En Ecuador debimos eliminar la palabra democracia del diccionario, hace mucho tiempo, pero no cuando a Correa Delgado se le ocurrió hacer una cadena nacional semanal para defenderse de la prensa, sino más bien (por ejemplo) cuando derrocaron ilegalmente a Bucaram Ortiz, asesinaron miserablemente a Roldós Aguilera o cuando la banca en complicidad con el estado asaltó a los ecuatorianos en 1999. Una vez cada dos o tres años cuando acudimos a las urnas, nos quieren (volver a) hacer creer en «la democracia». ¿Realmente sirve de algo que nos obliguen a votar? Vivimos amenazados desde 2007 con que desdolarizarán la economía, «venezuelizarán» el país, replicando mentiras y rumores falsos en grupitos de indignados, en audios que circulan por WhatsApp tratando de convulsionar el país con un nuevo feriado bancario, intentan imponer el imperio del miedo (la doctrina del shock), mientras allá afuera el mundo entero reconoce los logros del proceso ecuatoriano y según mis cuentas son diez años de avances en: derechos laborales, inclusión, reducción de pobreza y desigualdad, infraestructura, acceso a salud y educación, por nombrar algunos.
<<Estoicamente hemos soportado diez años de un Presidente, que sino fuera por las descalificaciones de los sábados, hasta seríamos capaces de reconocerle alguna que otra obra buena que se va dejándonos>>
Me siento tranquilo por haber sabido reconocer lo bueno de esta «revolución» y no andar destacando solo lo malo, como muchos otros hicieron, sí, a ti te digo. No me cabe en la cabeza votar a un militar, un banquero o una socialcristiana, no me sentiría a gusto conmigo. Los altos niveles de ausentismo e indecisión dicen mucho de un país que no quiere volver a ser víctima y victimario de su propio pasado, que no atina a resistirse, al que le gustaría escapar de sí mismo, como quien se escabulle horrorizado de un fantasma y despavorido acelera ciegamente sin consultar el retrovisor. Voté por León Roldós en 2006 y de ahí en adelante apoyé al gobierno, y no, no me arrepiento. Por si acaso no apoyo la corrupción, de ser así, entonces todos la apoyaríamos, ya que la política y la corrupción son lo que para Einstein tiempo y espacio, inseparables. Nunca me metí tanto en política como durante esta década, y lo más probable es que pronto deje de meterme, ya que me he llegado a cansar, pero es que darle el poder a estas alturas al otro bando, no sería más que un ignominioso haraquiri. Y sí, votaré por Lenín este domingo, nunca lo oculté, y es que es el único candidato que me motiva a no querer votar nulo de nuevo (como hice durante doce años). Me han dicho de todo: asalariado, que estoy en la argolla, borrego, etc… pero no me voy a ofender, ni renegaré de mis ideales. Hace veintidós años que «trabajo» en medios de comunicación y es precisamente desde 2008 que me siento más apreciado ¿asalariado? ok, lo fui un tiempo ¿borrego? ¡seguro! ¿por qué no? El socialismo triunfó en Ecuador, supongo que eso debe doler, aquel que no quiera reconocerlo, no ha visto el panorama desde afuera, sino solo desde Facebook. El propio FMI reconoce al neoliberalismo como un error, sin embargo más del 30% votará por ellos. Dicen: «Como hay plata del petróleo se hizo obras»: pero los precios del petróleo han sido buenos en otras épocas también, si tomamos en cuenta que éramos menos habitantes, el costo de la vida era inferior y el valor del dinero también. Repiten: «La sociedad queda dividida» vayan y pregunten a sus abuelos como era la relación entre velasquistas y el resto. La obra es innegable, repito, aunque no lo haya dicho antes, innegable. El problema ecuatoriano no es Correa o Lenín, somos nosotros, que nada nos contenta, que siempre buscamos infamar al prójimo. Desde ya les digo: nosotros no vamos a elegir presidente, lo harán los beneficiados por la gestión del correato, seguramente gente que no conocemos, unos pocos tal vez sí, pero la mayoría del Ecuador profundo, de la frontera con Perú, del Manabí convulsionado geográfica y políticamente, aquellos con capacidades especiales que hoy ya pueden estudiar y/o trabajar, becarios que no pueden creer dónde estudian, o qué sé yo. A esos indecisos un mensaje: lloraremos por haber elegido mal cuando veamos privatizada la vida, retrocedido lo avanzado y los pobres otra vez, los más afectados. ¿Alguna vez se pusieron a pensar en que más de la mitad de los ecuatorianos eran pobres? ¿El domingo van a votar por ustedes mismos? ¿O por quién?