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No Limits Town

IMG_2461¡Qué bueno que ya no estés más acá! en esta ciudad donde tienes la suerte de ya no estar más, qué suerte que hayas podido arrancar ese esmog de tu garganta, que hayas vencido a los buses, las carreras, cada concierto cancelado, policías robándote el cinturón, arrancándote el cuero cabelludo, tocándote tus partes en busca de drogas o alcohol o cigarrillos, que les haga sentir mejor. Accidentes que siendo ajenos te afectan, y te quedas estorbando a los demás, ves luces de colores de formas lineales que resultan ser descuentos que nadie aprovechará, puteadas íntimas sacha sexuales, aceras extremas como deportes, desconfianza por cada punto cardinal, qué tristeza que no hayas logrado huir, aunque hubiese sido a destiempo, antes que te marquen de por vida, te abandonen a la deriva con el parecer desacomodado, te hagan pensar que no piensas, que lo que dijiste está mal, y te convenzan. Las canas eventualmente se apoderarán de tus complejos, la calvicie te estará esperando en el baño para observarte desconfiada, la vejez te avasallará con preguntas irrespondibles, esta ciudad nos va a expectorar a todos, porque es fea, se repite a sí misma, no sabe representarse, es como de género libre, una mezcla entre algo que no se entiende y algo que se entiende, mucho menos aún. La arquitectura de los imposibles, de colores que destemplan dientes, matices dispares, y cómo no. Persiguiendo suecos que no son rusos, haitianos tan amables que parece que hablaran español, desproporcionadas iglesias como todas (las iglesias), recovecos inhabitados donde se pierda el taxista, calles que están esperando nerviosas que les pongas un pie encima, barrios atravesados que ya pertenecen al adyacente. “¿¡Usted no es de aquí¡?” Tal vez no. A lo mejor sea de otra, una estrecha, verduga de tantas otras, de una que le sobre el espacio y comparta los ríos, cuyas esquinas sangren espontáneas, a lo mejor y seamos de una ciudad que fluctúa, pulula, no camina. No sé de qué ciudad me estás hablando, debe ser alguna que se parece a ti, que en sus calles trae consigo mis recuerdos de ti, cuyo centro huela a ti, a maní tostándose y apeste a rosas. A esta ciudad hermosa, siempre le pasa algo, algo grande, algo se le va a caer, y sonará fuerte, pero pasará de moda, el martes a primera hora, a más tardar. 

No quiero dormir nunca más

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No puedo alumbrarte todos los días y encima tolerarte, recordarte consecutivamente mientras te pierdo de vista, desobligándote de mí. Siempre soñé con encontrarte en el vaivén demencial, mientras bailábamos, irrealmente. Turbulencia tras turbulencia, digeríamos una nueva epifanía, otro capítulo de historia que olvidaríamos, con apasionamiento. Dejé que te arrancaran de mí en la puerta de un quirófano, enseguida supe que no me había sentido tan miserable en años, jamás fui un inútil tan poco servicial, en cero segundos me convertí en alguien incapaz de complacerte, en absolutamente nada. Y es que éramos prácticamente inexistentes, inexistentes de algo que alguna vez nos habíamos mentido, y es que nunca voy a querer dejar de ser ese empolvado soldado reservista, que viste en mí, en el fondo de aquel cajón, pintarrajeado de rosa, ese que murió sin saber que no fue más que una simple fotografía. Esa melancólica polvareda que sale del fondo de una montaña de ropa mal lavada, que no permitiremos que nadie vuelva a lucir jamás, porque lo dejaremos todo intacto, para hacernos daño con tu partida, te reemplazaremos con pastillas, pastillas que nos atiborraremos con whisky barato, dejaremos podrir en la intemperie, esa comida que preparamos, solo porque nos recuerda a ti, esa comida que después ocupará el abismo iluminado de la refrigeradora, esa comida que ahora, no volverá a tener comensales a quien retroalimentar. ¿Qué te pegaste para estar como estás? me preguntó nuestra sociedad fallida, no escupas porque se van con tu saliva, las ideas de tu cabeza, esa es una droga que no podrán prohibirnos jamás, ese olor polizón, que no recuerdas la segunda, y solo tal vez la tercera vez. Ignorábamos que nos estábamos volviendo locos, hasta que apagamos la música y abrazamos el silencio de dejar atrás esa locura, para llenarla con nuestra propia y digna ignorancia, esa que nos completa, que no cambiamos por nada, ni por ese jazz de los ojos desenfocados. Engañar la mente. Olvidar lo que estábamos esperando de esta vida, esta vida, que de esperar mismo se trata.

Nos-otros

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photo: Sylvia Gómez

No sé en qué cuna despertamos. Por un largo tiempo no vamos a entender nada de lo que está pasando. Nuestros papás nunca quisieron conocernos, siempre nos dieron por sentado, pensaron que podrían llegar a vivir con y sin nosotros, a la vez. Por eso nos casamos juntos. Porque estorbábamos a terceros. Porque nuestra ropa usada olía a ese mismito instante. Nunca sabré cómo proceder cuando me faltes, siempre preguntarás por mí aunque nunca me vaya a ir. El día que nos muramos. Encuentro prudente irnos juntos, a donde haya que ir, cuando sepamos morir. Me voy a acordar de ti cada día que vuelva a nacer, aunque no intercedas por mí ante dios ni los hombres, la gente sabe que lo nuestro no está publicado en el face. Estamos en cada viaje, avión, cuando me desenterraste los oídos, nos enseñamos a ser humanos, en cada calle de cada ciudad de cada atardecer y en cada playa, en cada canción de Drexler y en cada menú de restaurante que compartimos, en San Miguel de Allende y en Roma, aunque te quedaras con hambre, porque también fuiste mi mamá, yo tu editor en jefe, mi guía espiritual, turística y la madre de nuestros hijos, que son de la ciencia y tuyos, que son de la tierra en la que nacieron y hermosos, de esta ciudad plagada de implantes que no cuajaron, de conciertos gratuitos en las plazas, de un millón de oficios, de comida, sobre todo de eso. De películas en la alfombra gastada de nuestras largas despedidas para dejar de adolecer, de llantos que pasan frente a nosotros, pedazos de flashes de vidas, que no son nuestras. Somos desenfocadas fotos de dieciséis, quince y doce años de entendernos, a veces retroceder y luego dejarnos de soportar, por un minuto o cinco días, no más. Somos esa especie de ausencia que nos hace falta sentir de vez en cuando, el apoyo cervical que nos impulsa de la cama desde julio de dos mil cuatro, la caída de Gutiérrez por teléfono, Bob Dylan y Nito Mestre, el día que volvimos a nacer en forma de diminutos duendes iracundos, nuestras madres y sus temas, nuestros padres y su sudor, nuestros muertos y nuestra pedagogía, hospitales y funerales, ceviches y postres pendientes, nuestras tonterías olor a gas, el implacable paso del tiempo que hace que doce años parezcan un suspirito, cada mala noche que dios sabe valieron la pena, somos Rosario y Venecia, cada decisión que tomamos pensando equivocadamente que acertaríamos, somos todos nuestros matrimonios, bautizos y fiestas de cumpleaños, Guardarraya y Pacheco, somos lo que escribimos y lo que sembramos juntos cada día, lo que renovamos, exactamente eso y nada más, el Kike y la Nori, la Florencia y el Luca, los amigos que se van y los que se quedan. Somos el día que nos perdimos, somos el llanto cuando nos reencontramos, el silencio cuando nos incomodamos, y la comodidad de nuestros abrazos, el profundo amor que tenemos el uno por el otro, somos dos, y cincuenta semanas al año somos cuatro. Escapistas, ventrílocuos, jazzistas, hiperpadres, payasos y cocineros, somos el calor de nuestros cuerpos enredados en el pellejo posterior de una cobija que escogimos juntos y que es testigo de que dormir contigo y conmigo, es amar. Nothing more. Nothing less. 

 

Violenta

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María siempre fue una mujer de nombre sencillo, procuraba que sus ideales siempre se ajustaran a la época. Su apariencia no hablaba por ella, ella hablaba por ella. Pertenecía en ausencia, a un sinfín de clubes, con los que no comulgaba, y eso sí, se creía merecedora con todas las letras, de su susodicho destino. Creía en la repetición inacabable de los días, donde mañana es después de dormir, igual que hoy, pero más viejos. Portaba con honor su lado femenino, ahí colgándole, oscilando por el exterior de todos los triángulos de su cuello, como si ser mujer casi no pesara, como si serlo incluyera: vestuario de frutos rojos, maquillaje por supuesto, y hombres acosándola, resbalosamente. No toleraba que la pongan al nivel de cualquier floristería, princesas de diseño o que la utilizaran en metáforas de medio pelo. Su amor propio trastrabillaba, cuando alguien con testículos, sacaba su cara, por ella. Contaba con el derecho a votar, aunque jamás le interesó ejercerlo. Disfrutaba siendo dueña, señora y puta, de su propio cuerpo, que era suyo, ceremoniosamente. No le interesaba que bauticen crímenes con su nombre, prefería de los homicidas la extinción. En las calles se la pasaba escapando de miradas, que no quería que la persiguieran, huyendo de los lentes, escondía su cuerpo de tiernas violaciones, que la rebuscaban. No aparecía en videos que la violentasen, porque se borraba. Se sentía incómoda cuando la humedad de su sexo, enloquecía a las bestias. Su enemigo era la debilidad mental de su enemigo, ¿y qué, si lucía escotes que penetraban su humanidad? ella no quería necesariamente que alguien la tocara, o tan siquiera la mirara. La falta de pudor la buscaba en construcciones, baños, discotecas y muchedumbres del transporte público, encontraba desencuentros y polución, no encontraba nada. Y el pulso de su deseo se desvanecía con los años, cuando sentía que ya no sabía qué más hacer, hacía, como que se arrancaba la piel, se mataba, más muerta de lo que ya estaba. No quería que la lloraran, el día en que muriera víctima de una manada, su sangre no habría corrido en vano, su nombre pasaría de omisión a alerta, luego consigna, y finalmente, revolución.

Entre meses

WhatsApp Image 2018-10-28 at 20.43.22 Un día que más parece un mes, una semana que transcurre en un segundo, años que quieren ser fronteras, frontales, despedidas que no encuentran motivos, vidas que confundimos con banderas, abandonos, abortos que pronto serán fortalezas, ideas y no personas, insultos que armónicamente retumban, obstáculos disfrazados de arbustos catárticos, sinsentidos que luego nos enteraremos tenían que ver más con la temperatura corporal que con otra cosa, con la mirada de alguna bisabuela llenar el vacío que siento cada vez que resulta que estoy vivo, no distingo adefesios cuando de aplausos llegan precedidos. Seres normales que se esmeren al llorar, y en medio de profusas tempestades, sentir ganas de llevarte muy lejos, con tu cintura que no es mía, siempre por delante. Regresar flemáticamente a esa vida a la que no le sobraban escenas ni nada, en la que nuestra bondad no radicaba en la pobreza circundante, no teníamos miedo, simplemente decíamos: «déjale llorar».  La ciudad son un montón de luces que se pusieron de acuerdo, es mi lado femenino amándote right now, me duermo a las veintitrés, lo suficientemente cerca de hoy y mañana, para así no olvidar nada en la transición, que la luz azul queme sin remordimiento mis retinas, para que mis hijos me saluden por mi cumpleaños y me olviden right away. Sentí que pasaron dos días entre julio y noviembre pasados. Entremeses. Para que me recuerden por algo en este convencionalista anti-establishment, infestado de tinta que reza cancelado en nuestros entrecejos, con Wernicke grogui por siempre, con Dios mirando perplejo, con los principios patas arriba, con los recuerdos haciendo fila para martirizarte de nuevo, con ortografía y sin ella, con hijueputas ocupando puestos que no deberían ocupar, los muy hijos de puta, con religiosas tardes que emborrachamos a escondidas, con mis mojigatas ganas de ser auténtico, con tus reparos a mí. Y es que no puedo ser ajeno al concepto distancia, soy capaz de acercarme a la altura de tus ojos, explicarte todo lo que medianamente pueda, inclusive puedo respirarte, no quiero resucitarte, serte de alguna utilidad, cualquiera.

Highly Inappropriate

#144

Me dijo que era obsesivo y me obsesioné con ello…

Catorce años y medio después regresé a ese mismo lugar

de esos lugares que no cambian cuando uno no está

que te violentan y atormentan para que dejes de ser el mismo miserable

que se congelan quietos en un súbito déjà vu

en los que cada acaecimiento es un circo que dura lo que cualquier viaje en ascensor

en el más irrespirable y público baño vertical

Me encanta conversar conmigo de esas decisiones que dejaré pendientes para siempre

a veces solo quisiera que me sigas la corriente en la conversación

saldré de mi zona de confort tres minutos solo a verte

desde el vagón me verás pasar a la velocidad de un árbol

y sin saber cómo te sorprenderé con abundantes recuerdos

apesadumbrados contenedores repletos de ilícita nostalgia

licuar con la boca para después herméticamente abandonar

seres que antes fueron vivos

celebrar con tu exclusividad un evento

que lo ven cientos de millones de personas contigo

no existe nadie más

como cuando te corriges y hablas para ti con el espejo

repitiéndotelo las veces que sea necesario

te quedas porque no te puedes ir de ti

la fiesta de los sonidos más highly inappropriate que puedas imaginar

mesa llena de sobras que a otros les falta

esperando pacientemente el fin de las escenas de transición

donde no ocurre absolutamente nada excepto el clímax

insistir e insistir con una palabra que casi no calza en frase alguna

¿sabías que ya no te quedan trenes por perder?

asegúrate antes de dormir que mañana hay un mañana esperándote

confortarte con saber que no recuerdas ciertas cosas que nunca quisiste saber

el mundo de mierda que le dejamos a la siguiente generación

versus el mundo de mierda que nos dejó la generación anterior

todo el vómito que tanto nos costó ocultar

la verborragia de madurar en vivo y quedar desarraigados

y con pudorosa inercia besarnos la ropa animalizados

Un caos apacigua otro

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Tal vez no viva mucho tiempo, no soy quién para saber cuánto, pero es que a veces vivo como si no existiera colesterol, en el desayuno me empacho de incertidumbres, como si haber soportado cuatrocientos ochenta chuchaquis, me garantiza que no moriré cruzando la calle. Porque si nos hemos de matar, seamos sutiles, matarnos como si de muertos, también nos fuésemos a encontrar, como si haber estado vivos no hubiese sido más que un malquerido desafecto. Mejor micro morirnos. Como cuando inhalas profundamente para subsanar tus micro respiros, como cuando cuidas tu salud espontáneamente como medida de compensación a tus micro suicidios, como cuando ríes a escondidas para dejar de amargarte la vida, y dejar de ser el reflejo amargo de tantos otros tantos. Y es que así vivas de milagro o porque te obligaron, vivir está sobrevalorado, así aportes devastando tu vida, porque vivir quema, proactivos y parásitos, los que creen que triunfaron, los que no saben que triunfaron, los que piensan que el triunfo es mensurable, los que triunfaron de tanto fracaso, los que sin querer se casaron, los que tuvieron hijos sin querer, los que traicionaron principios hasta quedarse profundamente huérfanos, indescriptiblemente pobres, alucinantemente solos, sin querer, y es que sin querer un caos apacigua otro, ese vacío que abandona pero solo hasta mañana, la alarma de un auto que se interrumpe solamente para volver a empezar, esa canción que taladra y que cambiamos la letra para no asesinar al autor, fiestas para dejar de cavilar, esa pastilla interruptora esperándonos en la mesa de noche, esa manera tan tuya de micro morir, un segundo más y no estaríamos aquí, un instante que reemplaza al anterior, y un caos, apacigua otro.

ulTRAvesti

A Pía y a algunas personas les parece mal, a otras no, y es que así de un momento a otro pasa el bus de nuestro pasado, para el bus, cuando el bus ya estaba encima de ellos, en lugar de dieta me he propuesto dejar de estar en la mayor cantidad posible de cosas que no me importan, decidí creer que a lo mejor así es mejor, a lo mejor cuando buscábamos otro lugar a donde mirar, los ovnis en tus fotos, el espacio de tus bolsillos para el jamás, los insultos que olvidaste tachar, las lágrimas de crudo que faltarán en tus tribulaciones, tal vez debería conformarme con practicar lo que exijo de los demás, tu cabeza está llena con una sola gran idea, cuando tengas los huevos, seguramente tus cómplices, se descompondrá el firmamento y emergerás solo, tal y cual llegaste, te recontra parirán, porque cuando una injusticia se concreta las palabras se desordenan, y aunque aparentemente estemos cerca de parecer felices suena el despertador, el agobio irrumpe como una luz de colores que nos desubica, nos vemos obligados a desaprender aquello que habíamos dado por sentado, para pasar el rato nos pedimos de favor imposibles, y cuando ya estamos disque listos tuvimos que volver a empezar, pero esta vez desde más abajo que cero, nos pasaron por encima, y tú no quieres vivir en un país gobernado por todos ellos, igual que yo, intoxicados por una monogamia ajena, en su momento parecía que no serían más que simplemente eso, quisimos madurar demasiado, nos limpiamos del mundo y siempre estaremos armando un rompecabezas del cual algunas piezas kamikazes temen morir solas, venenosos badulaques de poca monta que debajo de partes de ti se lanzan, ni siquiera sospechas lo que puede estar pasando, haces mucho y hoy no son nada más que eso, momentos que pasaron, indefensión, esto no es más que un anti tropiezo, un alga que se esfumó hasta mientras, dime que no has salido de la ciudad, que estás en ella, que tus paredes no se estrellan, que entendiste lo que te interesaba y que ya no buscas mentiras en la prensa, que ya sanaste, que no quieres vengarte de él, que ya no quieres vengarte de ti, que ya no quieres seguir golpeando tu cabeza contra tu voluntad, que ya no quieres dejar de crecer, que la más trascendental de tus epifanías se asustó y se fue.

Like an avocado

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Conmigo fracasé, mi único y mayor emprendimiento, mi último pariente conocido, mi no eslabón, incontables ocasiones quebré, y me liquidé. Tardes enteras no aproveché para redimirme ante mí, como si yo no me importara, nunca fui mi prioridad, me condené a decorar el piso con la barbilla, fracasar estrepitosamente y pedir perdón llorando, en minutos que duran cien segundos, como si la felicidad pereciera like an avocado, nos miramos de frente, esperamos que pase el momento, y nos vamos con él.

Por insolencia desvaídos, partidos en desiguales partes, pero que cada parte sea parte y se aparte. En plena desarticulación: sentir, digerir tempestades contraindicadas de año nuevo, que nada tiene de nuevo, ¿qué carajo tienes de dos mil dieciocho? Vapor vulgar de reencauchada nostalgia, como si los recuerdos nos acosaran queriendo regresar, la consuetudinariamente cacareada promiscuidad que nunca pusieron en práctica, el olvido nos indispone, como si la esperanza tuviera todas las intenciones de finalmente: desampararnos.

Todos quisiéramos en cierto punto de nuestras vidas resucitar de algún suicidio, desempolvar frases de esas en las que venimos y nos convertimos al polvo y tal, secuestro de penas ajenas, hálitos extralimitados, impotentemente aniquilados, nos queremos a pesar de que nos obstinamos en seguir siendo incapaces (?) Ya ninguna canción de Silvio nos libera, es música seca. Escucharte siendo yo el hielo de tus palabras, fanático convaleciente de tus funestos silencios. Tener que automedicarnos con extravagantes plantas prescritas por las abuelas menos convencionales posibles, sin jamás haber disfrutado de la vida; jamás.

Indistinct chatter

2017-11-01 10.01.48No estoy en condiciones de tolerar seguir acumulando estos retazos de sufrimiento, hacer fila en lugar de otros, la cochambre de esta cultura, los lienzos solapados de este vacío particularmente blanco, a la mayoría de la gente prácticamente  todo el tiempo, los toros que no toleran estas corridas ni entre ellos mismos, reservorios de mi muerte, cuando en el acto no me doy cuenta que he mentido sino después, túneles que al parecer no conducirían a luz alguna, la abominable dependencia a tener que decir que me gusta, aquellos analfabetismos digitales que a mí mismo vuelven cada día, todo lo que no entiendo pero especialmente aquello que entiendo demasiado, cosas que suceden tan repetitivamente, la puta vergüenza ajena tan difícil de explicar, abochornarnos al tratar de conocernos mejor, súbitamente dejar de ser el tonto de algunos, decirte frases automatizadas que no te quiero decir, sin conocerte besar tu cabeza y no dominar la clasificación de los besos en las distintas partes del cuerpo, la política en la que todos quedamos como idiotas, procrastinar las más pequeñas batallas, repeticiones instantáneas del agua en los bordes de las calles después de las tormentas, el olvido maquinal de los juicios que nunca emprendí, lo que nunca te dije de frente y que tenía forma de perrería, cuando alguien intenta no entenderme y aunque lo consiga aparenta como si no, templos religiosos de la asfixia, sentirse mainstream porque así se amaneció, envidia disfrazada, la resiliencia de la burocracia, relatos de fanáticos que no tuvieron necesariamente motivación, música que no persigue objetivo artístico en absoluto, error ninguno, la belleza de los emprendimientos que se te olvidan en un abrir y cerrar de la puerta del ascensor, que todo siga alt-right, ética de excusado, que televisen diariamente los funerales de la estética, morir en el nombre de las probabilidades, salvarse uno la vida a manera de gesto, participar por un honroso lugar entre los últimos, canjear insuficientes respuestas por un chuchanal de plata, examinarte a través de una bruma ahogados en un agua sin vaso, que hayan incendiado ideas que hoy estoy tratando de parir, mirarme a través de los ojos de alguien más, no estoy en condiciones de tolerar. 

People keep dying

2017-10-21 10.01.30¿Cuál es el vestuario apropiado para una tormenta de epifanías? Tez naranja, incluso animales azules, rosas de hoy con morado, fluir con los tiempos, tratar al menos. No gracias, no quiero estacionarme, me gusta imaginarme como un cristiano sin religión, rezar imperecederamente a cualquier Jesús, ser dignos hijos de quien fuera que sea, escapularios de cierto día mejor, haber preferido hacer muy felices a pocos sin vestiduras rasgadas antes que infelices a muchos. La gente sigue muriendo. Nunca debió suceder lo peor que te pudo pasar. La reiterativa pataleta de millones de cándidos y su clamoreo contra no sé qué. Tu pasado intentando con urgencia decirnos… El viento que ya pasó. Evocar una ráfaga de eventos interconectados and people keep fucking dying. A pesar de que no podamos con frecuencia ponernos necios, cambiar ningún rumbo, ininterrumpidamente people keep dying. Creer, dejar de creer, consuetudinariamente. Anularte hasta dejarte sin opinión. Por medio de tu vómito absolverte. Veintisiete minutos de luto, hablará por nosotros el volumen de la música, no permitiremos que nadie pase hambre en tu funeral, contaremos chistes moderados y reiremos hacia adentro. Tres semanas y media más tarde perderemos el control al sentir un punzón en el ánimo y asimilar todos de golpe que a partir de hoy ya solo serás ausencia. Te recordaremos con solemnidad siempre que aparezcas repentinamente en medio de alguna conversa, haremos referencias tuyas como si estuvieras ahí, pero otros días preferiremos omitirte, guardarte para nunca, sofocarte hasta que apaguemos juntos tu luz, Toulouse. Bajo ningún pretexto permitiremos que tu vida haya sido en vano. Nos detendremos a prestar atención a cualquier aparición pasajera de tu nombre, atesorando cada molécula que nos recuerde a ti, te olvidaremos solo cuando vayamos a rendirte homenaje durante los tres minutos que dura la canción que evitará por siempre que te olvidemos. Te guardaremos para cenar, ahorraremos saliva sin ti, sabremos pensarte sin hostigarte, nos repartiremos tus posesiones en un hijueputa periquete.

Comiendo aire

#138

Ingente ciudad de inagotables posibilidades, fruslerías que cambian vidas. Aspiradoras humanas que se abalanzan, esperando que las cifras les sean vagamente favorables. Gente que no vive, gente que es viva, enardecidos por purulentos discursillos, reducidos por el yugo de nuestro propio desgobierno, con síndromes que no lleven nuestro nombre, discriminando lagunas mentales, convertidos en eso que nos va a doler ser. Apareciendo fortuitamente en fotografías, abrazados con personas que no sabíamos nos iban a traicionar, desplazados por migajas de generaciones extemporáneas, en calles homicidas con fotogénicas barricadas, cruces de vías colmados de destierros,  luces haciendo fila, risueños hígados se descomponen mientras ríen, comiendo mejor y peor, pagando deudas de otros, karmas ajenos que decoran nuestro expediente, alguien tendrá que quedarse con nuestro vómito. Microatavismos que nos acorralan, con el chuchaqui diferido a largo plazo, gurúes de la genealogía de centro comercial, que atareados intentan compensar la falta de ocupación, rellenando vacíos innecesariamente. Pasean por la plaza neuronas curuchupas en proscripción, crímenes que no se podrán cometer por más incertidumbre climática que reine, vacíos de relleno y llenos de vacío, intermitentes cerebrales, que el odio gobierne, la patología de decidirlo todo guiados por la más absoluta y desenfadada embriaguez, desasosiego que nos va a matar, mientras hacemos lo que más nos gusta, ser miserables, comiendo aires, succionando droga voluntariamente, con una solvencia tal, cual siervos de la desfachatez, del cinismo de cruzarnos de vereda dependiendo el pasillo que nos toquen, maestros de la orquesta de la sinvergüencería. Putos.