quedaron pendientes tantas cosas que le fue imposible volver a empezar, qué mal supiste calcular la muerte, qué mal ejemplo diste, sus altercados de bolsillo, el whisky, los libros, el chocolate, la música, el agua de ese lago que volvieron sus piernas de piedra, esas llamadas sin distancia, sin valor, esos suspiros con güitig, esas deudas, niños ricos no videntes, conductores inteligentes, semáforos imprudentes, calles sin nombre de pueblos sin próceres, dancing on ice, vertientes de cerveza rubia en noches afrodescendientes a la orilla de volcanes naranja, la vida es ese sinsentido que gritas sin baterías frente al espejo con el botón de mute aplastado, la ciudad que te deja aplastado, aplastados de postre, constelaciones de mediocres, estrellas de medio pelo, son segundos que pasan cada vez que uno mira por la vitrina, la calle está botada, igual que la ciudad, igual que todo lo que dejamos sin terminar, el baúl de las cosas sin terminar ya no tiene cupo, abarrotados de abarrotes, comer con un dólar, llorar por estupideces, la gentil y amable actitud de un desconocido que sabe que no te volverá a ver, al menos no que él sepa, canciones de Lana Del Rey, aleatorias chispas que se desvanecen, el silencio, dos disparos, un solo toque, tapping, comida para todos o para nadie, soliloquios que nadie me aguanta, solo ustedes, el aguante, gracias por seguirme leyendo, franciscanas ganas de perder los estribos, que el 2013 les ahorque de la felicidad y que su vida sea la misma que ven en los comerciales de perfumes, hasta el #64…
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inCONSECUENCIAs
Estoy aprendiendo a callarme la depresión, a sentirme importante para mí, que hacer felices a los demás no me libera de nada, que ser libre no me exime de no portar alas, que tener un arma no justifica usarla, que seguir vivo no significa merecerlo, que sobrevivir no es una cuestión de dinero, que la dignidad no está en algún lugar entre la cédula de identidad y la tarjeta de crédito. En una charla un tipo que no había inventado nada, hablaba sobre nuestra asquerosa ciudad y que todos y todas las que la habitamos, no tenemos inventiva para crear conceptos o tecnología [o ninguna de las dos]. Sentí ganas de suicidarme por un instante, todos debíamos sentirnos así, esa era la intención del discurso, asumo. ¿qué más se puede esperar de un pueblo híbrido, mezcla de tantas razas y culturas que no sabe lo qué quiere, ingobernable, que en la sierra nos entra muy poco oxígeno al cerebro y en la costa demasiado, machistas, sexistas, subordinados por nuestras propias limitaciones y que preferimos refugiarnos en el alcohol antes que mirar a los ojos [a la vida], improductivos si nadie nos controla, infieles, ratas, avivados? 1001 maneras inaceptables de comportarnos cuando sabemos que decir algo es un error, que criticar es otorgar perdón, que gritar es un regalo, que llorar está bien visto por los que saben llorar, que sufrir es un derecho al que se debe renunciar, que sobresalir está mal, que perder el miedo a arriesgarnos es un homicidio en potencia, que volar es un acto de fe, que rendirse y quedarse dormido no son lo mismo, que jugar no es tomárselo a la ligera, que irrumpir con un mensaje rebuscado está bien, pero no aquí…
¿De qué color eran las flores de esas fotografías de décadas que pasaron sin dejar huella?
Contraindicaciones para ser feliz
nunca asumas que todo está completamente iluminado. no respires con tos. no reprimas externalidades, ni sobrestimes tu voz interior. no finjas vivir. no fuerces tus fuerzas. no subestimes los frutos de esta soledad posmoderna. no contengas. no eches a perder la verdad. no confundir religión con nada. fobia a esta tanatofobia. empezar a morir cada día rumbo al trabajo. amanecer decidido a buscar/encontrar las respuestas sin necesidad de la ayahuasca. soslayar este día hasta convertirnos en eternidades de frasco pequeño. subvencionar a todos una copa más, en nombre del alcoholismo. dejar de beber sin parar. fumar. vivir la vida como si todavía quedaran muchos años más. vivir la vida como si fuera ajena, como si de pronto todo se fuera a convertir en material para la papelera de reciclaje. no votar. no repetir. alguien más –desconocido- está disfrutando de tus parientes en el exterior. palabras que nunca serán usadas. no puedo dejar de nombrar a los recuerdos en mis escritos, tengo pánico al alzheimer. quiero aprender a sobrellevar esta muerte lenta que no termina de suceder, llamada vida, salir a encontrarte entre gotas de lluvia perdidas, teledirigidas. me mentí y me creí. estoy a punto de tomar decisiones importantes a la ligera. soy algo que no sé qué es. me divierto en discusiones de otros. cuando me enfermo, mi estómago se convierte en un terremoto de chorrocientos grados en la escala bajón de azúcar. cientos de miles de cementerios en nombre de dios. cielos que no parecen de acá. momentos que se jactan inmerecidamente de ser especiales. fines de algo. películas que te transportan en el tiempo, que te disparan fotografías de gente que dejó de vivir sin estar muerta. alguien que vino de abajo y dejó de ser humilde, nunca lo fue. me caigo. me acuesto, apago la mente, cierro los ojos, intento dormir y es justo en ese instante, que vienen a mí, las mejores ideas del mundo.
Cv
ya conocí la muerte y el mar. quedé segundo en un concurso de oratoria. sentí lo que es amar y que te amen. ya me peleé con mi mamá y heredé lo mejor que pude de mis padres. ya fui apolítico y defendí mis creencias. ya crecí y dejé de hacerlo pronunciadamente. ya me quité del camino y fui un estorbo. ya defendí cosas que no entendía. ya me quedé sin bailar y me aburrí como un clavo. ya dije que iba a seguir muchos juicios. ya encontré la manera de ganarme la vida. ya me pagaron por hacer lo que me gusta. ya hice un disco compacto y escribí un libro. ya sembraron un árbol en mi nombre. ya me casé. ya me hice famoso, ya pasé desapercibido. ya estuve en la cárcel y ya fui libre para hacer lo que me viniera en gana. ya trabajé para el estado y ya me puse mi propia empresa. ya me conformé con poco y ya luché hasta las últimas consecuencias. ya almorcé galletas con atún y ya me fui a comer donde se me antojó. ya me sentí perseguido y ya me encerré a llorar solo. ya tuve amigos y ya se fueron. ya sentí orgullo y envidia de logros ajenos. ya canté ante ocho mil personas y ya me canté a mí mismo. ya me olvidé de qué estaba hablando y ya hablé demasiado. ya narré goles de mi país en un mundial y ya me nombraron persona non grata. ya me excedí y ya me cuidé. ya me sentí parte de mi familia y ya no. ya tuve vicios y ya los dejé. ya me llamaron a dar malas noticias y todavía no aprendí a darlas. ya estuve enfermo y ya me curé. ya estuve aquí y ya volví. ya viajé a dónde quería y ya me quedé en casa en el feriado. ya me interrumpieron mientras disfrutaba y ya me encargué de arruinarle la vida a alguno. ya tuve ídolos y ya fui el ídolo de alguien. ya me sentí desgraciado y deprimido. ya me contaron lo que dicen de mí y ya me dejó de interesar. ya invertí en un negocio y ya me estafaron. ya me levanté sin haber dormido bien y ya me dormí sin tener sueño. ya me cambié de religión y ya lo volví a hacer. Ya estuve en el hospital y ya me fui.
Sopa para tod@s
Texto y foto Nora Miño Ortega
En el comedor escolar no hay diferencias, no hay favoritos. Es lo que he aprendido en estos años de servicio. Antes mi sueldo era manejado por una tercerizadora que ganaba millones a costa de mi aporte involuntario. Hoy en día espero cada mes y cada año mis haberes completos, incluidas mis utilidades, de parte de la empresa donde paso más horas que en mi propia casa. En uno de esos tantos días, recorría el comedor por donde pasaban docenas de estudiantes de primaria. Entre todos los niños divisé una cara familiar, me lo quedé mirando (con disimulo por supuesto) porque no me acordaba de donde lo conocía. Este muchachito de un metro y pico, (alto para su edad) no era ni tan blanco como los estudiantes europeos ni tan morenito como nuestros guambras. Era mezcladito, morochito. Pero me llamaron la atención sus ojos verdes y sus dientes grandes que aún parecían de leche. Tenía una camiseta azul, que claramente era un souvenir peruano “PERÚ PAÍS DE MARAVILLAS” decía.
Seguí mi recorrido y divisé a Manuel que estaba justo al frente. Manuel, un sordomudo que fue contratado gracias a ley de personal con “capacidades especiales”, ahora por fin no eran llamados “in-válidos”. Fue difícil su inclusión ¡pero no inalcanzable! Al verlo pensaba en todas las dificultades que pasó hasta acostumbrarse al “trabajo en equipo”. Y aunque hubo resistencia de algunas empresas, gracias en parte a las multas millonarias que tendrían que pagar, ahí estaba, lavando platos a toda madre. Regresé a ver y sirviendo agua, estaba Zoraida que durante años fue empleada doméstica “puertas adentro”. Día y noche trabajando, día y noche desafiliada. Ahora no solo contaba con una afiliación ella, sus hijos también. Ahora recibe sus décimos puntuales. Gracias al bendito (para algunos maldito) mandato 8. Sirviendo el arroz y ensalada estaba Johnny Edisson, con un acento extraño preguntaba a los alumnos si querían más. Su acento no era más que producto de la migración a España hace 10 años. Me contó que este año decidió volver porque escuchó que habían más oportunidades en este último tiempo y que igual estaban jodidos en España. De hecho hace 2 días fue internado de manera gratuita en el Hospital Eugenio Espejo por un cólico renal que lo tiró al piso. Lo que en Madrid, dice, hubiera costado una fortuna. Carlos tenía la disposición de usar todo su cabello de rockero dentro de una cofia de tela. La nueva ley de bares y comedores así le obliga. Así como se exige que los niños vuelvan a la quinua, chochos, amaranto y compensen en algo las hamburguesas gringas del fin de semana. Misión casi imposible, pero no imposible.
Seguía revisando las mesas cuando el Chef que también había regresado del extranjero para ver que ofrecía esta tierra, pasó por al lado y le dijo al niño que me parecía conocido: -“Primero come la sopa, o le aviso a tu papi”… el niño sonrío y tomó un gran bocado. Me quedé pensando y como quien recuerda donde dejó las llaves de la casa dije: -¡Claro! Como mi memoria es fotográfica, no me acordé exactamente cuando. Pero hace unos 6 años era muy pequeño, y por televisión nacional jaló la corbata de su padre. Lo quedé mirando por última vez y me pregunté: ¿Sabrá este niño que su padre está cambiando el destino de toda la gente que sirve la sopa? ¡Miguelito! (pensé): Come tu sopa tranquilo, sin importar lo que digan algunos, porque hay gente que toda la vida agradecerá lo que hizo tu papi, solo mira a tu alrededor.
Inmadurando
Nunca maduré, lo sé. Nunca se desarrolló en mí la resistencia a los aviones, cuando me subo a uno, me duelen huesos del cerebro con nombres que no puedo pronunciar. Despresurización en proceso. Me quedo sin audio, escucho sonidos de mi niñez. Tonkas y Chavos del Ocho llorando. Creo que jamás maduré y más bien con los años, inmaduro a altas velocidades: a unos 59,9 kilómetros por célula. Me incomoda la culpa que me genera octubre. Me recuerdo sentado tecleando una vieja máquina de escribir, con el timbre de bicicleta al final de cada renglón. Marca Brother creo. Inventaba noticias, cuenta mi mamá. Me gustaban mucho los deportes: el squash y/o el balonmano. Sobretodo fútbol. Cada día me gusta más, especialmente cuando los seudo intelectuales [esos que andan sueltos por ahí] dicen que el gusto por el fútbol y el intelecto son antagónicos. Siempre fui dulcero, antes (cuando estaba bien ser inmaduro) y ahora (que no está bien porque ya soy longo viejo), soy un dulcero hipoglicémico orgulloso e inmaduro. Helado de manjar con nutella. Jugaba con matchboxs en la tierra, hacía carreteras, chocaba, moría. A la hora de terminar de jugar, moría otra vez. No me dejen madurar se escucha en algún lugar del vientre. Quiero salir corriendo sin medir el peligro, tropezarme con todo y terminar en el hospital. Quiero una lonchera de los Thundercats, una cartuchera de Bugs Bunny y una camiseta de Stewie Griffin. Estoy dispuesto a cualquier cosa con tal de vivir siempre con esta edad mental de siete años que me provoca gritar. Gritar palabras sin sentido hasta sacar de quicio a todos. ¡Y qué decir del signo de la paz! Me encantaba, ahora no sé bien qué significa. Parte de madurar es entender que NO todo tiempo pasado fue mejor, más bien todo lo contrario, los que piensan así: viven en el pasado [y es un pasado muy oscuro], pobrecitos. Confieso que cada vez me cuesta más pensar que todo es un juego. Por eso me autocensuro. Por eso y nada más.
Saltimbanqui (o el longo hijo de puta)
lleno de vacío. vacío de todo. quién se reconoce en este incendio. dardos orgánicos. maldito vegetarianismo canibal. long oh hijo de puta. fiestas hidropónicas de disfraces de nosotros mismos. cavidades que resisten lo inclemente de nuestro desamor propio. al filo de una cama insólita me encontré con el mundo y decidí no saludarle. un ateo reza por los creyentes que se jactan de ser dueños de dios. cualquiera que sea este dios. lon gohi jodeputa. vuelves a pasar de aquí para allá de largo sin reconocerme. nada. de cuando te vuelves esencial sin que exista nadie que lo sea. de cuando te llenas de ideas que al parecer no le parecen. política de estómagos vacíos sin conservas ni guardados. salir a gritar espontaneidades para fingir cordura. desatender comunicaciones que imploran por stress dominguero. longoi juep uta. desayunar mordiscos que sobraron de la borrachera que vamos a olvidar. humillarle tanto que le inspire amarte. como un sinrazón sentir amor hasta para matar/morir. un bloc de misterios como legado para explotar este letargo. te heredo una forma de ver el mundo. te convoco para siempre. longo hijod eputa. teleracismo. radiofobia. homodiario.

¿Te acuerdas?
Para Nora
Bajo una luna pública nos dimos besos subsidiados, mientras nos abrazábamos a plazos con pólizas de poesía. Cada intercambio de palabras como un acta de nacimiento. Que el clima no vuelva a cambiar por el resto de nuestra vida, para vivir por siempre inquilinos de un sol forzoso, de una luna perpetua, de un arcoíris fulminante que no sabe de blancos o negros. Para morirnos puntualmente y soñar en otra vida que sea exactamente igual a esta. Porque lo nuestro no está basado en una mentira. Lo nuestro es alegría aleatoria. Silencios que saben cuando aparecer y ausencias que suenan a expedientes traspapelados. Te llevaré a un mirador para que juntos veamos qué hacemos con esto que nos pasó. Para que cantemos canciones inventadas con palabras sin sentido, con notas musicales solemnes, te llevé a ver a Gondwana y a The Wailers… no sólo para oler la marihuana. Sólo para abrazarte mientras el mundo se acaba de decidir, mientras el país implosiona, mientras la religión nos juzga, mientras la política nos ejecuta, mientras la comida nos desatomiza, mientras las fotografías nos miran, mientras los demás nos compadecen, mientras el olvido nos reza, mientras la mentira sentencia, mientras quede un sinónimo pertinente, mientras nuestras tristezas no lo parezcan, mientras te acuerdes.
Sin tiempo para contar dinero

si yo no soy nadie para decírtelo, nadie te lo va a decir, vas a morir como se muere un sábado por la inhumana puerta grande de esta antisociedad, reconoceré mis errores cuando se considere un despiste producto de la edad, aprenderé cuando sirva de poco, gastaré el tiempo de los otros, atesoraré esta antitodología que me vuelve de los únicos el menos especial, un nuevo orden mundial donde llorar no traiga consigo contraindicaciones, donde cambiar la vida de los demás no implique crear un documento de excel, donde arrancar corazones tenga varias connotaciones, donde tener amigos no sea una cuestión extraccionista, donde las mayúsculas la ortografía la gramática las tildes no signifiquen, donde la idea reine, donde se expliciten los requisitos más importantes en un tamaño de letra desmesurado, donde la libertad no se tenga que medir, donde los silencios duren sólo lo necesario, donde los gigantes no sean gentiles, donde las princesas mueran de sobredosis, donde las linternas vuelen, donde el antídoto para estar sano sea desearlo, donde los bancos no nos roben, donde las escuelas cierren, donde se abra la tierra sólo para pedir perdón, donde se invada sólo aquello que así lo requiera, donde se profundice en lo superficial, donde se trivialice lo insondable, donde nos juntemos a escuchar sin hablar, donde nos dediquemos a lo que nos apasione aunque no pague, donde nos queramos, donde reine el daltonismo cuando de razas se trate, donde lo seguro no tenga seguro, donde fallar sea útil y matar no tenga modo.
Espejos insonoros
Me estoy volviendo viejo me dijo el espejo mientras jugábamos a rejuvenecer. La cocina desfallecía del hambre al tiempo que se nos descongelaba la piel. El clima se tornó hostil durante nuestra temporada de copiosa maduración. Los ventanales nos bombardeaban imágenes de colores prohibidos por motivos en decadencia. Las recámaras del silencio nos llamaron para atestiguar una matanza que hasta hoy supieron ocultarnos [sólo hasta hoy]. Extraños se juntaron a celebrar victorias ajenas solamente para figurar en los noticiarios mañaneros. Me estoy quedando sin osadía mencionó el revolver cuando sintió que su pólvora había mutado hasta convertirse en abrazos. Sácame de esta hibernación susurraba la esperanza mientras se comía las uñas que la angustia le había dejado como herencia. Insísteme que llore solamente una vez más suplicó el último sobreviviente de este intento de guerra. Que le guarde aunque sea como recuerdo me pide el olvido a la vez que se auto flagela para no sentir. La muerte anunció su llegada con un mini invierno fugaz que alborotó los calores de absolutamente nadie más.
Indispuesto a nada
No estoy en condiciones de alzarte la voz, me siento débil, debe ser el cambio de época, o tal vez sólo sea yo. Vivo al borde de la locura, cada día me despierto a punto de cometer un sinnúmero de insensateces, que jamás termino de ejecutar. Niños que caminan en procesiones pidiendo por la salud de todo el mundo, enfermo. Rezar sin pensar. Escribirte porque siempre me he comunicado mejor así, no por nada más. Nadie es quién pretende ser, ellos murieron ya, uno es quien es, no nadie más. Cada vez que siento el corazón discapacitado. No me conformo con menos que todo. Salpicados todos resultamos culpables. ¡Corromped a los que queráis! Cuando saquemos a limpio, estaremos embarrados ya sin remedio. Por hoy me retiro, dejo de estar. Siempre y cuando. Esta valentía no nos va a durar. Son achaques que heredé de mi propia infancia. Supuestamente. Es el eco de las voces que escucho por las noches y que normalmente no puedo ignorar por culpa del poder de lo inevitable. Gritémonos de frente. Escupámonos. Justifiquemos este odio que nos llena los bolsillos. Esa plata que nada puede comprar. El demonio que nos citó aquí. Estos cuerpos desanimados que esculpen su futuro en la retina de un televisor. Esos cientos de veces que peleábamos sólo para no enfrentar otras guerras. Ese día que te dejé de querer y que pasé a ser subhumano. Esa industria que nos llena el cerebro de angustia, ese imperio que no nos deja presumir nuestra humildad. Esta bacteria que hoy te dejo como herencia. Esa ciencia que se explica sola. Ese minuto que parece –sólo parece- se nos quedó en Manabí.
La centésima cerveza de la cantina
No tengo excusas para seguir viviendo este populismo, estas palabras tan repletas de sentido, pancartas siempre llenas de mensajes que no dan de comer. El entendimiento del vecino es incomprensible para cualquier otra persona. Pertenecemos a una ciudad que se hace llamar metropolitana pero habita faldas de montañas. Me grito a mí mismo para sobresalir en el baño y no pasar como un desconocido de esta soledad, estómago de hambrunas insípidas que respiran porque viven. Sólo cuando nos alejamos del lugar donde sabemos las direcciones, comprendemos que es bueno alejarse. Organizo meetings a los que nadie llega, porque nadie necesita despertarse de nada. Ciudad plagada de huérfanos encefálicos, de sicarios adolescentes que en motos chinas repueblan de cubanos la zona roja que explota de amor venéreo y amariguanado. Entre asilos que no rejuvenecen a nadie, con drogas de prescripción que nadie escogió consumir y consumir con este ritmo así, abrumador. Casas desmejoradas por la humedad que provoca estar vivo. Eludir facturas hasta perder las costumbres. Rendirle tributo al viento para nunca someternos al peso de no poder estar orgullosos de nosotros o de algo al menos. Especialmente resistir todo y ante todo. Procurar no vivir a medio gas ni ser fanático de lo banal. Encontrar salidas a la genética implacable aunque no nos quiera reconocer en la calle. Surgir aunque cueste y persistir ante cualquier incomodidad. Buscar los colores menos serios, desafiar retrógradas sin rebajarse a su blanco y negro. Ser obscuros cuando exista color suficiente y permitir que las lágrimas nos refresquen ocasionalmente para no olvidar qué somos. Los aeropuertos son lugares en los que el tiempo no precisamente vuela, cientos de caras conocidas que no tienen ni un carajo en común, prisas que no son ciertas, urgencias lentas que no te llevarán a ningún país. Pedir micrófono, respirar hondamente y mandarte un poquito [sólo un poquito] a la verga.
Nota: escrito sobrio








