lágrimas de crudo que faltarán en tus tribulaciones, tal vez debería conformarme con practicar lo que exijo de los demás, tu cabeza está llena con una sola gran idea, cuando tengas los huevos, seguramente tus cómplices, se descompondrá el firmamento y emergerás solo, tal y cual llegaste, te recontra parirán, porque cuando una injusticia se concreta las palabras se desordenan, y aunque aparentemente estemos cerca de parecer felices suena el despertador, el agobio irrumpe como una luz de colores que nos desubica, nos vemos obligados a desaprender aquello que habíamos dado por sentado, para pasar el rato nos pedimos de favor imposibles, y cuando ya estamos disque listos tuvimos que volver a empezar, pero esta vez desde más abajo que cero, nos pasaron por encima, y tú no quieres vivir en un país gobernado por todos ellos, igual que yo, intoxicados por una monogamia ajena, en su momento parecía que no serían más que simplemente eso, quisimos madurar demasiado, nos limpiamos del mundo y siempre estaremos armando un rompecabezas del cual algunas piezas kamikazes temen morir solas, venenosos badulaques de poca monta que debajo de partes de ti se lanzan, ni siquiera sospechas lo que puede estar pasando, haces mucho y hoy no son nada más que eso, momentos que pasaron, indefensión, esto no es más que un anti tropiezo, un alga que se esfumó hasta mientras, dime que no has salido de la ciudad, que estás en ella, que tus paredes no se estrellan, que entendiste lo que te interesaba y que ya no buscas mentiras en la prensa, que ya sanaste, que no quieres vengarte de él, que ya no quieres vengarte de ti, que ya no quieres seguir golpeando tu cabeza contra tu voluntad, que ya no quieres dejar de crecer, que la más trascendental de tus epifanías se asustó y se fue.
